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Antonio El Pipa baila en la superficie

  • El público vibra con el estreno de 'Danzacalí', que abrió anoche la muestra

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Si alguna vez Antonio El Pipa hizo caso a la venerada maestra Pilar López y emprendió el camino más difícil en su baile, anoche tomó un atajo intrascendente que, probablemente, no pasará a la historia después de quince años al frente de su propia compañía. Aplausos y ovaciones, eso sí, va a recibir a raudales, ya que ofrece al público, por vía intravenosa, justo lo que éste quiere ver y oír en cada instante, algo que no siempre es sinónimo de que una carrera avance con paso firme. Veníamos de contemplar en Puertas adentro a un artista entre sombrío e introspectivo, lírico y punzante, reflexivo y agitado por cambios trascendentales en su vida.

Un hombre al encuentro consigo mismo. Por el contrario, con el espectáculo que ha abierto la décimo quinta edición del Festival de Jerez, Antonio El Pipa transita una senda descaradamente comercial y huera, epidérmica podríamos decir, donde sólo parece importarle el continente sin mirar el contenido. Baila claramente en la superficie. 

El espectáculo tal vez sea capaz de impresionar, como decimos, a buena parte del gran público, que le tributó la pertinente ovación de gala, aunque permanece casi siempre maniatado y con poca fuerza para transmitir y arrancar un verdadero ole que se cuele hasta la espina dorsal por su honda sinceridad. Puro entretenimiento sin más pretensiones. Lo naïf e ingenuo de la puesta en escena -me niego a reseñar esos desafortunados cicloramas y tules como una suerte de fondos de pantalla de Windows- se conjugó con una correlación de piezas coreográficas más o menos afortunadas, pero con escaso contenido más allá del afán conservacionista que baña sempiternamente la obra del de Santiago. 

En un primer momento, Danzacalí retrotrae, sin decirlo claramente, a una revisión o remake actualizado de Flamenco... Esa forma de vivir, una producción con la que el insigne Manuel Morao comenzó a girar con sus gitanos de Jerez y en la que un por aquel entonces imberbe Antonio El Pipa ya participó a finales de los 80. Más allá de esas referencias iniciales, esta supuesta revisitación no pasa de la mera postal typical, rescatando poco o nada del espíritu genuino de una obra que contaba con vacas sagradas como Tío Juane, El Torta, Manuel Moneo, Ana Parrilla... Palabras mayores, desde luego. 

La llegada de la caravana de calés al campo y el asentamiento dentro de esa itinerancia y nomadismo tradicionalmente ligados a la etnia forman parte del primer gran bloque temático de una obra estructurada en cuatro secuencias, las cuales representan de forma excesivamente tópica una supuesta vida tradicional gitana: el amanecer de un nuevo día, la jornada de trabajo, la vida en la ciudad, en los mercados, y la clásica boda gitana, pañuelo mediante, como fin de fiesta. En estos pasajes, todos ellos de lo más fashion y bajo un concepto estético y discursivo cien por cien exportable, Antonio El Pipa combina su imponente planta y su característica expresividad histriónica con un nutrido cuerpo de baile y varios solistas -destacó  Macarena Ramírez- que sustentan la obra intercalando solos, dúos y piezas corales.

Y no es hasta el Amanecer, casi una hora después de arrancar la función, cuando ésta no rompe la bucólica monotonía coreográfica con uno de los números más logrados de cuantos la integran. Los palillos repiquetean en un movimiento  coral por villancicos muy limpio y logrado, pero que rápidamente se deshace para dar paso a un extraño número por seguiriyas -confieso que no logré entender el arranque masculino de la pieza- en la que el cantaor, un Quini a ratos solvente, solapa demasiado la fuerza interpretativa de la moronera Juana Amaya, que ya compartió escenario con El Pipa en Un gitano de ley y que sustentó, anoche, un interesante pas a deux con el bailaor de Santiago por rondeñas al principio de la producción.

A mitad de una propuesta a la que resta meter la 'tijera' posterior al estreno, un salmo flamenco o alabanza en la voz arenosa de Juana la del Pipa había sacado a relucir una de las partes más profundas de un montaje en el que ni siquiera la clásica soleá de Antonio, ya casi al final, supo como en otras ocasiones. Innegable es su derroche interpretativo, su respeto por los cánones clásicos que rigen el baile en hombre -el vestuario es una prueba evidente de esto-, y lo desprejuiciado de atreverse a proponer un discurso a priori tradicional, retro si se quiere, cuando 'lo que se lleva' es meterse, casi siempre, en infumables berenjenales.

En todo caso, Danzacalí queda a medio camino entre el loable intento de producción neoclásica, que respeta el pasado y la tradición, y el puro y duro artefacto -con, por ejemplo, los machacones coritos de las dos voces femeninas del 'atrás'- concebido por y para llenar teatros. Un asunto, éste último, que puede excusarse en la dificultad de los artistas para lograr bolos en la actual coyuntura de crisis generalizada. Perdonables son, así y todo, los altibajos narrativos, algunos problemas de luces y cierta suciedad en las transiciones. Errores propios de un estreno absoluto. Menos pasable es, sin embargo, que El Pipa no haya sido capaz de rebuscarse para mantener la línea creativa prometedora que emprendió con su anterior trabajo, en el que demostró que más allá de un gran intérprete también puede ser un gran creador.

BAILE

'Danzacalí, danzar de los gitanos'

Antonio El Pipa Compañía Flamenca.

Primer bailaor: Antonio El Pipa. Primera bailaora: Juana Amaya. Bailaor solista: Isaac Tovar. 

Bailaoras solistas: Macarena Ramírez, Nazaret Reyes. Cuerpo de baile: Ana Ojeda, Luz María de la Hera, Marta Mancera, Cynthia López, Manuel Ramírez, Antonio Vázquez, Manuel del Río, Juan C. Avecilla. Niños: Cristián de los Reyes, Miguel Rivero. Cante: Juana la del Pipa, Felipa del Moreno, Mara Rey, Joaquín Flores. Guitarra: Juan José Alba, Fco. Javier Ibáñez.

Violín: Emilio Martín. 

Cajón/compás: Luis de la Tota. 

Percusión: Curro Santos. 

Idea y coreografía: Antonio El Pipa. 

Música original, letras: Juan José Alba. 

Espacio escénico, diseño de iluminación: Marcos Serna. 

Sonido: Teatro Villamarta. 

Técnico: Jero Bellido. 

Vestuario: Mercedes Moreno, Joé M. Merino. 

Zapatería: Gallardo. Producción: Danzalucía. 

Dirección: Antonio El Pipa. 

Lugar: Teatro Villamarta. Día: 25 de febrero. Hora: 21,00 horas. 

Aforo: Lleno con las entradas agotadas.

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