Sin techo

Merecer una vida digna

  • Testimonios de personas que han vivido en la calle: "No podía seguir así, me iba a morir"

  • El centro de día de Cáritas, el hogar de los 'sin hogar'

Fernando y Georgeta posan juntos tras la entrevista, días atrás. Fernando y Georgeta posan juntos tras la entrevista, días atrás.

Fernando y Georgeta posan juntos tras la entrevista, días atrás. / reportaje gráfico: vanesa lobo

"Once años me he tirado en la calle arrumbao. No quería saber nada. Me metí en el alcohol y cuando estaba en la calle era sólo calle. No veía salida y quise quitarme la vida varias veces. Venga bebida, mucha bebida. Y así once años tirado". Es el duro relato de Fernando, un jerezano al que la vida le cambió gracias al albergue municipal, al centro de día de Cáritas y a la que hoy es su pareja, una mujer que también lleva a sus espaldas las heridas de haber sido una 'sin hogar'.

Actualmente hay unas 40.000 personas en situación de sin hogar en España, cifra que aumenta en cuanto a personas que residen en una vivienda insegura (3,6 millones de personas) o inadecuada (5 millones de personas), según los últimos datos de Cáritas. Asimismo, más de 3,8 millones de hogares están afectados por procesos de exclusión social, mientras que un 41% de los andaluces están en riesgo de pobreza y un 12,8 de pobreza severa.

Fernando ha sido usuario del centro de día de Cáritas, un recurso que nació en 2005 junto a las Hijas de la Caridad a raíz de una alarma social que se vio en el centro de la ciudad. "A la vez que trabajamos la cobertura de las necesidades básicas, trabajamos el derecho a que una persona se sienta perteneciente a algo. Tener un hogar significa mucho más que tener un techo. Apostamos por la vivienda a la vez que hacemos un proceso de desarrollo personal, de toma de conciencia", declara Ana Castro, educadora social del centro.

Fernando relata su experiencia junto a Georgeta, una mujer rumana que también llamó a las puertas de Cáritas porque "no podía más", y con la que ya convive bajo el techo de un hogar. "Se me salieron las tripas, tenía una hernia como un puño y estaba durmiendo en la calle con cartones. Yo sabía que no podía seguir así, que me iba a morir. Me fui al centro cívico de San Telmo y me derivaron al albergue. Me duché y me fui a urgencias. Paco Peláez me trató muy bien allí y comí unas lentejitas que no se me van a olvidar en la vida. Estaba desmayao de verdad", recuerda Fernando. En el albergue le derivaron al centro de día de Cáritas y allí "me enseñaron todo lo que tengo visualizado. Además, el señor también me puso a mi compañera en el camino. Mi nueva vida se la debo al albergue, a Cáritas y a Georgeta".

"Vivir en la calle es malo. Tenía mucho miedo. Estuve pidiendo en la calle porque tenía que comer, tenía que vivir. Conocí a una mujer, que ya es mi amiga, y me informó de las posibilidades de Cáritas. Me cerró una cita con Paco (educador), que me preguntó ¿tú estás segura de que quieres cambiar? Y yo le contesté que 'sí, sí'. He hecho un curso de cocina, estuve en un colegio para aprender español, pero ya no. Ahora ya tengo a 'mi español' y estoy feliz", reconoce Georgeta.

"Una de las cosas que estamos reivindicando es que el sistema socioeconómico que tenemos no está funcionando y eso es lo que crea cada vez más personas en exclusión y de descarte", alerta Lourdes Barrera, coordinadora del centro. "Si lo 'normal' es tener una media de 3-4 situaciones estresantes en la vida, ellos -las personas que viven en la calle- en un periodo muy corto de tiempo tienen una media de 7 situaciones estresantes. No le ha dado tiempo a reponerse de una situación como una pérdida, el desempleo, un abandono..., cuando se ha metido en otra. El nivel de sufrimiento que puede tener esa persona es muy alto, ¿qué hace? Aislarse y se esconde en la calle", informa Castro.

Cáritas tiene un modelo de intervención que es el modelo de acción social "en el que nuestra función es ponerle al sujeto por delante potencialidades y debilidades, para que las pueda convertir en fortalezas y de ahí empoderarse y sacar todos los dones que tiene", subraya la educadora. Castro añade que "cuando una persona llega al centro de día el objetivo es que pueda acceder a la red de recursos de la ciudad y cubrirle las necesidades básicas. A la vez, trabajamos todas las dimensiones del ser humano, porque la persona es el sujeto de acción de Cáritas. Lo primero que necesitan es sentirse que son merecedores de una vida más digna".

Precisamente otra vida es la que está descubriendo Pedro, actual usuario del recurso. "Mi situación precaria y situación de la separación fue lo que me llevó a dejar a mi familia en Huelva y trotar por el país. He estado en una casa de okupa, he estado durmiendo en el coche, he dormido en una tienda de campaña y he dormido claro en la calle", declara Pedro. Sevilla, Granada, Plasencia, Cádiz..., han sido muchas las ciudades en las que se ha enfrentado a dormir sin cuatro paredes. Solo con la compañía de la bebida. Y como a Fernando, a Pedro le ha cambiado la vida Cáritas, con la que ya ha hecho un curso de jardinería y ahora está inmerso en otro de restauración. "En Cáritas he encontrado lo principal, una familia. Aquí no son de mi sangre pero sé que tengo algo y que puedo rehacer mi vida aquí. Ellos me pueden dar un empujón, formarme y encontrar lo que más quiero, un trabajito, y volver a incluirme a la sociedad. Porque antes de entrar aquí me sentía fuera de la sociedad, muy fuera", reconoce Pedro.

El objetivo con el que se abrió este recurso de Cáritas se está cumpliendo con éxito, puesto que como indica Ana Castro: "Esta es la casa de ellos. Pretendemos ser calor de hogar".

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