Seguimos celebrando

Si en nuestra entrega de marzo nos hicimos eco especial del Día de la Poesía, no podemos dejar atrás la celebración del Día Mundial del Teatro celebrado, como todos los años desde 1961, el pasado 27 de marzo. Para conocer cuál ha sido el mensaje de este año, de la francesa Isabelle Huppert, y algo más sobre ese día (además de la extensa lista de pregoneros) podemos visitar la página de Wikipedia que recoge este evento.

En breve, en el blog cuya dirección se recoge arriba, aparecerá un listado de editorial y colecciones que publican o han publicado libros de teatro pensando en el público infantil y juvenil.

Pero sigamos adelante porque estamos a 4 de abril y acabamos de celebrar el pasado día 2 el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, del que ya dimos referencias en nuestra entrega anterior. Nos toca hablar del 23 de este más en el que se celebra el Día Internacional del Libro y los derechos de autor.

Resulta, al menos para mí, muy difícil encontrar los datos, cartel y mensaje oficiales para este año desde la UNESCO. Es probable que vaya saliendo más adelante. Lo que sí se sabe ya es que la Capital Mundial del libro de este año es la ciudad de Conakry, capital de Guinea.

Y para que tengamos al menos un texto oficial y de interés para ese 23, en caso de no conseguir a tiempo el de este año (si es que lo publican), recojamos el del año anterior firmado por la propia Directora General de la Unesco, Irina Bokova, para el año anterior. Decía así:

No hay nada como un libro.

Un libro es un vínculo entre el pasado y el futuro. Es un puente entre generaciones y entre culturas. Es una fuerza para crear y compartir la sabiduría y el conocimiento.

Frank Kafka dijo una vez: "un libro debe ser un hacha para romper los mares congelados dentro de nuestra alma".

Ventanas a nuestra vida interior, los libros son también la puerta a la comprensión y el respeto entre los pueblos, más allá de las fronteras y las diferencias. En todas sus formas, los libros encarnan la diversidad del ingenio humano, dando cuerpo a la riqueza de la experiencia humana, verbalizando la búsqueda de sentido y de expresión que comparten todas las mujeres y todos los hombres, que hace avanzar a todas las sociedades. Los libros contribuyen a unir a la humanidad como una sola familia, compartiendo un pasado, una historia y un patrimonio, para forjar un destino común donde todas las voces sean escuchadas en el gran coro de las aspiraciones humanas.

En el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, en colaboración con la Unión Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas, esto es lo que celebramos: el poder de los libros para fomentar la creatividad y promover el diálogo entre las mujeres y los hombres de todas las culturas. Doy las gracias a Wroclaw (Polonia), Capital Mundial del Libro 2016, por su compromiso con la difusión de este mensaje en todo el mundo.

Esto nunca ha sido más importante, en un momento en que la cultura es objeto de ataques, en que la libertad de expresión se ve amenazada y en que la diversidad afronta un auge de la intolerancia. En tiempos revueltos, los libros representan la capacidad humana de evocar mundos reales e imaginarios y expresarlos en palabras de entendimiento, diálogo y tolerancia. Son símbolos de esperanza y de diálogo que debemos valorar y defender.

William Shakespeare murió el 23 de abril de 1616, solo un día después que Cervantes. En este día, hago un llamamiento a todos los asociados de la UNESCO para compartir este mensaje: los libros tienen el poder de contrarrestar lo que Shakespeare llamó "la maldición común del género humano, la necedad y la ignorancia".

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