La crítica

Entre rabia y arrebatos de puro arte

  • La Moneta tuvo destellos de alegría, destellos de pena, destellos de impotencia, de rabia y sobre todo y lo más importante, destellos de gran artista

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No suele ser muy habitual, pero en ciertas ocasiones, el artista debe reponerse a las circunstancias, debe reaccionar en milésimas de segundo para que todo fluya con normalidad, como si nada hubiese pasado. Así, cuando algo se sale del guión, que se rompa un zapato, por ejemplo, ahí debe brotar la experiencia o el ingenio para pasar desapercibido. Esto mismo, con naturalidad, es lo que hizo ayer Fuensanta La Moneta, que en medio de la caña vio cómo la hebilla del zapato y éste mismo saltaban por los aires, teniendo que improvisar (con mucha elegancia, por cierto, pues por un momento bailó con un zapato menos) para cambiarse rápidamente de calzado.

Fue una situación paradójica, pero también enriquecedora pues nadie pestañeó ni frunció el ceño, pues tanto Miguel Lavi como Luis Mariano o Miguel 'El Cheyenne' siguieron a lo suyo como si nada.

Una pena, pues hasta entonces La Moneta nos había ofrecido una verdadera exhibición de cómo hay que manejar el mantón y cómo se juega con el silencio.

El incidente enfureció a una bailaora que de por sí desprende genio y personalidad encima de las tablas. Ya con los zapatos, Fuensanta destapó el tarro de las esencias para marcarse una actuación arrolladora y en la que tuvo tiempo para todo. Como un animal herido, la granadina acometió con grandeza a la caña que antes había dejado sin liquidar y la enlazó con unas cantiñas en las que Lavi la supo reconducir, como si de un maestro de Feng Shui se tratase, y unos aires abandolaos de enjundia.

Casi sin querer, La Moneta había llegado al extremo, a ese extremo jondo que busca con este espectáculo de pequeño formato. Fue como una mutación, quizás producto de esa ira contenida, pero una mutación que le hizo crecer encima del escenario. Y es que a partir de ahí fue entrelazando palos, una de las características principales del montaje, y desplegar todo su encanto. Siempre escuchando el cante, porque si algo tiene esta joven artista es que no se mueve por casualidad, todo tiene un sentido y ese sentido se lo da el cante. El cante, que dicho sea de paso, estuvo ayer bien representado por un gran Miguel Lavi, al que acompañó de manera perfecta Luis Mariano, ágiles en el compás y bien coordinados.

Tras una minera del granadino y la continuación por tonás del jerezano, La Moneta regresó al proscenio, esta vez de negro y con esos zapatos marfil que circunstancialmente se habían convertido en noticia. Con arrebatos de grandeza, mandó en las bulerías de Cádiz, con el braceo de adentro a fuera y ese coqueto golpe de cadera, y deceleró su baile como si de una musa se tratara al meterse por serranas.

Se detuvo entonces para escuchar el cante de Lavi y expresar todo lo que tenía dentro, sin palabras, simplemente bailando. Fue como una conversación entre cante y baile, muy íntima. Así fue desgranando el resto de palos, desde las livianas hasta los tientos-tangos con los que remató su espectáculo y en los que los sones del Sacromonte se dejaron ver por la Compañía en la voz del versátil cantaor.

La Moneta tuvo destellos de alegría, destellos de pena, destellos de impotencia, de rabia y sobre todo y lo más importante, destellos de gran artista porque cuando Fuensanta dice aquí estoy yo no hay quien le tosa.

Cante

Extremo jondo

Baile: Fuensanta La Moneta. Cante: Miguel Lavi. Guitarra: Luis Mariano. Percusión: Miguel ‘El Cheyenne’. Ciclo: Con Nombre Propio. Día: 7 de marzo. Lugar: Sala Compañía. Aforo: Lleno.

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