Ministro Rubalcaba, o "Alfredo, el deseado"

  • Más de 1.500 afiliados y simpatizantes del PSOE abarrotan el Palacio de Congresos para recibir al político cántabro en un largo mitin aderezado con las bromas entre graderío y políticos

Zapatero se lo había adelantado en el vuelo que les trajo a Cádiz. "Alfredo, los mítines allí son interactivos". Y Rubalcaba, ministro del Interior y nuevo cabeza de lista al Congreso por la provincia, lo comprobó durante las dos horas que duró su presentación al socialismo gaditano en el Palacio de Congresos de la capital.

Más de mil personas abarrotaron el patio de butacas del auditorio, desde las sillas a los pasillos, y varias docenas se agolparon en el anfiteatro, que se transformó algún instante en una suerte de gallinero del Teatro Falla, con los gritos, cánticos y aplausos propios de una celebración carnavalesca. Una niña le animó desde arriba, "¡Rubalcaba!, ¡Rubalcaba!", justo al iniciar su discurso, y ya le hizo reir. Una señora más mayor le recordó vociferando al estilo María 'La Hierbabuena' que era "igual de viejo" que los más viejos socialistas, y le ayudó a romper el poco hielo que quedaba en el auditorio pasadas las nueve.

Alfredo, sereno y claro, respondió con sus reiterados "agradecimiento" y "orgullo" por representar a la provincia, y recordó a Alfonso Perales, que le mostró hace veinte años Conil y que ahora le hace "sentir una gran responsabilidad" al afrontar las próximas elecciones generales al frente de la lista del Congreso por Cádiz.

Los padrinos del evento, el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, y el secretario provincial de los socialistas, Francisco González Cabaña, abrieron camino al político cántabro ensalzando su trayectoria, sus cualidades personales y la relevancia de su estreno en Cádiz. Los dos fueron coreados por el público, entregado al estrellato socialista.

González Cabaña, más emocionado que de costumbre y apurando su voz hasta el límite de la afonía, le nombró "Alfredo, el deseado, Alfredo, el querido". "Porque aquí te queremos lo mismo que en Cantabria, o más que en Cantabria", pregonó ante el clamor del graderío, que se arrancaba fácilmente con nuevos entonaciones del "¡Rubalcaba, Rubalcaba!".

El eco de los cánticos llegaba al auditorio desde el área de exposiciones del Palacio, junto al patio, donde varios centenares de personas siguieron el evento a través de una pantalla. Muchos habían hecho cola para ver de cerca a ZP y sus compañeros desde una hora antes del evento, pero las gradas se llenaron pronto, cuando la megafonía aún repasaba la lista de éxitos de Los 40 principales.

Manuel Chaves acercó a los socialistas gaditanos la figura de Rubalcaba. Habló de Alfredo, sin apellidos; del catedrático de Química que "conoce una química especial que no se enseña en la universidad: la de entender qué es lo que quieren los ciudadanos, y la de que los ciudadanos le entiendan a él". "No es necesario dar la bienvenida a Alfredo a Cádiz, porque Alfredo es uno de los nuestros", exclamó el secretario general del PSOE en Andalucía.

Zapatero cerró el evento en el atril rojo que representa la Z de su apellido y un discurso ajustado al lema de campaña, "la mirada optimista", que encadiló a un aforo festivo de fieles militantes.

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