"Temía que el coche volcara, me quedé atrapado en la riada"

  • Los agentes y el primer conductor al que salvaron en La Asunción se reencuentran tras el suceso y explican cómo procedieron

  • "En ese momento no ves el peligro que corres", cuentan

Alrededor de las dos de la mañana del miércoles, el día de la gran tromba que azotó Jerez, Manuel Cobo volvía a casa, ubicada en La Asunción, de tomar algo con unos amigos. Aprovechó un momento en el que escampaba para dirigirse en su coche. Pasó junto a la antigua fábrica de botellas y tomó la avenida de la Universidad. Vio que, a pesar de las riadas, un coche conseguía circular. A medida que se acercó a la glorieta de La Asunción en la que confluye la avenida con Rafael Verdú, comenzó a subir el nivel del agua, hasta que finalmente el vehículo flotó. "Primero pegué un acelerón, a ver si conseguía salir; luego frené, pero nada. Entré en la rotonda dando vueltas y acabé golpeándome contra la valla del lateral de la nueva comisaría", relata Manuel. En su móvil quedaba un 5% de batería. "Llamé a la Policía, pero comunicaba, no daban abasto. Yo no quería llamar a mi familia para no asustarles, pero al final les avisé. Mi madre se puso en lo peor y no paraba de llorar". Finalmente, la Policía Nacional recibió el aviso.

Los agentes José Manuel Ruiz Barroso y Antonio Rodríguez Llucia, ambos de la comisaría de Jerez y ambos de Ubrique, fueron enviados al lugar. Primero, se ubicaron sobre la glorieta. Rodríguez se tiró al agua, que bajaba con fuerza desde la Universidad y desde Rafael Verdú en dirección a la Asunción. El agua llegaba a la mitad de la ventanilla del vehículo, un coche muy ligero. "Temía que volcara. Conseguí abrir la puerta del copiloto, pero si saltaba no sabía dónde podría acabar. Un amigo me había pasado antes un vídeo del Olivar de Rivero. Estaba atrapado". A cientos de metros amanecieron coches que estaban aparcados en la bolsa de aparcamiento ubicada junto a la rotonda, lo que da una idea de la fuerza de la corriente.

El primero en mojarse fue Rodríguez. "Le echó valor aquí mi compañero", dice Ruiz Barroso. Los agentes formaron una cadena para llegar hasta la valla. "Había que caminar con las piernas arqueadas, bajando el culo, porque si caminabas recto te tiraba el agua y a saber dónde acababas", añade Rodríguez, que consiguió agarrarse al vallado mientras el vehículo, con una de las ruedas dentro de un alcorque, no paraba de oscilar. El uniformado Barroso salió de nuevo a la glorieta e hizo señales a un camión de Urbaser que realizaba su jornada de recogida de basuras. Le hizo ademanes para que se acercara. Iba conduciéndolo Antonio, un veterano de la plantilla. Cuentan en la empresa que su timidez le impide asumir 'protagonismos', como él dice, y no ha querido participar en esta información. "Pero sin él no habríamos conseguido", dicen los policías. Antonio llamó al encargado del turno de noche y éste le dio permiso para intervenir. Barroso se montó en la escalerilla de la cabina, y agarrado en un retrovisor, se dirigieron hacia el vehículo en el que se encontraba atrapado Manuel. Muy lentamente y con cuidado de no golpear el coche, que podría haberse desprendido violentamente, con riesgo incluso de volcar poniendo en peligro tanto a Manuel como al agente Rodríguez, que se mantenía como podía en la valla. Realizada la maniobra, éste último ayudó al ocupante a salir por la ventanilla del conductor. Primero, la víctima se montó en el capó y alcanzó la puerta de la cabina del camión, agarrándose también a un retrovisor. Rodríguez realizó la misma operación y los cuatro protagonistas salieron de la riada. En ese momento, también sacaron a un segundo conductor, que se encontraba en circunstancias similares.

El agradecimiento de Manuel es enorme. "Yo soy una persona tranquila, en ese momento no me puse nervioso, pero cuando pasan las horas te vas dando cuenta de que podría haber salido mal. En ese momento ya lo piensas, yo vi el riesgo de que el coche volcara conmigo dentro o de que la corriente me arrastrase hasta donde no sé dónde, pero no tenía miedo". El vehículo ahora no arranca y deberá pasar por el taller. Es el mal menor. "Yo siempre he sido consciente de la labor que hacen los policías y guardias civiles. Pero ahora que muchas veces se les pone en duda, yo los quiero defender aún más. Cuando te ves en una así, ves lo importante que es contar con ellos". Los agentes lo agradecen, pero "es nuestro trabajo, es lo que tenemos que hacer. A veces te la tienes que jugar... No sé, es la pasta de la que estamos hechos, la adrenalina hace que ni te lo piense". Venían de recibir avisos por alarmas que saltaban como consecuencia de los truenos. Al finalizar en La Asunción, 'cazaron' a un hombre en la zona Sur que trataba de entrar en la vivienda de su pareja por un balcón. "¿Cómo se sigue trabajando después de una actuación así?", se les pregunta. "Pues mojados", ríen. "Es nuestro trabajo", insisten.

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