En una dimensión diferente

  • El artista jerezano revoluciona la bodega Los Apóstoles en un concierto en el que el jazz y el flamenco se dan la mano

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Cuando se rebasa la dimensión del flamenco todo puede ocurrir y más si cabe si se disfruta de cada minuto, de cada instante que se pasa encima de un escenario. En eso no tiene parangón Gerardo Núñez cuya sonrisa cuando se sube a las tablas no solamente irradia la ilusión de un principiante, sino que logra transmitir la misma sensación al resto de músicos creando un clima de complicidad que termina contagiando al espectador.

Todo eso se convierte en sincronía, como del motor de un coche se tratara, fusionando sonido tras sonido, instrumento tras intrumento hasta conseguir un bloque compacto, una banda sonora capaz de recrearse en el jazz, el flamenco o la improvisación.

Esa misma dinámica es la que ayer en Los Apóstoles, lleno a reventar, puso en práctica el extraordinario guitarrista jerezano que durante más de hora y media fascinó al importante número de incondicionales y amantes de la música que se dio cita en la bodega de González Byass.

La clave del éxito, aparte de las condiciones que posee el tocaor, radica en la agilidad con la que se van sucediendo los temas y sobre todo la versatilidad de sus músicos. De esta forma, el cante de Jesús Méndez, el baile de Carmen Cortés, el piano de Mariano Díaz o el saxo de Perico Sambeat pasan a formar parte del espectáculo con la misma intensidad que el toque de Gerardo, una circunstancia que sitúa al directo del guitarrista en uno de los más completos del momento. Hasta el toque de humor, con el show que el percusionista Cepillo mantiene con el contrabajista Pablo Martín (que suelen hacer también con Ultra Light Flamenco) tiene cabida en el variado repertorio.

Calima abrió el camino del concierto para continuar con diferentes composiciones del artista (alguna como la rumba La Habana a oscuras, con dedicatoria a su madre), unas con cierto sabor a jazz y otras con el flamenco más rancio como protagonista. Eso sí, si algo dejó claro ayer Gerardo Núñez es que domina todos los secretos de la guitarra. Su velocidad de rasgueo es impresionante, por no hablar de su facilidad para picar, su discurrir por el mástil o el poderío demostrado con el alzapua, con el que incluso levantó al público en uno de los lances de la noche. Pero aparte de eso, el tocaor pasó ayer por todas y cada una de las disciplinas de la guitarra, es decir, hizo de solista, acompañó el cante y tocó ‘pa’ bailar, todo con una facilidad y una confianza en sí mismo que le han hecho ser uno de los músicos españoles más internacionales.

El público tuvo tiempo para saborear cada uno de los temas y presenciar la conexión de los artistas, que en mayor o menor medida se ganaron el respaldo del espectador. En especial, dos nombres propios: Carmen Cortés y Jesús Méndez. La bailaora catalana bracea como pocas y maneja los tiempos con arte, mientras, el cantaor de Jerez se ganó a pulso el aplauso merced a esa garganta demoledora, a ese eco ancestral que posee y que ayer nuevamente le colocó donde merece (sobre todo haciendo las letras de La Paquera y de Manolo Caracol).

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