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La barriada que se quedó estancada

  • San Juan de Dios, de "modelo de renovación urbana" a la perpetuidad de la infravivienda

  • Ni siquiera a largo plazo se habla ya de recuperar el viejo proyecto de construcción de nuevos pisos

El acto de colocación de la primera piedra del primer bloque de viviendas nuevas causó una gran expectación entre los vecinos. El acto de colocación de la primera piedra del primer bloque de viviendas nuevas causó una gran expectación entre los vecinos.

El acto de colocación de la primera piedra del primer bloque de viviendas nuevas causó una gran expectación entre los vecinos.

"La vivienda es el principal problema del barrio de San Juan de Dios. Los problemas más comunes son el hacinamiento, la existencia de barreras arquitectónicas, tanto dentro de los domicilios como en la estructura de los bloques, y las condiciones de deficiente habitabilidad, tanto por antigüedad como por conservación". Esta descripción podría ser parte del estudio sobre la barriada que Cáritas presentó la pasada semana, un pormenorizado informe que alertaba de una grave situación de infravivienda. Pero no es así: corresponde a un informe realizado por la Empresa Municipal de la Vivienda (Emuvijesa) hace más de tres lustros, concretamente en 2002, 16 años en los que la situación no ha hecho más que empeorar.

El informe de Emuvijesa avalaba para un Ayuntamiento gobernado entonces por Pedro Pacheco la necesidad de poner en marcha un plan integral, que al margen de actuaciones de otro tipo, se centraba en una ambiciosa intervención urbanística, que a grandes rasgos pasaba por echar abajo la barriada para levantar una nueva con viviendas en una planta, de mayor tamaño y sin problemas de accesibilidad.

La alcaldesa ya ha dejado claro que la construcción de nuevas viviendas es imposible

La remodelación integral de San Juan de Dios iba a ser, según el Ayuntamiento, "un modelo de renovación urbana". El proyecto se orquestaba de tal forma que no iba a ser preciso el realojo de los vecinos, con el problema que eso hubiese supuesto en una barriada con más de mil habitantes. Se construiría primero, en los terrenos que ocupaba el centro de barrio, un edificio de dos bloques con un total de 72 pisos y una vez terminado se trasladarían a los mismos las familias de las viviendas situadas en la calle Fray Pedro de Egipcíaco; en otra fase, se tirarían los bloques antiguos ya desalojados y sobre el solar se levantaría otro edificio de viviendas nuevas. Así sucesivamente hasta finalizar las siete fases en que se dividía el proyecto para la ejecución de los nuevos edificios, cuyas viviendas de protección oficial se cederían en régimen de arrendamiento.

Al proyecto en cuestión se le empezó a ver luz cuando el 6 de noviembre de 2004, Pacheco, para entonces ya delegado de Urbanismo en el gobierno de los pactos, primero con el PP y luego con el PSOE, ponía la primera piedra del edificio de 72 pisos. El acto provocó una gran expectación entre los vecinos, ilusionados con el inicio de una nueva etapa para la barriada, que se había construido en los años 60 de la mano del antiguo Ministerio de Vivienda, paradójicamente para luchar contra el chabolismo y el hacinamiento de muchas familias en casas de vecinos.

No se presumía aquel noviembre que aquellos serían los dos únicos nuevos bloques que se levantarían y por añadidura, los problemas vendrían después para demoler las viviendas que quedaron desocupadas. Los problemas legales y administrativos con varias familias que impedían al Ayuntamiento hacerse con la titularidad de las mismas y poder tirar los bloques iban postergando la demolición. Las viviendas nuevas se habían entregado en agosto de 2006, pero no fue hasta julio de 2009 cuando se iniciaba el derribo de las viejas. En medio de estas dos fechas, los vecinos pasaron un auténtico calvario, que llevó a manifestaciones y protestas ya que los bloques desocupados, saqueados por completo al poco tiempo, se habían convertido en un auténtico peligro. No sólo el vandalismo se adueñó de estas viviendas, pese a que el Ayuntamiento intentó dificultar el acceso a las mismas, los incendios también eran frecuentes y la zona pasó a ser un vertedero.

Aún entonces el gobierno municipal, con Pilar Sánchez como alcaldesa, mantenía el proyecto de realojos en pie y es más, en un alarde de optimismo, ofrecía a los vecinos otra alternativa para acortar los plazos en los que podrían disfrutar de las nuevas viviendas: o el proyecto inicial, con varias fases, lo que significaba que la remodelación total no estaría hasta dentro de diez años o acometer la construcción en una sola fase, con lo que el Ayuntamiento estimaba que todos los vecinos tendrían sus nuevos pisos en 2010. Para ello, el plan pasaba por construir en San Juan de Dios y en las inmediaciones de San Valentín, alrededor de 260 viviendas en bloques. En 2007 el Ayuntamiento convocó a los vecinos a una asamblea, en la que se decantaron por la opción más rápida. Desde entonces los plazos para el inicio de la construcción se fueron sucediendo de igual forma que los incumplimientos.

En los años en los que el PP, con María José García-Pelayo al frente, gobernó en el Ayuntamiento el proyecto ya se dio prácticamente como inviable, con el argumento de que no se disponía de financiación de la Junta de Andalucía. La pasada semana, la alcaldesa Mamen Sánchez también daba la puntilla a la ambiciosa remodelación de San Juan de Dios. Evidentemente, nunca el Ayuntamiento podrá hacerse cargo con fondos propios de un proyecto de tal envergadura, y las subvenciones recogidas en los planes de vivienda de la Junta -manifestaba la alcaldesa- van orientados a la rehabilitación y no a la construcción. Levantar nuevos pisos, agregaba- Sánchez- es imposible.

Como consecuencia, el deterioro de San Juan de Dios ha sido progresivo, ha habido una ausencia total de intervenciones, ni siquiera en mantenimiento, tanto en los espacios públicos, como en el interior de las viviendas. De un lado, la titularidad de éstas es difusa: algunas son municipales, otras tienen su propietario, pero una parte importante, casi la mitad, según el informe de Cáritas, está en una especie de limbo, con cesiones en precario, alquileres dudosamente legales o simplemente ocupaciones. Al margen de los escasos recursos económicos de las familias que viven en esta barriada, la promesa durante años de que serían realojadas en nuevas viviendas tampoco ha ayudado a que se invirtiera en mejorar las antiguas.

No obstante, más allá del tema urbanístico, los vecinos echan en falta actuaciones en otros ámbitos en los que la falta de presupuesto no debería haber sido la excusa y reclaman que de uno u otro modo la intervención integral pase a ser una realidad.

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