La crítica

Bordones primigenios

  • Lagos presentaban '12 cuerdas', una oda a la guitarra que, con todos mis respetos, termina por empachar

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En cualquier parcela de la vida, y en la música o el flamenco también, todo lo que sea un exceso acaba por saturar. Eso mismo ocurrió ayer en la Sala Compañía donde Dani de Morón y Alfredo Lagos presentaban '12 cuerdas', una oda a la guitarra que, con todos mis respetos, termina por empachar.

Y es que estar hora y cuarto escuchando solamente el sonido de la guitarra, independientemente de que el grado de interpretación sea sensacional, aburre a cualquiera. Hasta el único punto de inflexión programado, el del baile de Ángeles Gabaldón, llegó al final de ahí que no sirviera para romper con la monotonía general en la que se convirtió el espectáculo.

Es quizás el único pero que se le puede poner a una idea bien trabajada y cuyo propósito final no es más que ensalzar a la guitarra flamenca actual, una guitarra que atraviesa por un momento dulce y apasionado con tocaores como Alfredo y Dani, verdaderos colosos.

Como si dos púgiles se tratara, aunque ni mucho menos el formato representa a un mano a mano, Dani de Morón y Alfredo Lagos expusieron sobre el 'ring' de la Sala Compañía dos maneras de tocar distintas pero cuya creatividad y originalidad confluyen en un mismo punto.

De un lado, el sevillano, peculiar hasta en la forma de sentarse a tocar, mucho más desenfadada, y de otro el jerezano, un guitarrista más metódico y clásico en su manera de concebir el toque.

Cada uno interpretó cuatro creaciones propias. Dani tiró de la cosecha musical de algunos de los espectáculos en los que ha contribuido, como el tema Inmigración con el que abrió la tarde, realizado hace unos años para la bailaora Ángeles Gabaldón. Prosiguió con Cambio de sentido, un tema libre en el que la fortaleza del trémolo y su tremenda pulsación le hizo crecer a medida que fue avanzando.

Más tradicional fue la seguiriya Morón D.F. en la que el aire de la tierra impregna el tema con infinidad de ligaos y apagaos habituales en el toque moronense, además de un pulgar agresivo cargado de intenciones. Para finalizar, y siempre marcando el compás con el pie izquierdo, el guitarrista hispalense recorrió las calles de su localidad natal bulerías. Sutil y comedido, su actuación no tuvo reproche alguno, limpio en la ejecución y singular en el ingenio.

Alfredo, por su parte, abrió boca con la pieza Rondecaña en la que el precioso trémolo inicial de aires rondeños fue dando paso a una melodía más armónica con tonos de caña en la que los arpegios se adueñaron de la sala.

La soleá A mi mare dio continuación al repertorio, quizás el más cercano a la ortodoxia que despachó el jerezano. Tras una introducción de pura orfebrería flamenca, Alfredo entonó el 'mi' y el 'fa' de tintes ancestrales para avanzar por este palo con gran argucia.

"Tengo las manos heladas, no sé si es el frío de la sala o soy yo", comentó al público una vez terminada la soleá.

El último tramo de su actuación deparó aires de Huelva, con el tema Riotinto, y por supuesto fin de fiesta con una pieza por bulerías, Buletango, en la que entremezcló la raíz de su tierra con tonalidades algo más vanguardistas.

Con los dos protagonistas en el escenario, la única vez que coincidieron, el diálogo entre guitarras y sus distintos discursos deambuló por la sala alternando escalas y notas variadas hasta encontrar en el baile de Ángeles Gabaldón el final del trayecto. La sevillana, una bailaora con empaque, revistió el toque con una original coreografía en la que impararon los silencios y el manejo del mantón.

Guitarra

12 cuerdas    

Guitarras: Dani de Morón y Alfredo Lagos. Artista Invitada: Ángeles Gabaldón. Sonido: Félix Vázquez. Producción Artística: Fernando González-Caballos. Producción: Bujío de Ideas SL Día: 27 de febrero. Lugar: Sala Compañía. Aforo: Tres cuartos de entrada.

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