La crítica

La autoconfianza de una voz quejumbrosa

  • Pedro 'El granaíno' demostró credenciales y hechuras de cantaor visceral y comprometido

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Crecerse ante las adversidades es el paradigma cantaor de Pedro Heredia 'El Granaíno', capaz de transformar el cante en sentimiento cuando se lo dicta el corazón. Evidentemente, cuesta volar en solitario y sin el amparo de alas tan grandes como las de La Farruca o Farruquito, pero Pedro, a base de paciencia, constancia y confianza en sí mismo puede con todo.

Quizás no fue el de ayer su mejor recital, al menos al principio donde el peso de la responsabilidad le apretó la garganta restándole frescura y valentía a la hora de encarar algunos palos. Sin embargo, sí que demostró credenciales y hechuras de cantaor visceral y comprometido, de artista serio y llegador, sí de esos que en determinados momentos tocan la fibra, y eso tiene su mérito.

En medio de un ambiente frío, Pedro comenzó rindiendo pleitesía a dos de sus emblemas, su tierra natal, Granada, y a su querido Tomás Pavón. Granaína y media granaína para rematar por jaberas.

Con Juan Requena llevando la batuta de la actuación, sonaron acordes de bulería por soleá. Su voz 'rajá' se clava como un cristal cuando entona con ese aire camaronero que tanto le gusta. Se sintió cómodo por ahí, alargando el cante y exponiendo toda su garganta, de nuevo acordándose de Tomás o Frijones.

El tono cambió entonces a malagueñas, la primera con sabor al Mellizo y la segunda de Chacón. Pedro fue forjando poco a poco su mejor versión, que ya apuntó en el remate por abandolaos de Frasquito Yerbabuena.

Las dificultades iniciales fueron menguando en favor de la figura de El Granaíno que se atrevió a continuación por seguiriyas. Ese muro que había entre público y cantaor comenzó a resquebrajarse y la sombra de Tomás Pavón prosiguió alumbrando todo el recital del joven artista nazarí.

El hielo acabó por romperse al dedicar a Camarón unas bulerías plenamente 'camaroneras' que Pedro realizó a golpe de palmas, sin guitarra. Desplegó entonces todo su acervo cantaor entrelazando letras del 'genio de la Isla de San Fernando' y creciéndose a medida que avanzaba. Requena, colosal toda la noche, incorporó su guitarra en las últimas estrofas magnificando aún más el clásico 'Soy fragüero' con el que concluyó el cante.

Con las palpitaciones a flor de piel, el granadino lo bordó en los fandangos. Moduló la voz con maestría, y lo más importante, hirió con su cante. Su vena camaronera volvió a salir a la luz, aunque sin lugar a dudas, su mejor aportación fueron una tanda de fandangos de Chocolate con los que el público enloqueció, sobre todo tras salir al quite en una situación anecdótica. Y es que al subirle su esposa una botella, el Granaíno entonó aquel 'No quitarme la botella que me quiero emborrachar...", un detalle que la abarrotada sala acogió con grandeza dedicándole una sonora ovación. Estuvo recurrente el de Granada, y esos detalles, en medio de tanta tensión, son los que diferencian a un cantaor de otro.

Su última aportación, ya con todo el pescado vendido, fueron las bulerías con las que triunfó el pasado año en el 'Homenaje a los grandes' de La Farruca y en las que se acordaba de Caracol, Tomás y todos sus maestros. Su actuación concluyó con las pataítas de Fefi Carrasco y Mara Rey.

Cante

Pedro ‘El granaíno’

Cante: Pedro Heredia ‘El Granaíno’. Guitarra: Juan Requena. Palmas: Mara Rey y Fefi Carrasco.  Lugar: Palacio de Villavicencio. Ciclo: Los Conciertos de Palacio. Día: 5 de marzo. Aforo: Lleno.

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