Pintura abstracta realizada con técnicas mixtas sobre lienzo

Pintura abstracta realizada con técnicas mixtas sobre lienzo Pintura abstracta realizada con técnicas mixtas sobre lienzo

Pintura abstracta realizada con técnicas mixtas sobre lienzo

Una definición básica de abstracción podría ser la ausencia de elementos concretos sustituidos, éstos, por formas y colores que, en un momento dado, pero no siempre, podrían llegar a levantar ciertas evocaciones. La obra de Santiago Cervera manifiesta ampliamente este planteamiento abstracto. Si nos situamos ante esta gran pieza; lo primero que el espectador observa es la ausencia total de figuración, de elementos concretos extraídos del entorno y pintados para que establecieran la ilustración de todo lo que constituye esa realidad. Por el contrario, ante la mirada aparece un gran campo de color, establecido mediante tintas planas, que inunda la escena cubriendo casi tres cuartas partes del espacio. La limpieza de la superficie, sin ningún elemento distorsionador que imponga a la visión la representación de lo concreto, levanta una cierta inquietud. La ausencia de formas reales aumenta la extraña sensación. De pronto, la mirada es atrapada por un área mucho más colorista que rompe la limpieza cromática de toda la gran zona anterior. El ojo descubre nuevas sensaciones desde ese diálogo callado que mantienen los colores. Las distintas gamas interactúan, se contraponen, parece aumentar su fuerza las más frías y difuminar su vasta extensión aquellas que componen la superficie más grande. En la parte inferior izquierda el contraste se acentúa; los poderosos azules compactan su fuerza expresiva con el apoyo estructural de unos contundentes negros que dan mayor fortaleza visual al conjunto de la obra.

Ante la reducción absoluta a los elementos coloristas, el espectador debe renunciar a buscar concreciones. La obra exige una mirada totalmente diferente a la que se le ha de conceder a un cuadro que representa la realidad. En la obra de Santiago Cervera la ilustración figurativa, los episodios reales, han sido sustituidos por la fuerza del color y por su simbología. Las posiciones habituales que la pintura realista ofrece aquí no tienen el mismo sentido. La obra exige una nueva mirada, aquella que pasa por la emoción, por descubrir las sensaciones que ofrecen los espacios cromáticos, por dejarse emocionar por aquello más profundo que nos puede proporcionar una obra realizada más para el espíritu que para la vista.

Se trata de una obra que necesita, aparte de esa mirada diferente, abrirse por completo a ella; buscarle su sentido no físico; dejarse llevar por los sentimientos y las emociones que puedan producir y nunca darle la espalda porque en ella no aparecen los registros ilustrativos de lo real.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios