Jerez, tiempos pasadosHistorias, curiosidades, recuerdos y anécdotas

Viejas bodegas de finales del XIX

  • Hablemos de bodegas. Bodegas grandes y bodegas pequeñas que se mantuvieron o bien desaparecieron absorbidas por otras de mayor empuje empresarial durante los últimos años de hace ahora dos siglosMonumento, junto a la Catedral, en memoria de uno de nuestros más grandes emprendedores del vino de Jerez : Manuel María González Ángel, fundador de la casa González Byass.

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Muchas de ellas desaparecieron para siempre; unas porque quebraron y otras porque cambiaron de nombre; aunque la mayoría fueron absorbidas por otras de más fuerza y empuje empresarial. Así se fueron haciendo más grandes, las que supieron capear toda suerte de temporales, venciendo multitud de dificultades, para llegar a nuestros días, en manos expertas y sabias. Aunque algunas, consideradas muy grandes y muy fuertes, al final también terminaron sucumbiendo, en los últimos tiempos, como es de sobra bien conocido de todos los jerezanos. Hasta darse el caso de tener que vender a otras firmas sus mejores y más acreditadas marcas.

Estoy hablando de bodegas. De bodegas grandes y chicas que fueron cambiando de manos, con el paso de tiempo, generalmente para integrarse en otras con más poder de expansión.

Pero no siempre fue así, y si retrocedemos a finales del siglo XIX, veremos que de todas ellas son muy pocas las que subsisten, con el primitivo nombre con que fueron fundadas. Para ser más exactos, podemos decir que si consultamos viejos libros, periódicos y legajos de archivo, tan solo una bodega se salvó de la quema, llegando hasta nuestros días, con más prestigio y con más solvencia empresarial: González Byass, la vieja casa de extracción, fundada en 1835 por Manuel María González Angel, que empezaría como una pequeña bodega y, tras unos años asociado con el francés mr. Dubosc, figurando como González Dubosc, en 1855, se asocia con mr. Robert Blake Byass, su agente en Inglaterra; naciendo así la potente compañía González Byass, sociedad que duraría hasta que la familia Byass se retiró del negocio, en 1988; quedando la bodega, a partir de entonces, prácticamente casi al cien por cien, en manos de la familia de los González.

A finales del XIX, la bodega del Tío Pepe, facturaba como González, Byass & Cº Limited, con oficinas en Londres, en el 110 de Fenchurch Stret, y en Oporto, en Villa Nova de Gaya; anunciándose como productora de vinos de Jerez y de cognac jerezano puro de uva de sus renombradas viñas, situadas en los mejores pagos de la zona; contando además con bodegas en Montilla, Sanlúcar y Puerto Real, y con agentes en todos los países. Su representante general en España era, don Ricardo de Valderrama, con domicilio en el Hotel de París de Madrid, en el mismo edificio donde hace años que luce el anuncio luminoso del Tío Pepe, en la Puerta del Sol.

Las demás bodegas jerezanas del XIX todas fueron desapareciendo, al ser adquiridas por otras de mayor empuje. Tales, por ejemplo la firma García, Borbolla y Cª que, a su vez, eran sucesores de Eladio García y, antes, de J. Ibarburu y Cª, fundada en 1849 y con bodegas en las calles Pedro Alonso 10, Diego Fernández de Herrera, 2 y 4, y San Francisco de Paula 12; con casa en Londres. Como también las tenían otras bodegas, tal la denominada Juan P. Marks, almacenista y exportador de vinos de Jerez y Oporto, con bodegas y escritorios en la calle Pizarro 10 y 12; Gordon & Ramírez, que estaba en la calle Arcos 46; F. W. Cosens y Cª; o Manuel Misa; y Manuel Gamboa Ramírez, con oficinas en la calle del Sol 25, que también era "exportador de uvas a lejanos países, con envase especial para su buena conservación".

Otras casas extractoras, como se llamaba entonces a las bodegas, tenían sucursales en París, en Oporto y hasta en Méjico y otros lugares. Como, por ejemplo, la bodega Antonio R. Ruiz Hnos, de la calle Lechugas 8 - ahora, estos días, transformándose en viviendas - que poseía casas en Londres, México y La Habana; o J. P. Pemartín, fundada en 1818, como Julián Pemartín y, luego, como Pemartín y Cª, con bodegas de extracción en Huerta Pintada y de almacenado, en calle Portería, que llevaría sus productos a Londres, París, Nueva York, Dublín, Liverpool, Berlín, Hamburgo, Viena y principales mercados de ultramar; o la casa fundada en 1902, bajo la dirección de Arturo D. Williams, que tuvo sucursales, primero en Nueva York, y luego en Sanlúcar de Barrameda.

Todas esas primitivas firmas bodegueras fueron desapareciendo, con el tiempo. Como la del cosechero, almacenista y extractor Rafael García del Salto, que poseía importantes almacenados, y viñas en los pagos de Macharnudo, Bilbaína Alta y Baja y Carrahola; contando con corresponsales en Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, México y Canadá; y escritorios propios, en Londres y en París, donde además poseía unos depósitos en el 35 de la rue Butte de la Seine. Las bodegas A. R. Valdespino, ubicadas en el Pozo Olivar 16, que eran proveedora de la real casa y de los Duques de Montpensier, tenía escritorio en Londres, en el 79, Mark Lane, y en Burdeos, en el 124 rue du Jardín Public.

También desaparecerían, a lo largo del pasado siglo, estas otras firmas bodegueras: Manuel Fernández; Goytia Hnos.; Aurelio Segovia, que tenía depósitos y escritorio en París; J. B. González; F. Carrasco Hermanos, con sucursal en México; José de Fuentes Parrilla , que era extractor de vinos de Jerez, Sanlúcar, Madeira, Oporto, Alicante y Valdepeñas; Gordon y Doz Hnos.; J. Leña Rendón y Cª; Gutierrez Hnos, con casa en el Paseo de Gracia 122, de Barcelona; Francisco Pacheco y Cª, con bodegas en Jerez y en El Puerto; la compañía holandesa Hesselink Hnos. y Cª, con oficinas en la calle Medina 3 y 5 y en Arnhem (Paises Bajos); Perié y R. Barreto; Fernández y Cantillo; Juan Carrasco y Hnos. con sucursal en México; José Mª de Morales; A. Deleyto y Cª; P. Díaz López y Cª; José Oronoz; J. López Lamadrid; González y Morales, Balbás, Camacho del Rivero, Atané, Alvarez Algeciras, Antonio Ballesteros, Benitez Cubero y Cª, Berrio Azúa, Gualterio J. Back, La Riva, Rivero (CZ), etc. etc.

Y, entre otras, la firma Carmona & López, que tenía sus bodegas en la calle Avila y que, aparte de producir vinos, cognacs, aguardientes y licores, curiosamente era, también, productora de aceites; los cuales exportaba en bocoyes y cajas en diferentes tamaños; para el surtido de botes de lata y botellas. Producción ésta que, en los últimos años, con gran calidad y finamente embotellado, ha emprendido con buen éxito la firma González Byass, con el único antecedente, hace más de un siglo, de las bodegas de los señores Carmona & López.

Aunque lo más interesante de todo este recuento de firmas bodegueras, de finales del XIX, sería poder averiguar a qué otras bodegas fueron a parar, las soleras de los vinos de aquellas que cerraron sus puertas, con el paso del tiempo, por las causas que fueren, generalmente de índole financiera; y que ahora bebemos con otros nombres y marcas.

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