Metales con personalidad

El ciclo ‘Los Conciertos de Palacio’ arrancó ayer con buena acogida de público pese a las malas condiciones climatológicas. Dos jerezanas, Anabel Rosado y Macarena de Jerez, copaban el cartel en una tarde lluviosa, dos jerezanas que dejaron el pabellón bastante alto.

Anabel Rosado fue la primera en romper el hielo. Arropada por la guitarra de Antonio Higuero, un seguro de vida para cualquier cantaor, la joven cuajó una buena actuación demostrando que está sobrada de condiciones y que su garganta es una de las más potentes del panorama artístico en esta tierra. Sólo le falta apuntalar más aún el cante y no abusar en demasía de su torrente. Todo lo demás lo hace bien.

Por tientos tangos inició su repertorio. Sin sobresaltos y pausando los tercios, Anabel se fue entonando paulatinamente. Ejecutó con solvencia esos tangos que tan bien interpretaba la ‘Niña de los Peines’ y cerró con contundencia. En su segundo palo, la cartagenera, la artista moduló la voz con maestría y peleó como pudo con el cante, aunque sufrió más de la cuenta en el remate final.

Más suelta se le vio en los fandangos que realizó a continuación. De pie y con esa voz tan consistente, Anabel Rosado sacó a relucir lo mejor de sí, dejándose caer en los cantes de Manuel Torre y ganándose la ovación del respetable. Poco a poco y a base de trabajar cada uno de las estrofas, la joven cantaora se había metido en el bolsillo al público.

Por bulerías, no podía ser de otra manera, concluyó su intervención. De nuevo en pie, Anabel demostró su profundo conocimiento del cante haciendo multitud letras por Jerez. Además, obsequió al respetable con unos versos dedicados a La Paquera que acabaron por reventar la tarde noche.

Con el listón extremadamente alto comparecía instantes más tarde Macarena de Jerez. Su primer gesto fue un detallazo ya que dedicó los tientos tangos con los que abrió su recital a Raquel Benítez, que a pesar de no poder estar sobre las tablas por unos problemas de salud, sí que acudió personalmente a Villavicencio para ver a sus compañeras.

Muy pronto demostró que su estancia en el Festival de este año no es casualidad y con una voz mucho más afillá que su antecesora comenzó a hilvanar una actuación excelente. La guitarra de Manuel Jero la ayudó bastante. El hijo mayor de Periquín estuvo ayer especialmente entonado y en todo momento supo amortiguar el cante de su acompañante.

El metal acaramelado de la jerezana emergió más aún al hacer la malagueña del Mellizo. Estaba a gusto y su capacidad interpretativa iba creciendo con el paso de los minutos. El colofón a su buena actuación llegaría en la ronda de fandangos naturales preparados. Sólo hizo dos, y ambos del Gloria, pero lo bordó. La gente se levantó de sus asientos para aplaudir y supo reconocer su esfuerzo.

Al igual que Anabel, Macarena de Jerez terminó cantando por bulerías. Como pez en el agua deambuló por el escenario demostrando que ha acumulado una experiencia importante a lo largo de estos años. La temperatura del Palacio de Villavicencio subió todavía más cuando se pasó al cuplé. Fue un torbellino de fuerza y temperamento sobre las tablas y puso punto y final a su paso por el Festival subiendo a sus dos hijos a bailar, con pataíta incluida del mayor que sirvió para que el público la despidiera con palmas por bulerías.

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