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Crítica 'La última vez que vi Macau'

El fantasma y Miss Candy

La última vez que vi Macau. Director Joao Pedro Rodrigues y Joao Rui Guerra da Mata. País: Portugal-Francia. Año: 2012. Duración: 85 mins. Con: Cindy Scrash, Joao Rui Guerra da Mata.

En el seminario que ayer se cerraba, algunos ponentes se preguntaban qué hubiera sido del cine español si en vez del modelo que triunfó tras la Transición, lo hubiera hecho el de un cine como el de García Pelayo. Se me ocurrió pensar que en ese caso la historia reciente del cine español podría haber sido la del cine portugués, a saber, la historia de un cine sin industria ni público, la de un cine libre, un cine de fantasmas.

Fran Benavente y Gloria Salvadò hablan del cine portugués como el de un país apasionado por las distancias y por una cultura que se busca a sí misma en el más allá, nada más certero para definir lo que mueve títulos como Tabú o La última vez que vi Macau, artefacto inclasificable, híbrido, barroco, inmanejable por tanto para según qué crítica, que regresa a la antigua y legendaria colonia portuguesa de Macao para buscar en sus rincones, en sus calles y noches de neón digital, en sus zonas devastadas, en los alrededores del puerto, en sus cuevas secretas, las huellas fantasmales y autobiográficas de Joao Rui Guerra da Mata, cómplice y protagonista en la sombra de este thriller apocalíptico que transfigura la superficie documental de las imágenes en un fascinante, táctil y fértil misterio de ficción.

Un juego de voces (la palabra como ritual de ida y vuelta) entrecruzadas y dialogantes, el archivo personal y una libérrima trama narrativa in absentia que rememora los ecos de Macao (1952) de Sternberg, son los elementos básicos para construir un zigzagueante y hermoso mecanismo sobre la memoria y sus espejismos con las texturas de una noche extraña, siguiendo la pista (falsa) de una travesti que acciona, siempre sobre el vacío, como un fantasma, una pesquisa con final inesperado.

Rodrigues y Guerra redimensionan Macao con las armas del cine para adentrarse en su mitología y su historia, una historia que es también personal y colectiva, portuguesa. A falta de Alvorada vermelha, que hubiera sido el complemento perfecto para un programa doble, el espectador también puede ver aquí otro excelente corto del mismo tándem, Manha de Santo Antonio.

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