"Aparte de la comida lo que la gente quiere es cariño y que se la escuche"

  • La religiosa chiclanera, que ha sido nombrada esta semana Hija Adoptiva de la ciudad, cuenta su labor en la guardería y comedor de El Salvador, trabajo por el que le han dado este reconocimiento

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- ¿Qué supone para usted haber sido nombrada Hija Adoptiva de la ciudad?

- No me lo esperaba. No creía tener mérito para ese reconocimiento, porque yo sólo he hecho lo que debe hacer una Hija de la Caridad: trabajar por los pobres y por el servicio a los demás.

- ¿Qué le ha dado Jerez a usted?

- Me ha dado mucha alegría y me recibieron muy bien. Me he sentido muy feliz todo el tiempo que he estado en Jerez y no me ha costado nada adaptarme porque yo soy de Chiclana.

- ¿En qué ha cambiado Jerez desde que llegó a esta ciudad hace 25 años?

- Cuando vine había mucha necesidad, pero no tanta como ahora. A medida de que han pasado los años el comedor lo hemos tenido que ampliar dos veces. Ahora mismo damos comida para llevarse a unas 150 familias de unos cinco miembros y a unas cien personas en el comedor.

- ¿Cuál es el perfil del usuario?

- Muchos vienen por la crisis y otros porque no han podido dominar sus vicios y eso les ha hecho perder facultades para poder trabajar. Con la crisis de la construcción han venido muchos y también muchas familias que se han quedado sin trabajo y no han podido hacer frente a sus hipotecas. Además hay muchos inmigrantes de todas las razas.

- ¿Cómo decide hacerse religiosa y precisamente Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl?

- Mis padres eran agricultores y nosotros éramos once hermanos. Yo soy la novena. En mi infancia fui muy feliz y no nos faltaba de nada. Me eduqué con las Hijas de la Caridad y vi la labor que hacían las hermanas. Los sábados y domingos iba al servicio de los pobres y vi que me gustaba. Entonces tendría unos 12 ó 13 años. Entonces teníamos la Asociación de Hijas de María del colegio, y veía las catequesis de los niños para la Primera Comunión, que también me gustaba . Cuando fui un poco mayor me apunté a dar clases nocturnas y cuando cumplí los 18 le dije al sacerdote que quería ser Hija de la Caridad pero me dijo que lo consultara antes con mis padres.

- ¿Y qué le dijeron sus padres?

- Me dijeron, ¿no te parece que eres todavía muy joven? ¿Es que te falta algo? Para ellos fue muy doloroso, pero esperé como ellos me dijeron y a los 21 años ya me decidí. El 12 de julio de 1947 salí de casa con otra compañera que tenía las mismas inquietudes y estuvimos en Madrid tres meses de prueba. Ingresé en el seminario un año y en 1948 me mandaron ya como Hija de la Caridad a Cádiz, al Asilo Gaditano, que era guardería y maternidad. Allí estuve 22 años y en 1970 me mandaron a Palmones como hermana superiora. Sólo estuve un año porque el clima no me iba muy bien y de allí pasé a Chipiona, también de superiora del Hogar Victoria de Auxilio Social. Teníamos niños internos que venían de los suburbios de Madrid y luego se hizo un colegio para niños de la zona, que recibían formación y estaban muy bien atendidos. Tenían un campo de fútbol al que le pusieron mi nombre, estadio Victoria. Algunos salían con estudios y se colocaban y me da mucha alegría cuando los veo. Otros vienen a comer aquí y otros han muerto. De Chipiona me mandaron a Estepa, a una guardería. Allí no había pobres con los mantecados y la recogida de la aceituna pero hacíamos visitas a los enfermos. Allí estuve nueve años y en 1986 me vine a Jerez. Primero me vine de descanso porque estuve un poco mala y luego de responsable de guardería y comedor. Ni un año me dejaron descansar. Llegué en el 86 y en el 87 ya estaba con mis obligaciones: hacer las cuentas, ayudar en la cocina y el comedor, atender a los pobres, controlar las necesidades de la despensa... Siempre con la ayuda de las hermanas, que somos once y de los voluntarios, unos setenta. Del 97 al 2000 estuve en Villa Milagrosa, en Picadueña Alta, una casa de espiritualidad, pero volví en el 2000. A los 64 años me dieron la incapacidad laboral y la invalidez total por una cardiopatía isquémica, pero a mis 85 años sigo trabajando porque puedo y lo sigo llevando todo para adelante. De hecho, de las hermanas, hay otra con 87 que ahora mismo está trabajando con las plantas y otras con ochenta cumplidos.

- ¿Es generosa la gente de Jerez?

- Muy generosa. Si esto está abierto es por la generosidad de los jerezanos y su solidaridad. Nada más que se dice una necesidad ya están dispuestos a cubrirla porque saben que lo que dan va a los necesitados.

- ¿Qué ha aprendido de los usuarios de este centro?

- Te enseñan a vivir la pobreza y a que se puede prescindir de algunas cosas.

- ¿Le ha llenado más el trabajo con los niños o con los pobres?

- Con los niños he sido muy feliz pero cuando terminé también he tenido una gran satisfacción con el servicio a los pobres. Con los niños había que hacer de madre, de hermana, darles todo el cariño. Tanto los niños como los mayores aparte de la comida, lo que quieren es cariño y que les escuche.

- ¿Resulta difícil ser religiosa en la sociedad actual?

- Hoy hay más libertad y a la gente le cuesta más hacer unos votos de pobreza, castidad, obediencia y servicio a los pobres. Hoy el mundo tiene muchas comodidades y la gente no quiere someterse a nada; ni siquiera en el matrimonio aguantan, pero yo nunca me he arrepentido, en ningún momento, de haber consagrado mi vida a los pobres. Mi deseo es que quienes hayan estado conmigo hayan aprendido a amar a Dios y que yo haya dado el testimonio que debe dar una Hija de la Caridad, un testimonio de vida, porque aquí atendemos a gente de todas las religiones y las respetamos. El que quiere rezar, reza y el que no, no lo hace. Al que no quiere comer cerdo se le da otra cosa.

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