El nuncio del Papa Benedicto cumple en Capuchinos su promesa a la Defensión

  • Monseñor Manuel Monteiro de Castro ofició ayer su función principal de instituto y salda así el compromiso que adquirió el año pasado en el cincuentenario de la Hermandad de la calle Sevilla

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La Hermandad de la Defensión celebró ayer la que se puede considerar como la más inmejorable de las funciones principales de instituto que imaginarse puedan. No en vano, monseñor Manuel Piñeiro de Castro, nuncio del Papa para España-Portugal y príncipe de la Iglesia, presidió los actos que, con todo boato, tuvieron lugar ayer en el templo conventual de los Padres Capuchinos.

La hermandad de la calle Sevilla invitó al nuncio de Su Santidad el año pasado con motivo de su cincuentenario fundacional. La intensa agenda del embajador de la Santa Sede hizo imposible que éste acudiera, "si bien nos solicitó que le aportáramos más fechas para intentar compatibilizarlas con los compromisos de su cargo", explicó a este medio el teniente de hermano mayor, Francisco Javier Franco. Y al final la fecha de ayer fue la elegida.

La función principal contó con la tradicional representación militar, la cual estuvo encabezada por el teniente coronel Juan Reguera, que representó al general Sañudo, jefe de la Zona Sur. El teniente coronel acudió con cinco gastadores mandados por un cabo. La orden capuchina, igualmente, contó con numerosa representación, caso del provincial de la orden, Mariano Ibáñez, quien acompañó en el altar a los sacerdotes que concelebraron la eucaristía junto a monseñor Monteiro, que fueron los casos del director del Seminario Diocesano, Ignacio Gaztelu, y el predicador de los cultos, Miguel Ángel Osés, guardián del Convento de Sangüesa (Navarra). La ceremonia contó además con una inmejorable capilla musical, la cual estuvo a cargo de la coral del conocido organista jerezano Ángel Hortas.

Una vez concluida la ceremonia, el nuncio del Papa fue invitado a firmar en el libro de honor de la cofradía, donde dejó un mensaje escrito a puño y letra que ocupó toda una página. Igualmente, monseñor Monteiro fue el encargado de descorrer el lienzo morado bajo el cual se ocultaba a las miradas el nuevo guión de la corporación nazarena, que ha sido donado por los trece hermanos fundadores que aún viven de aquellos veinticuatro que el 6 de julio de 1957 disfrutaron de la erección canónica de la corporación, a la que dio su visto bueno el cardenal Bueno Monreal.

Fue en la intimidad de las dependencias del convento capuchino, al lado prácticamente del tradicional belén de corte italiano que allí se exhibe cada Navidad, donde el nuncio conversó con la junta de gobierno que preside José María Prieto Guinea. Allí reconoció "lo mucho que me gusta esta preciosa ciudad", a la cual ha viajado en dos ocasiones en el último trimestre -algo realmente destacable- y se explayó sobre uno de los misterios religiosos que más le gustan y atraen como buen portugués: las apariciones de Fátima. "Fue así como tres niños cambiaron el rumbo del mundo", manifestó.

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