La crónica en Villavicencio · Celia Morales y Rocío Márquez

Cantaora sin discusión

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De negro y con mantón blanco compareció en el Palacio de Villavicencio Rocío Márquez. Con una frialdad y un saber estar impecables, la joven cantaora muy pronto vislumbro que lo suyo no es casualidad. Haber ganado la última Lámpara Minera de La Unión no está al alcance de todo el mundo, como ayer demostró.

A pesar de la responsabilidad y el respeto que implica cantar en Jerez, la onubense comenzó arriesgando. Lo hizo haciendo la malagueña de Antonio Chacón, que no es nada sencillo, para rematar la misma por verdiales, primero acordándose de Juan Breva y luego haciendo los cantes de Frasquito Yerbabuena. Su entrada en escena resultó arrolladora. A nadie dejó indiferente y algún que otro olé se escapó de entre los asistentes, que nuevamente llenaban la sala del Alcázar.

Cuplés de Vallejo prosiguieron a los fandangos-verdiales. Con mucha dulzura y moldeando cada verso, Rocío Márquez fue ganando terreno al éxito. Y es que en ocasiones se agradece escuchar algo distinto, y las modulaciones de la garganta de la cantaora de Huelva bien merecen ser destacadas. Su manera de concebir el cante es muy diferente a la que se hace en Jerez, pero no por ello deja de ser exquisita.

Cierto es que cuando se introdujo en otros cantes, como le ocurrió en la soleá, sus quejíos no sonaron de la misma forma y perdió bastante, aunque no por ello desentonó.

Con maestría ejecutó los tangos, donde la profundidad de sus pulmones quedó patente. Potencia y finura a la vez. Se fue gustando cada vez más hasta llegar a lo mejor de toda la noche. Si su carta de presentación con el cante por malagueña y verdiales había sido espectacular, no lo fue menos sus incursiones por los cantes de las minas. El tiempo se detuvo, el público disfrutó y la ovación fue ensordecedora.

Aún había más. Cantiñas y fandangos, primero de Huelva y luego personales, y bulerías (posiblemente lo más flojo de todo su repertorio) remataron una buena actuación en la que Rocío hizo uso del gorgoreo tan habitual en los últimos artistas salidos de tierras coquineras como Arcángel y Argentina.

Minutos antes, Celia Morales había tenido su momento de gloria inaugurando con su presencia a la mujer guitarrista en el Festival. A la antequerana se le vio excesivamente nerviosa y hasta bien entrada la actuación no se le notó más relajada. Sus ganas de agradar le hicieron correr en exceso en determinadas piezas llegando incluso a perder a los palmeros.

Rondeñas, soleá (dedicada a Enrique el Mellizo), alegrías, zapateado, fandangos de Huelva (dedicados al Niño Ricardo) y bulerías (un tema que estrenaba para la ocasión) coparon la función de la joven tocaora que denotó buen manejo de la sonanta y mucha armonía en sus composiciones principalmente al ejecutar las alegrías y la soleá.

Sin embargo, estuvo algo floja en la ejecución de las notas provocando un sonido poco limpio. A la malagueña le queda camino por recorrer pero ayer dio un paso adelante, al menos en lo que compete a la composición, donde dejó constancia de su imaginación y su buen gusto a la hora de crear, una cualidad escasa en estos tiempos que corren.

Celia Morales

Guitarra: Celia Morales. Palmas: Luis Santiago y Fernando Jiménez. Día: 3 de marzo. Lugar: Palacio de Villavicencio. Aforo: Lleno.

Rocío Márquez

Cante: Rocío Márquez. Guitarra: Guilermo Cano. Palmas: Marcos Jiménez y Juan Aguirre. Día: 3 de marzo. Lugar: Palacio de Villavicencio. Aforo: Lleno.

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