Jerez íntimo

El Pregón de los Reyes Magos

Hay quien no cree en Jesucristo, abomina de las enseñanzas puras de su Evangelio, arremete a tontas y a ciegas contra todo signo católico y sin embargo se endosa entre pecho y espalda -¡tan ancho y tan pancho!- el más pantagruélico banquete allá cuando la Nochebuena alcanza su cénit. ¿Para celebrar qué? ¿Los arrebatos de su sedicente incoherencia? ¿Para -a renglón seguido- untar las tapas sin solapas de su ígneo zigzag, de su flatus vocis, de su contradictorio guarismo? ¿De su longa manus? ¿De su anchísima es Castilla? ¿De su careto de tomo y lomo? A veces cuesta Dios y ayuda mal disimular las incoherencias perpetradas por la mano ejecutora del arma de destrucción masiva -efecto rodillo- de cierto recalcitrante laicismo. Los enemigos -a menudo carroñeros- de los usos y costumbres de origen religioso malbaratan la tesis -¿dije tesis?- visionaria, taumatúrgica e inclusive profética que cacarean a destiempo de su propio contraejemplo. Cosas veredes… alertaba el Quijote.

Debemos -ojo avizor- estar alertas. Con vaselina -o con masilla de cristal de doble ancho- pretenden colarnos de rondón -a la chita callando- cierto confusionismo a propósito del significado primigenio de convocatorias y celebraciones cristianas. Sante parole! Para maquillarlas al retortero de cualquier sinopsis de progresía. ¡Cuán vivarachos parlan los falsos profetas de las libertades de boquilla y los videntes de lo absoluto! ¿De la contracultura del discurso -o del recurso- dominante? Respetando en demasía -por lo común en demasía- la opción de cada cual -el nudo dialéctico de sus creencias o descreencias-, los cristianos no podemos bajar la guardia. Y continuar con el mazo dando: el del testimonio personal y comunitario. La fe vergonzante es elección prohibida. ¿Quién dijo miedo?

Viene semejante filípica a colación porque Jerez cuenta desde hace tres Navidades con una convocatoria que -ideada y nacida al arrullo de la iniciativa privada- aspira por años a crear alianzas institucionales en la consolidación de su crecimiento: el Pregón de los Reyes Magos. Poco o nada importa quién o quiénes tallen la gestión de su puesta en marcha. Lo trascendental en este caso estriba en la finalidad de la exaltación que hoy miércoles, a las 20.00 horas, abrazará su tercera edición. ¿Dónde? En el salón de actos de la Real Academia de San Dionisio, sito en calle Consistorio número 13. Si a la fórmula añadimos que el pregonero responde al nombre de Manuel Alcocer, uno de los más firmes baluartes y defensores de todo cuanto concierna a la Navidad en Jerez, entonces basta la férula expresiva y sobra toda clase de aditamentos. Manolo, un hombre entusiasta y proactivo donde los haya, ha sido durante doce fecundos y fructuosos años presidente de la Asociación de Belenistas de Jerez y, por descontado, Rey Mago de la ciudad (corría el año del Señor de 2014).

¿Qué finalidad persigue -qué razón de ser arropa- la organización de un acto de tales características -inexistente hasta la fecha en la ciudad-? En primer lugar, y al abrigo de lo anteriormente expuesto, significar el origen religioso de la gran fiesta de la Epifanía. Que nadie pretenda reorientarla hacia los Cerros de Úbeda para a la postre salir por la vía de Tarifa. Pero es más: el Pregón de los Reyes Magos exalta y pone en alza los valores genuinos -y que jamás deben difuminarse con el devenir de los años- de la gran fiesta de los Reyes Magos, esto es: la grandeza de espíritu por la alegría del prójimo, las demostraciones implícitas de cariño, la llama de la ilusión, la conservación de la tradición, la pujanza de la solidaridad, la riqueza de mantener y de reavivar al niño que siempre llevamos dentro, la defensa por la urdimbre y la vivencia y la unidad familiar, etcétera. La gestión cultural también reporta hechos diferenciales. Y los Reyes Magos siempre encarnaron un distintivo de calidad. He aquí, señores, su Pregón. Esta noche, en la Academia, sabremos refrendarlo de nuevo. ¡A mayor gloria y honor de Melchor, Gaspar y Baltasar!

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios