'Reality', Matteo Garrone y la mosca insistente de los sueños

  • El director de 'Gomorra' presenta un filme sobre la obsesión por la fama y las trampas de la televisión

Después de Gomorra, Matteo Garrone sintió la necesidad de cambiar de registro, de embarcarse en una aventura diferente al largometraje que le había ayudado a consagrarse en el panorama internacional. De ese impulso nació Reality, su aproximación a la comedia "aunque no pueda considerarse una comedia al uso", la película con la que el director obtuvo el Gran Premio del Festival de Cannes y con la que participa ahora en la Sección Oficial del SEFF. Reality es la historia de un pescadero de Nápoles que, tras hacer una prueba para Gran Hermano, empieza a obsesionarse con la celebridad que le propiciaría la entrada en el concurso y acaba delirando por culpa de esa ambición. Entre la sátira y la ternura, Garrone describe las miserias de "un hombre que para perseguir su sueño pierde su propia realidad".

El realizador no cree que Reality sea una denuncia de los peligros que conlleva el auge de los reality shows, "no es una película sobre el programa, sino sobre los espectadores. De hecho, con los productores de Gran Hermano llegamos a un acuerdo para utilizar su nombre: ellos no vieron que nuestro material les perjudicara". Reality analiza "el aspecto ilusorio de los sueños, que es como una mosca que se te pega a la piel", y para ello retrata a "un Pinocho moderno", al que presta su físico entre rotundo y cándido el presidiario Aniello Arena. "Tenía el talento y el aspecto de Totó y de Robert de Niro", define Garrone a su protagonista, al que ya quiso para Gomorra "pero entonces no lo permitieron los jueces. Aniello ha dado al personaje una mezcla de inocencia y pureza que era real, porque él llevaba 20 años en la cárcel y en algunos sitios en los que rodamos descubrió paisajes que veía por primera vez".

Aunque en Reality la cámara de Garrone se acerca también a parques acuáticos y centros comerciales, y el director quiere ofrecer también los cambios que la modernidad ha planteado en la fisonomía de Nápoles, la esencia de una tradición recorre el filme, son muchos los aspectos que remiten a películas emblemáticas del cine italiano. A Garrone se le menciona el paralelismo con Bellisima, por su observación de una comunidad humilde y las ilusiones de un casting (también en Cinecittà), pero el director señala otros parentescos: "la ingenuidad de la protagonista" de El jeque blanco, de Fellini, o "el retrato de un Nápoles decadente" de Matrimonio a la italiana, de Vittorio De Sica.

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