Ciudad

El barrio de los perros enclaustrados

  • Los vecinos de la calle Malta mantienen dentro de sus casas a sus mascotas ante el temor de que puedan producirse más envenenamientos · Aseguran que el veneno no se distribuyó al azar por los jardines

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La Voz de Jerez

En la calle Malta, una amplia calle de unifamiliares al otro lado de la Laguna de Torrox, las familias que tienen perros los guardan en el interior de sus domicilios, sometiéndoles a la clausura forzosa a la que les ha forzado el miedo. Cuando salen a pasearlos, el dueño va con enorme cuidado, mirando en todo momento qué huele su mascota, qué se lleva a la boca. A Emilia ni se le pasa por la cabeza estos días dejar suelta a su mascota, un perro pequinés.

Los casos de 'Rojco' y 'Pepe', perros del conocido guardameta Coque Contreras y de Paco Espinosa, han provocado que se extremen las medidas. Emilia Pedrosa, una señora madrileña que pasa estos meses en casa de su hermano, que ejerce de presidente de la comunidad, resume a la perfección el miedo que ha asaltado a los vecinos, "no sólo a aquellos que tienen perros, sino a todos, pues quien arroja veneno puede querer matar a un perro y termina acabando con la vida de un crío pequeño. A nadie se le puede pedir que ame los animales, eso lo entiendo, pero eso no le da derecho a nadie para matarles".

Las teorías se han ido sucediendo una tras otra. Los vecinos sospechan de otros vecinos, de gente que conoce perfectamente en qué domicilio hay perros y en cuales no. La razón, tal y como apunta Paco Espinosa, "es que el veneno apareció en casas donde hay mascotas. No se ha tratado de un loco que se ha dedicado a tirar veneno desde la calle". Paco, que fuera dueño del referido 'Pepe', un pequeño caniche-toy, apunta que el veneno impregnaba una bolsa de un conocido hipermercado "y tocado con algún tipo de sustancia que la hacía enormemente atractiva para los perros. No en vano, el perro de Coque llegó a comerse la bolsa". Apunta además Espinosa que la mascota ya sufrió en tiempos otro envenenamiento "si bien en aquella ocasión lo superó".

Paco vio cómo su mascota moría el 5 de enero, después de que el veterinario de la conocida clínica de animales 'Las Adelfas' le dijera, con todo rigor, que el animal había sido envenenado. El Día de Reyes por la mañana encontró la bolsa con el veneno en la zona delantera de su casa. Pocos días más tarde la entregaba a agentes de los servicios científicos del Cuerpo Nacional de Policía tras presentar la correspondiente denuncia. Mientras habla, este vecino de la calle Malta señala que su hermana, Rocío, tiene un bebé de un año y que ambas frecuentan mucho su domicilio. Ayer mismo estuvieron allí. "La cría está ahora en el cochecito pero... ¿qué hubiera pasado si en vez de uno tuviera dos o tres años y hubiera tocado esa bolsa y luego se hubiera llevado las manos a la boca?".

Coque Contreras, realmente afectado por la vileza que acabó con la vida de su mascota, prefiere ir pasando página y concentrarse en sus tareas profesionales. A Paco, por su parte, es prácticamente imposible conseguir que tase la pérdida sufrida. Sólo tras mucho insistir apunta que "un caniche-toy no baja de los 1.000 o los 1.200 euros, aunque te repito que para mí no tenía precio". 'Pepe' tenía hasta pedigrí. Visto el golpe moral que ha sufrido su familia le ha regalado un precioso ejemplar de sharpei que lleva por nombre 'Nerón'. Apenas tiene dos meses.

Las sospechas, como ha quedado dicho, rondan por el propio vecindario. Hablan de un antiguo caso de amenazas por parte de un vecino en el que había un perro de por medio. Todos los datos están en poder del Cuerpo Nacional de Policía, que de un lado analiza el tipo de veneno utilizado y de otro busca a personas que residieran anteriormente en barriadas afectadas por envenenamientos de perros, caso por ejemplo de zonas como Pío XII o San Joaquín.

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