La crítica

Un digno heredero de Utrera

  • Rafae de Utrera ofreció toda una lección de estilos y palos, todo con naturalidad

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Rafael de Utrera es un cantaor orgulloso de su origen, sabe de dónde viene y lo que quiere buscar, y eso hoy en día, tal y como está todo, no es fácil de encontrar. Lo digo porque ayer, en su estreno en solitario en Jerez, reivindicó una y mil veces su sangre utrerana enarbolando la bandera de su tierra y rindiendo su particular homenaje a cantaores de aquel rincón. Un detalle, más aún, si aparte de ser chovinista resulta ser un artista completísimo.

Más de una hora estuvo Rafael encima del escenario dando toda una lección de estilos y palos, todo con naturalidad. Vamos que si no hubiese premura aún estaría desglosando estilos y cantes.

Por lo que vimos ayer, es bastante largo y su metal de voz se amolda a la perfección a cualquier palo, ya sea del segmento más ortodoxo o del lado más vanguardista. Mientras se haga con respeto...

Visiblemente emocionado y nervioso, como él mismo reconoció, quiso dedicar su actuación a Fernando de la Morena, allí presente, "porque es una de esas personas que no hay", dijo.

Cantiñas del Pinini como primera estrofa, el de Utrera fue nadando entre las alegrías con buen manejo de su voz, curtida y poderosa, y maravillosamente guiado por la guitarra de José Quevedo 'Bolita' y la percusión de Paquito González. A decir verdad, la inclusión de ambos engrandeció el recital de ayer. Bolita es todo un maestro, sabe controlar todo lo que le rodea, y tiene una mano prodigiosa. Paquito, fiel escudero del tocaor, apenas se notó. Dirigió la percusión como si no existiera, con dulzura y exquisitez, todo lo contrario de muchos que llegan a Villavicencio con el bombo y el platillo en la mano.

El recital de Rafael, amplio y variado, continuó entonces por malagueñas. Sólo hizo una letra, de la Trini, para enlazar por abandolaos y rematar la faena acordándose de Frasquito Yerbabuena. Eso sí, y todo hay que decirlo, algo extenuado en el último tramo.

Su manera de concebir el cante le hizo dar un salto al ejecutar los tientos, muy originales por cierto, pues Bolita los adaptó a tonos de tarantos ganando en musicalidad. Fue una lección más de capacidad para modular esa fina y peculiar voz. Y es que por momentos, parecía como si hubiesen colocado micrófonos en la sala, ya que tanto él como su guitarrista desprendían absoluta limpieza sonora.

Con la garganta caliente, el utrerano emprendió el camino de la soleá apolá, que acompañó con la sutil percusión de un pandero y como no, con un Bolita resolutivo. Alternó tonalidades atrevidas con el recuerdo a Charamusco, aunque a veces sus ganas de agradar le jugaron una mala pasada, sobre todo al rematar, falto ya de fuerzas.

Igual de vanguardista sonó la Leyenda del Tiempo de Camarón, aunque adaptada a ritmo de acompasados tangos. Con esa mezcla de variantes, Rafael se metió por seguiriyas, donde evidenció sus gustos maireneros. Sus aires de la seguiriya de Triana fueron evolucionando hasta un final (con el remate de Cagancho) más propio del baile que del cante.

Aún había tiempo para rendir tributo a Enrique Montoya con aquel mítico Señorita, a ritmo de bulería acuplesada; para entonar con maestría y un estremecedor quejío una taranta rematada por cartagenera, y para marcharse por bulerías cuyas letras estaban dedicadas a nombres como la Perrata, Bernarda y Fernanda o Curro de Utrera. No se le puede pedir más a un recital de hoy día.

Cante

Rafael de utrera

Cante: Rafael de Utrera. Guitarra: José Quevedo ‘Bolita’. Percusión: Paquito González. Ciclo: Los Conciertos de Palacio. Día: 29 de febrero. Lugar: Palacio de Villavicencio. Aforo: Lleno.                    

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