La crítica

Supersónico Gerardo

  • Paseo antológico de Gerardo Núñez por su virtuosismo

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Villamarta lo recibe con una entrada más que aceptable en un día especial porque la guitarra vuelve a convertirse en protagonista absoluta en un festival dedicado principalmente al baile. Gerardo Núñez juega en casa y tarda poco en recibir el calor del público. El autor, junto a Perico Sambeat, de Cruce de caminos, uno de los discos más frescos y que mejor han envejecido de cuantos se han editado en flamenco en la última década, plantea un recorrido con cierto alma de antología, con unos tres primeros cuartos de hora de concierto atronadores en la que sobrevuelan sus resonancias de siempre. Su guitarra pisa a veces la albariza hasta hundirse en tierra pero otras vuela hacia cotas altísimas, libre y suelta, a velocidades imposibles. Hay un momento supersónico en Templo del lucero, tema de cabecera incluido en Andando el tiempo.

Toque épico y vertical, de prestidigitador, con una pulsaciones in crescendo (mucho más violentas y rítmicas que la versión de estudio que conocemos) que viajan en el Concorde pero que, sin embargo, dan tiempo para que disfrutemos con relajación de los paisajes, con los diálogos de aquí y de allí, con los matices y texturas que aporta el contrabajo. Es el contrapunto perfecto, con músculo y energía, a la cadencia que imprime a las bulerías de  En el arco, el tema de apertura que procede de Flamencos en Nueva York, un disco con más de veinte años a cuestas que no ha dejado de evolucionar en cada directo. Sonrisita cómplice y de suficiencia cuando remata cada pieza que delata que pocos misterios entraña ya su sonanta para convertirla a su antojo en pincel o cincel.

Con sus seis cuerdas plenas de tensión y creatividad, con espacio siempre para la improvisación, la percusión de Ángel ‘Cepillo’ y el contrabajo de Pablo Martín son la columna vertebral de un directo en el que Gerardo es el cerebro, con mucho carisma para dirigir a su ensemble y con suficiente generosidad (anoche pecó por exceso) como para dar el suficiente espacio para el lucimiento personal de todos y cada uno de sus acompañantes. No pudo faltar el particular juego de manos que experimentamos en cada concierto del guitarrista jerezano entre el percusionista sanluqueño y el contrabajista vitoriano, cuando el primero se acopla al instrumento de Pablo Martín y golpea la madera en una fluida conversación con este músico vasco que representa la vertiente más jazzística de ese espíritu panflamenco que atesora con orgullo  Gerardo tras décadas y décadas de trayectoria artística.

Su labor de acompañamiento es impecable e implacable para el cante agudo de Rafael de Utrera, que ensancha el pecho por cantiñas del Pinini. No podemos olvidar el respaldo como segundo guitarra de Manuel Valencia, de quien ya hemos disfrutado de grandes intervenciones en esta edición del festival. Y las que nos quedan en los venideros porque este tocaor sólo está a la espera de un espaldarazo definitivo para explotar como músico en la élite. Allá que se rebusca Gerardo por guajiras que trufa con otras de sus falsetas más reconocibles y engarza Carpio con todo su eco plazuelero por bulerías. Sutil remate gerardiano en el regreso a los sonidos caribeños.

Después de asistir a un absorbente ejercicio de autoexigencia en los prácticamente tres primeros cuartos de hora del concierto, donde el alumno de Rafael del Águila no para de sacudirnos con grandilocuencia y a bordonazo limpio, la segunda parte del recital decae abiertamente. Las seis cuerdas de este indiscutible virtuoso no exento de alma y poder de transmisión ceden, como ya hemos apuntado, demasiado protagonismo. La noche se regala casi por entero a las voces de unos solventes David Carpio y Rafael de Utrera por tonás y bulerías al golpe, y especialmente al baile de cara a la galería de un esforzado Alfonso Losa por soleá. Un joven madrileño que bien haría en tomar unas clases con el maestro Juan Parra para adquirir algo de temple y contención. Nada nuevo en recitales de guitarra, por desgracia, pues ya hace año y medio que Paco de Lucía regresó a Jerez, 40 años después, y en aquella ocasión se hizo acompañar al baile por El Farru, otro de esos grandes dominadores del récord mundial en apagar más colillas por segundo aunque con escasa capacidad para transmitirnos algo parecido a la emoción. La atmósfera se vuelve monótona y muy volcada en las bulerías ‘made in’ Jerez, y nosotros con muchas más ganas de Gerardo Núñez, que pasa endiabladamente rápido por las tablas de Villamarta, su casa. Vuelva cuando quiera, maestro.

Guitarra

Made in Jerez           

Guitarra: Gerardo Núñez. Segunda guitarra: Manuel Valencia. Baile: Alfonso Losa (artista invitado). Cante: David Carpio, Rafael de Utrera. Contrabajo: Pablo Martín. Percusión: Ángel Sánchez ‘Cepillo’. Lugar: Teatro Villamarta. Día: 6 de marzo. Aforo: Algo más de tres cuartos de entrada.

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