Tierra de nadie

Derecho a cazar

Derecho a cazar Derecho a cazar

Derecho a cazar

Ayer se llevaron a cabo multitudinarias manifestaciones, en cincuenta capitales repartidas por toda España, en defensa del derecho a la caza y del mundo rural. Millones de ciudadanos exigimos el cese del acoso permanente y las agresiones continuadas por parte de grupos animalistas y falsos ecologistas radicalizados, demandamos respeto a nuestra pasión, reivindicamos el puesto que nos corresponde en los organismos en los que se toman decisiones que nos afectan, reclamamos veracidad en los datos, claridad en los argumentos, sentido común en normas y reglamentos, y equidad en las leyes.

Estamos más que hartos de la premeditada manipulación que sobre nosotros, los cazadores, llevan a cabo de modo intensivo y persistente todo ese cúmulo de asociaciones 'verdes', impositivas, excluyentes y tendenciosas, que se creen en posesión de la verdad única; hartos del silencio de la Administración; más que cansados del amasijo indescifrable de reglamentos imposibles que sólo pretenden acabar con nosotros; empachados de la estúpida naturaleza de 'Pumba y Bambi' que dibujan los talibanes del medio ambiente; hasta las narices de las imprecisiones, mamarrachadas y falsedades que una y otra vez se vierten en medios de comunicación sin el más mínimo rigor profesional: noticias sin contrastar, datos imprecisos o directamente falsos, supuestas 'teorías' de 'prestigiosos científicos' de desconocidas 'universidades', todas, siempre, con la misma orientación e idéntico objetivo: discriminarnos y estigmatizarnos ¡Ya vale!

La caza no es un crimen, ni los cazadores somos asesinos. La caza, guste o no, no sólo no perjudica, es que es del todo imprescindible para la sostenibilidad de la fauna y el mantenimiento de la biodiversidad de la misma. No es que haya datos, es que hay enciclopedias enteras con datos -contrastados-, argumentos -científicos-, resultados -comprobables- y soluciones -realizables-, que confirman una realidad incuestionable, la misma que los que no tienen argumentos quieren cuestionar, sancionar y eliminar.

Les podría poner muchos ejemplos, pero no cabrían en éste corto artículo. Como muestra, ya que leones, elefantes y rinocerontes son ahora muy "mediáticos", valga un botón. Les voy a resumir, aunque queda un poco lejos es igual de ilustrativo, lo ocurrido en Kenia, paraíso, que fue, de la caza mayor.

En 1977 se prohibió la caza mayor en Kenia, hoy, 41 años más tarde, las poblaciones de animales salvajes -los cinco grandes sobre todo- han descendido en más de 70%, ¿por qué? Sin la caza, disminuye la vigilancia y el control, lo que abona el incremento alocado del furtivismo, verdadera plaga para la fauna en África. Sin la caza, desaparece el interés económico de los nativos en la conservación de animales que le podrían suponer unos ingresos con los que ahora no pueden contar; así que los matan para alimentarse, para dejar más pasto a su ganado o para vender pieles, huesos o carne: un desastre de proporciones bíblicas. La población de elefantes, por ejemplo, era en la Kenia de 1977 de unos 160.000 ejemplares, seis veces más que la de Zimbabue; hoy, en Zimbabue -dónde nunca se prohibió su caza- hay unos 83.000 elefantes, tres veces más de los que quedan en Kenia -unos 28.000- Tal es la tragedia que el Ministerio de Turismo y Vida Silvestre de Kenia, a pesar de la oposición de animalistas urbanitas y ecologistas de cartón piedra, ha creado un grupo de trabajo a cargo de reconocidos científicos y naturalistas para estudiar el levantamiento de la absurda prohibición.

Por el contrario, en Tayikistán -una de las antiguas repúblicas soviéticas de Asia central-, la población de marjor de Bujará -una cabra salvaje de las montañas con cuernos en espiral- en los años 90 estaba al borde de la extinción a causa del furtivismo y el desinterés de la población rural. Tras una ardua campaña para recobrar la población promovida por asociaciones cinegéticas internacionales, se consiguió detener la masacre y se permitió su caza. Hoy el número de ejemplares se ha cuadruplicado, los antes furtivos ahora protegen a los animales cuya caza les proporciona un nivel de vida infinitamente más alto que el que tenían, permitiéndoles salir de la miseria en la que vivían; pastores y habitantes del apartado mundo rural se afanan en cuidar lo que antaño mataban para comer o mal vender por piezas en mercadillos, y la Administración también gana dinero… Por si esto fuese poco, el aumento de la población de marjores ha supuesto un significativo incremento de ejemplares de leopardo de las nieves, una verdadera joya, casi extinta, que, aunque sigue en peligro, cuenta ahora con grandes y ciertas posibilidades de recuperación definitiva.

En España, segundo país de Europa -después de la inmensa Rusia- con más especies de caza mayor; venaos y gamos, corzos y rebecos, cabras y muflones, y arruís y guarros, aumentan, año a año, en calidad de trofeos y cantidad de ejemplares, gracias a la gestión cinegética y a la propia caza. No hay peor ciego que el que no quiere ver…

La caza, y los cazadores, exigimos un respeto al que tenemos todo el derecho; exigimos la protección constitucional de nuestro incontestable derecho a cazar, y exigimos, ¡de una santa vez!, la aplicación contundente de la Ley para detener y castigar los insultos, amenazas, agresiones y delitos de odio de los que somos objeto, un día sí y el otro también ¡Ya 'va-le'!

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