Manolo Blahnik, Barcelona a sus pies

  • El diseñador canario, que se considera "un señor muy antiguo", deja su impronta en la 080

"Si sufren con los zapatos es porque no están bien hechos. Yo siempre los hago bien", zanja Manolo Blahnik, el principal diseñador y más venerado por sus clientes en cuestión de calzados. "Y lo de manolos no me gusta, es como si se refirieran a un bar o a una empresa de transportes", añade este canario de 73 años que se siente "un hombre antiguo". Lo de "antiguo" es una pose de distancia, de no reconocerse en las actuales pasarelas "llenas de ruido", que se han convertido más "en un espectáculo" que en una expresión de la moda. Si por Blahnik fuera, él volvía a lo que fueron los desfiles: enumeraciones sencillas donde lo que sobresalían eran las obras. Este español internacional, que lleva 45 ensimismado en los zapatos, dejó ayer sello de señorío y sabiduría en la cita barcelonesa 080. La capital catalana se rindió al talento y al empaque de un diseñador que presume de ser "muy español" y que no se siente famoso. Para famosos, "Valle Inclán o Unamuno, porque sus obras han llegado a nuestros días. Los zapatos, al fin y al cabo, acaban en unos días en la calle", sentenció. "Pero los suyos, no", protestaban las periodistas incondicionales.

Blahnik presentaba un libro antológico, Manolo Blahnik fleeting, gestures and obsessions, al que se añadirá a finales de año un documental sobre su trayectoria. Durante 45 años es el creador que ha ido buscando el "zapato perfecto" y en el empeño ha creado un catálogo de obras de arte que se disputan las mujeres de medio mundo. Mantiene su tienda londinense, cerca de su casa, después de 45 años de trabajo. Ahora reside en Bah y todo lo que son cuentas las lleva su sobrina, a la que remite para cualquier dato, pero él siempre ha deseado tener una compañía pequeña, selecta, controlable, aunque tengan la gran tienda de la calle 54 de Nueva York, un templo para los devotos de su trabajo.

El diseñador se presentó en Barcelona con un traje malva, con llamativos calcetines en ese tono, pajarita y unos delicados zapatos de ante. Piropeó a sus más célebres clientes (Rihanna, Madonna, Sarah Jessica Parker, entre la ficción y la realidad) y sobre la reina Letizia se deshizo en elogios. "Es guapísima y lo está haciendo cada vez mejor". Sobre la política española actual, sin embargo, "no tiene ni idea" ni conoce a los nuevos, pero sí entiende que desde hace un par de años le llegaban noticias esperanzadoras sobre la economía de España. Los temas corrientes le son ajenos, de la actualidad, lo indispensable, su pasión siempre será su trabajo. "Cuando hablen de mí digan que fue un hombre que hizo lo que le dio la gana, y que además, le gustaba".

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