Tierradenadie

Implacables

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Quieren ser los 'nuevos profetas', intentan arrastrar, más que convencer, a gentes anodinas presas de una incultura vergonzante, lastradas por un consumismo feroz, carentes de la iniciativa necesaria para ser protagonistas de sus propias vidas. Los 'elegidos' gritan, pero no escuchan; esgrimen, no argumentan; imponen, no dialogan. Se muestran como 'neoliberales' de una ideología que pretenden única, enmascarados bajo una ola de "progresismo refrescante y revitalizador", estos auténticos fascistas del pensar tratan por todos los medios -éticos o no; más bien, no- de amontonar supuestas razones, de acumular pretendidos motivos y de acopiar premisas torticeras, para ir amasando adictos sin criterio hasta recolectar una secta de entidades humanoides amorfas a las que difícilmente se les podría reconocer como personas independientes, singulares, y libres.

A modo de ejemplo de lo mentecato que puede llegar a ser el engreído discernir, del todo absolutista, de esta 'casta' de falsos gurús, les traigo el caso de una individua a la que escuchaba apalancarse en la indecencia retórica de la tergiversación a propósito, en esta ocasión, de la Semana Santa. La buena señora mantenía, sin dar opción a alternativa alguna, la "evidencia absoluta e indiscutible" de la separación entre el culto en el interior de un templo y la salida procesional de la cofradía titular a las calles del pueblo o ciudad de que se tratase.

Argüía la charlatana en cuestión que "no debía considerarse la procesión como un acto religioso en sí", puesto que -decía- "más del ochenta por ciento de los cofrades no son cristianos" y lo que hacían -procesionar- lo hacían como "un acto lúdico, por lo que -continuaba la interfecta, sin atisbo de reparo alguno- una procesión de Semana Santa tiene que ser contemplada como una acto público, un festejo como otro cualquiera, sin más, al margen por completo de cualquier connotación religiosa".

Claro, uno se queda algo perplejo al escuchar tamaña boludez -léase: despropósito, disparate, desatino, dislate, barbaridad…- ; luego, el asombro deja paso a la turbación -es decir: al síncope, la consternación, el vahído, abatimiento o desconsuelo-; después, llega la mala leche, el cabreo, la irritación, el hervor de sangre, la cólera desatada, pero también la incredulidad, el azoramiento, la duda y la vergüenza ajena.

No creo que merezcan comentario alguno los 'argumentos' manejados por la 'experta' a la que me estoy refiriendo, se califican por sí solos -tampoco, me conozco, quiero dar rienda suelta a mis bajos instintos y decirle a esta 'prenda' todo lo que me gustaría y, creo, merece…-. Lo que tal vez sí viene a cuento es una reflexión sobre la envergadura e intensidad de la desfachatez que es menester acumular para hacer gala de tal grado de estupidez y, sobre todo, para tener la esperanza de que alguien, con el mínimo de sensatez y ecuanimidad para poder considerarse humano, pueda plantearse siquiera la posibilidad de tener en cuenta sus mezquinos 'raciocinios'.

Porque la cuestión es simple y rancio anticlericalismo: no soy religioso, no me gustan las iglesias, ni la Iglesia, ni los curas, desprecio todo lo que tenga que ver con Ella o con ellos; pero… la Semana Santa arrastra multitudes, no sólo no decae, ¡va a más…! No puedo contra eso, ¡la gente se vuelca!, los niños siguen la tradición de sus padres y abuelos, las cofradías no paran de incrementar el número de hermanos, aumentando día a día su presencia e influencia en la sociedad… No puede ser que sentimientos religiosos y quienes lo representan, a los que aborrezco, hagan suyo lo que debiera ser un simple 'festejo popular', así que desligo una cosa de la otra -divide y vencerás-: religión en las iglesias y fiesta con los 'pasos' en las calles, ¡listo!

Tratan de separar lo inseparable: la Fe, del paso de Misterio o de Palio; la devoción, del respeto a una túnica, a un cirio o a una trabajadera; el fervor, del sentimiento; el silencio, del recogimiento; el sentir, de la tradición; la emoción, del esfuerzo; el sacrificio de la Pasión; la Caridad -generosa y anónima-, de la ingente labor de los cofrades todo el año… todos los años; porque… "como el 80% de los cofrades no son cristianos…" -¡¡¿¿??!!-; como 'El Descendimiento' o 'La Amargura', 'La Buena Muerte' o 'La Soledad', 'El Prendi' o 'El Mayor Dolor', o 'El Gran Poder', o 'La Esperanza de Triana', o el 'Cristo de Mena', o 'El Señor de las Penas' son 'muñecos' puestos encima de una parihuela… ¡pues hala, al lío! La Semana Santa a la calle, ¡es una fiesta!, y la Semana Santa a la iglesia, allí, para curas y beatos ¿Qué si hay gente así…?, pues ya lo ven… ¡sí, hay gente así…!

Para los que la viven -y los que la hemos vivido-, para los que la sienten -y la seguimos sintiendo-, para los que la respetan -y los que la respetaremos siempre- como lo que es: Horas para pensar, venidas para sentir… tiempo de creer. Mañanas de azahar e ilusión… tardes de esperanza, devoción y pasión. Días de Fe… de lágrimas y sentires, de recuerdos… de porvenires. Noches de recogimiento y dolor, de promesas y sufrires bajo la trabajadera, de fervor… ¡Semana Santa!

Sí, somos cristianos, ¡y muchos más del 80%! Sí, creemos en Ella y creemos en Él, y sí, en y con la Semana Santa honramos su memoria y damos gracias por su presencia ¡Respeto!

'Implacables', sobráis.

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