La crítica

No dejéis de bailar

  • Farruca en este nuevo espectáculo baila con mucho sentimiento, sentido y buen gusto

El nieto agarra muy lentamente el sombrero de su abuelo y hace compás con sus nudillos en un banco hasta oscurecerse el proscenio. Un movimiento sutil dotado de un tremendo peso simbólico. En el telón de fondo, la estampa eterna de Farruco mirando de soslayo al joven Manuel El Carpeta, con todo el tiempo del mundo por delante para empaparse de la herencia recibida, regodearse de esos genes con tanta enjundia, y erigirse en digno legatario y sucesor. Redondez en el cierre de Homenaje a los grandes, el austero y sencillo pero sumamente efectivo trabajo que presentó anoche en el Villamarta La Farruca. El doble mensaje que quiere transmitir la racial bailaora sevillana queda evidenciado en esa secuencia final: hay que acudir al pasado para proyectar y pulir lo mejor del presente y, especialmente, del futuro. La amnesia no puede ni debe nunca vencer.

Baila Farruca a la memoria en este nuevo espectáculo y lo hace con mucho sentimiento, sentido y buen gusto para convertir este tributo a sus mitos de la historia siempre viva del flamenco en una experiencia visceral y emocionante. Una experiencia en la que prácticamente sólo podemos entregarnos a sentir con las tripas más que a analizar con frialdad. Ni ciertos convencionalismos de andar por casa que destila la obra, ni algunas limitaciones técnicas, restan un ápice de sinceridad y honestidad al buen hacer de Rosario en este memorial de una especie artística en peligro de extinción. Un homenaje en el que la sevillana pone sus cartas boca arriba muy segura de sí misma y sale triunfadora del envite.

Después de irrumpir en escena con chinchines y bajo el taranto de Manuel Torre, número que dedicó a la primera mujer que bailó dicho estilo, Fernanda Romero, Rosario desafió la ley de la gravedad por unas salineras cantiñas en las que su mantón de Manila revoloteó con soltura al compás de la maestra Matilde Coral, que la jaleaba con ganas desde el patio de butacas. La entrada del número por alegrías la da previamente un supersónico Carpeta, casi como un clon de su hermano Farruquito, a quien dedica la pieza y cuya velocidad de la luz derrotaron pronto a un público entregado desde la salida y sus primeros y amplísimos destaques seguidos de todo tipo de giros, torsiones y saltos. La mesura y la elegancia del marcaje, con matices y garbo, la pone instantes después su madre. La Farruca enseña los tiempos del compás puliendo, punta y tacón, los acentos con parsimonia, al estilo Matilde, hasta rematar por bulerías de Cádiz con la erupción volcánica y temperamental que le conocemos de sobra al clan Farruco.

Plena de energía y aún con reservas para los números posteriores, sale de escena con el retrato de la maestra trianera en lo más alto para dar paso a una ronda de tonás que interpretan de forma desigual los cantaores de un correcto 'atrás'. El notable quejío afillao, entre morentiano y camaronero, de Pedro Heredia El Granaíno contrasta con las voces algo chillonas para mi gusto de Mara Rey y Fabiola Pérez, que aun así cumplen con holgura con el papel encomendado en la propuesta.

El Carpeta funde de blanco el jipío negro mientras las falsetas de Juan Requena, siempre afinado y atinado, desenrollan los diferentes climas del espectáculo. De blanco y con pantalón, Farruca baila con castañuelas para honrar a Carmen Amaya en una dolorosa seguiriya que mastica El Granaíno. Los ecos de José de Paula, Manuel Torre y Tomás Pavón inundan unas tablas que pisa con fuerza Rosario, con la tensión y el dramatismo necesario pero sin pecar de sobreactuación, con mucha naturalidad. Concluye el número golpeando una mesa a compás acelerado, con el genio encendio y el baile rabioso de la Amaya pegado en el espinazo, casi sin poder distinguir desde el patio de butacas si lo suyo era baile de mujer o era el perfil del Farruco el que se dibujaba al fondo del escenario.

Llega el momento culminante de Homenaje a los grandes. El piano de Pablo Maldonado introduce una composición entre el cuplé por bulerías y la zambra que El Granaíno intercala con la seguiriya trianera de Pavón sobre el cante de Frasco el Colorao y el fandango de Chocolate. Es el momento del homenaje al quejío grande con puerta de entrada para una Farruca-Faraona. De roja bata de cola, Rosario se desmelena como Lola Flores mientras el cantaor granaíno se echa la chaqueta al hombro para emular al genio de Manuel Ortega Juárez con una zambra que teje de encajes el piano de Maldonado. Sin ser una revolución por su originalidad ni plantear una puesta en escena excesivamente innovadora, la atmósfera de cafés-cantante y teatros de la época se apodera progresivamente de Villamarta, donde la pareja artística que recrea el dúo de Lola y Caracol destila un poderoso magnetismo que eriza el vello. Voluptuosa y exuberante, La Farruca como niña de fuego y salvaora atrapada en las rejas del carcelero Granaíno. Un pasaje de enorme belleza que funde a los dos grandes protagonistas de la función, con permiso de Manuel El Carpeta, y que demuestra a las claras que lo tradicional, y quizás más tópico, no tiene por qué estar necesariamente reñido con lo insustancial o el costumbrismo sin alma ni emotividad.

En la soleá final, dedicada a su padre, el maestro Farruco, Rosario concluye una entrega coreográfica de apenas hora y poco de duración que condensa un sentido recuerdo a los grandes que la convierte por méritos propios en un referente para las generaciones venideras. No sabemos si finalmente Farruca cumplirá con su deseo anunciado de abandonar pronto los escenarios, pero, por si acaso, le pedimos que no deje de bailar como lo hizo en Jerez. Y si lo hace, ya sabemos que los grandes no nos abandonan nunca. Anoche los vi muy de cerca.

Baile

‘Homenaje a los grandes (lola flores, farruco, carmen amaya...)’

Baile: Rosario Montoya La Farruca, Manuel Fernández Montoya ‘El Carpeta’. Cante: Pedro Heredia El Granaíno, Fabiola Pérez, Mara Rey. Guitarra: Juan Requena. Piano: Pablo Rubén Maldonado. Idea original: Pedro El Granaíno. Coreografía: La Farruca. Música: Pablo Maldonado, Juan Requena. Escenografía: La Farruca. Diseño de iluminación: Óscar de los Reyes. Diseño de vestuario: La Farruca. Realización de vestuario: Pepa Ávila. Regiduría: Jesús Pulpón. Producción: La Farruca, Maite Pulpón. Manager: Maite Pulpón. Dirección artística: La Farruca. Lugar: Teatro Villamarta. Día: 26 de febrero. Hora: 21,00 horas. Aforo: Lleno.               

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