Crítica 'A perdre la raison'

Una pareja bajo la influencia

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A perdre la raison. Director Joachim Lafosse. País: Bel-Fra-Sui-Lux. Año: 2012. Duración: 115 mins. Con: Emilie Dequenne, Neils Arestrup, Tahar Rahim.

Como los grandes autores, el belga Joachim Lafosse es cineasta de una sola película, a saber, lleva dándole vueltas y variaciones a unos mismos temas y gestos desde su brillante debut con Folie privée, filme que, todo sea dicho, fue descubierto por este festival entre la cosecha de Locarno en su primera edición de 2004.

Los vínculos de sangre como carcoma, los mecanismos de dominación y sumisión y los ecos y estructuras de la tragedia clásica estaban ya en aquel primer filme y también en Propiedad privada y Élève livre, títulos deudores de una poética de los cuerpos y de una energía cinética cuyos referentes habría que buscar entre las imágenes y relatos libérrimos de Cassavetes o Pialat.

La dinámica de la descomposición de la pareja y el acceso a la locura están observados en esta À perdre la raison desde una distancia que escruta los movimientos y los gestos, el espacio entre los personajes, los pequeños detalles no escritos que configuran la cotidianidad paulatinamente fracturada de un matrimonio y una familia gestados entre potentes elipisis, vigilados muy de cerca por el padre adoptivo de él (portentoso Neils Arestrup), una nueva figura dominante, carne de psicoanálisis, que mueve silenciosamente los hilos de una anulación de la identidad que, como no puede ser otra manera, desemboca en tragedia (anunciada).

Todo es bastante sutil y velado en À perdre la raison. No hay aquí exceso de información (poco sabemos realmente de esa presencia extraña entre la pareja hasta bien entrada la mitad del filme), ni subrayado sobre el choque cultural o las dinámicas patriarcales que también deforman las relaciones. Queda, empero, alguna leve sensación de escritura dramática o algún gesto explícito (el plano sostenido en el coche mientras la protagonista canta una canción hasta romper a llorar, la compra del cuchillo), pequeñas fisuras suturadas por una Emilie Dequenne (Rosetta) en estado trágico de gracia.

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