González Byass abre las puertas de su oficina madrileña a 'Km 0'

Si hay una seña de identidad que compartimos jerezanos y madrileños, es el 'Tío Pepe'. No en vano, su figura lleva décadas coronando la Puerta del Sol, epicentro nacional del cambio de anualidad, única fecha en el año en la que los 'españolitos', como decía Mecano, "hacemos por una vez, algo a la vez". Coincidencia nacional, la de tomar las uvas el 31 de diciembre, que esperemos resista a los envites independentistas. Pero me voy del tema.

Este amor por el 'Tío Pepe' quedó acreditado hace unos años cuando las vicisitudes del mercado inmobiliario amenazaron con dejar a la Puerta del Sol sin su fiel guardián, ante lo que la capital del Reino se opuso en su conjunto y defendió con uñas y dientes a esta figura indispensable de su geografía. Y por una vez, los buenos ganamos.

Pero una madre nunca dejará solo a su hijo (o no debería). Y a escasos metros del luminoso más famoso del mundo, en uno de los primeros números de la calle Alcalá, la bodega que en 1835 fundó Manuel María González para criar y vender vino de jerez, tiene oficina propia desde la que dirige la distribución, promoción y venta de los cientos de productos de González Byass por el mundo entero.

Al frente de la oficina madrileña se encuentran el director general de la compañía, Jorge A. Grosse, y su director comercial, nuestro paisano Juan Carlos Zorío, quien ha sido el encargado de abrirnos las puertas de este rincón empresarial jerezano en la capital.

Mi primera impresión tras adentrarme en la sexta planta del edificio de oficinas que acoge las de esta empresa jerezana, no pudo ser mejor. Su cuidada decoración, combina a la perfección la modernidad con la tradición, fiel reflejo del ADN de la compañía.

Enseguida me atendió una amable señorita, Sole, que me hizo pasar a la sala de reuniones 'Lepanto' donde me atendería nuestro anfitrión. El nombre de la sala ya era una buena señal. Un minuto después llegó Juan Carlos Zorío - impecablemente vestido-, y será porque ambos somos jerezanos de la diáspora, pero la conexión fue inmediata. "Aunque no te conozca, dame un abrazo", primera frase. Pinta bien.

Son las 9,00 horas de la mañana. "Por la hora querrás un café". "Sí", le respondo. Aunque no puedo evitar pensar que si fueran las 12,00 otro gallo cantaría. "Te he citado tan temprano porque yo empiezo ahora y no sé cuándo termino, mi media es dormir 3 horas al día, lo tengo asumido, porque esta es la vida del comercial". Tras una breve presentación, inmediatamente empezó a contarme la interesante vida de González Byass en la capital de España.

Fue en el año 1993 cuando la firma jerezana decidió crear una oficina en Madrid, a fin de probar un nuevo sistema de organización que acabó sustituyendo a las antiguas 'delegaciones' que nuestras bodegas tenían en las plazas fuertes del territorio nacional. Precisamente, un jovencísimo Juan Carlos Zorío - con apenas 26 años - fue una de las cuatro personas que abrieron esta primera oficina, y hoy, 25 años después es el "único superviviente de esos cuatro". Está claro que en este cuarto de siglo no les ha ido mal ni a la bodega ni a él. La oficina madrileña ha pasado de tener 4 empleados a más de 40, y Juan Carlos, licenciado en Derecho, y después de pasar por todos los departamentos posibles de la empresa, actualmente ostenta la dirección comercial, y dirige un equipo de 82 comerciales repartidos por toda España, incluidos 3 en las Islas Canarias, como me apuntó nuestro protagonista.

La consolidación de esta oficina madrileña no obsta a que en nuestra ciudad siga permaneciendo el corazón de la bodega, ya que como cuenta Juan Carlos "en Jerez están localizadas la presidencia, vicepresidencia y los departamentos financieros y de producción", por lo que la conexión Jerez-Madrid-el Mundo es prioritaria para esta empresa que, siendo consciente de su implantación internacional, nunca ha dejado (ni dejará) de lado sus raíces jerezanas.

Juan Carlos es un ejemplo vivo de la evolución en los usos y costumbres del comercial de bodega consecuencia del cambio de siglo. "Cuando abrimos la oficina ni existían los móviles ni el correo electrónico", herramientas que ahora parecen imprescindibles para vender. Pero él y su equipo han sabido vender sin móvil o con móvil. Tanto es así que su empresa año tras año es la bodega jerezana líder en facturación.

Fueron muchos los puntos en común con Juan Carlos a lo largo de toda nuestra conversación. Como jerezano ejerciente - conserva su acento intacto a pesar de llevar por estas tierras un cuarto de siglo - es un enamorado de nuestra tierra y de nuestros vinos. Lo que no le impide apreciar las buenas cosas que se hacen en otras denominaciones, y de las que su empresa es también embajadora como 'Beronia' o 'Finca Moncloa', del que me confesó que estaba enamorado. Me arriesgué a preguntarle si el peso del 'Tío Pepe' les dificultaba la venta de otros de los productos de su porfolio. A lo que me respondió con un acertado símil futbolístico "Messi puede jugar y hacer mejor a cualquier equipo. Lo mismo le pasa al Tío Pepe. No podemos tener mejor embajador".

Es impresionante el control que él y su equipo tienen sobre todos los puntos de ventas posibles en la geografía española, ya sean desde un gran mayorista, un supermercado de barrio, el restaurante de moda o el bar más recóndito del Madrid de los Austrias. Juan Carlos se conoce todos. Su objetivo: lograr que "si quieres tomarte una copa de Tío Pepe, la encuentres". Y lo consigue.

Juan Carlos me reconoció que cuando asumió la dirección comercial del grupo en el 2009 le llamaron 'el director de la crisis', pero a pesar de eso "no sólo hemos cumplido con los objetivos año a año, sino que hasta nos hemos expandido". No en vano, al día siguiente de nuestro encuentro, mientras Uds. están leyendo esta página, Juan Carlos está en un avión rumbo a Hispanoamérica para colaborar con los nuevos proyectos de la firma jerezana en Chile y México.

No hay duda de que en Jerez somos unos privilegiados. Nuestro vino, el único de los que se hacen en nuestro país con una elaboración y crianza genuinamente español - no lo olviden -, requiere décadas de cuidados para alcanzar el resultado óptimo que encontramos en los productos de nuestras bodegas, como González Byass. El amor, el tiempo y la dedicación que necesitan un amontillado, un oloroso o palo cortado, implican que este negocio tenga un halo de romanticismo inevitable. Pero ese romanticismo no puede consumirnos porque de qué servirían las bodegas si no vendieran sus vinos. No podrían sobrevivir. Y es ahí donde personas como Juan Carlos dan la talla. Su amor por Jerez y el jerez es indudable, lo tiene en el corazón. Pero sabe conjugar en una misma conversación la magia del fino y sus "micromoléculas centenarias" y el margen bruto de ventas. Y es que, si no es así, estás muerto. Pero, queridos lectores, podemos estar tranquilos, porque al menos, 'Tío Pepe', queda para rato.

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