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Jerez, tiempos pasadosHistorias, curiosidades, recuerdos y anécdotas

La Nochebuena de Jerez

  • Y uno cierra los ojos y se deja llevar por los recuerdos de aquellas antiguas zambombasCoro de la Cátedra de Flamencología que grabó, en 1982, el primer disco de la colección de Cajasol, 'Así canta nuestra tierra en Navidad', que este año cumple sus bodas de plata, con otras voces y nuevos villancicos. ARCHIVO DEL AUTOR

DICEN que recordar es volver a vivir. Y es bonito hacerlo, cuando lo que se recuerda son cosas agradables, vivencias de juventud, días gratos y noches inolvidables. Y entre estas, la noche buena por antonomasia, que no es otra que la noche de Navidad que aquí, en Jerez, festejamos con el dulce nombre de Nochebuena. Noche que cada año se repite, con los mismos recuerdos, con los mismos villancicos, con la misma música runruneante de la bronca zambomba de barro y muselina, con el enhiesto carrizo, y las mismas manos mojadas, para frotar su aspereza; al son de palmas y panderetas, botella rayada y metálicos morteros, almireces caseros, con el que marcar con su tintineo el compás de la más bulliciosa fiesta del año.

Y uno cierra los ojos y se deja llevar por los recuerdos de aquellas antiguas zambombas, que han vuelto otra vez a sonar por los barrios, gracias a La Caja - la de Jerez, la de San Fernando y Cajasol, todas en una, a la que hay que felicitar por las bodas de plata de sus impagables discos de "Así canta nuestra tierra en Navidad"- que nos devolvió la perdida tradición de coplas y romances de vieja y religiosa costumbre popular, tan enraizada en nuestros ancestros.

Y la Nochebuena de Jerez es bien distinta a todas las demás. Ni mejor, ni peor, distinta. Más del pueblo llano y, por lo mismo, más entrañable; lo que ha hecho que se haya hecho más querida por propios y extraños, que vienen a vivirla por estas fechas, buscando su regocijo por patios y corrales de viejas casas de San Miguel y Santiago, dejándose llevar del alegre sonido de la fiesta que nuestra buena gente sabe improvisar tan alegremente, abriendo las puertas de sus casas, de sus entidades culturales, de sus bodegas, de sus peñas flamencas, de sus bares chicos y grandes, y de sus plazas más escondidas y recoletas, alrededor de una cálida fogata; mientras el inconfundible aroma del mieleo de los pestiños se nos adentra por el olfato, trayéndonos a los sentidos un cúmulo de sensaciones de navidades de nuestra más lejana niñez, vividas en el seno de la familia, junto a los padres y los abuelos, los amigos y los vecinos.

Los más viejos, recordamos aquellas Nochebuenas de nuestra ya lejana juventud, en que visitábamos ilusionados y bien abrigados, con nuestro abrigo y nuestra bufanda bien subida, una casa y otra, un patio y otro; algunos llevando bajo el brazo una botella de anís o de vino; fraternizando en alegre camaradería con personas desconocidas, pero gratas y abierta a la más hospitalaria recepción, al encuentro del amor repartido en noches de singular alegría, con la esperanza puesta en el que iba a nacer. Aunque la copla dijera que "es mentira que no nace / esas son las ceremonias / que tos los años se hacen". Pero que sí, que al final, estábamos seguros de que nacía en nuestros corazones, llenos de júbilo. Por eso lo celebrábamos y lo seguimos celebrando, un año y otro, cada diciembre, cada NavidadýCada Nochebuena. Esa que lleva el apellido que le da el nombre de Jerez.

Nochebuena de Jerez, única, distinta, con sabor a Jerez y a jerez; a su gente, a su aire; a su soniquete aflamencado, a su revitalizado coplerío; felizmente salvado del olvido, recuperado por la voluntad de Cajasol, que ha sabido conservar ese tesoro de música de nuestro pueblo, enriqueciéndola durante veinticinco años con nuevos romances y villancicos; con nuevos sonidos, con nuevas ideas; con adaptación de viejas y nuevas letrillas de grandes poetas, clásicos y modernos; con el lujo, una vez más, de voces selectas, de artistas ilustres que no tuvieron a menos hacerse pueblo, bajando de los grandes escenarios, para unirse al coro de voces de nuestros flamencos; dejando por una vez las grandes orquestas que tantas noches acompañaron sus privilegiadas voces de cantantes famosos; para recordar, para revivir, también, sus propias fiestas familiares; cuando ellos fueron niños y jóvenes, entre su gente, cantando estas o parecidas coplas que, ahora, un año más, nacen, renacen, acuden a nosotros, con espíritu solidario, para recordarnos que se acerca la Navidad, la entrañable Navidad que debe acercar a todos los hombres de buena voluntad.

Y en el origen de todo ese coplerío navideño, no olvidemos que está la tradición más pura, sentida, entrañable y privilegiada de una Nochebuena única, distinta, que todos quieren escuchar; que ya se sale de las fronteras de este Jerez del vino y de los caballos, del cante y del baile Una Nochebuena que ya nos reclaman desde Madrid y otros lugares, para conocerla mejor y hacerla suya: la Nochebuena de Jerez. Aquella que antaño cantara el Niño Gloria, paseándola por todos los escenarios de España, junto a La Argentinita; y que los jerezanos, entre todos, hemos sabido guardar, recordar, conservar y cantar un año y otro, haciéndola cada Navidad más grande e irrepetible.

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