Un cadáver, por favor

"N O puede escribirse un libro que llegue al gran público sin un crimen", declaraba recientemente el escritor Michael Connelly (Echo Park. Roca Editorial). Quizás sea eso, el que no tiene su actual lectura ni un triste cadáver, lo que ha sumido en la duda a Atanasio. Pero ¡qué le vamos a hacer!, no hizo caso de mi recomendación del último libro de Frek Vargas, y ni corto ni perezoso prefirió vagar sin rumbo entre los estantes de la librería, para finalmente "echar" a la bolsa el nuevo libro (sin cadáver) de un laureado escritor que me voy a permitir mantener en el anonimato. Volviendo al libro en cuestión, el que su autor hubiera ganado los premios más prestigiosos en el ámbito de la literatura, creo que fue el motivo de que Atanasio adquiriera la novela. Confiado no la hojeó lo suficiente, despreció el consejo de amigo, y helo aquí en la tesitura de si deja esta lectura definitivamente, cuando lleva apenas medio centenar de páginas. Me viene a la memoria al hilo de esta duda, aquel libro de Camilo José Cela titulado "Cristo versus Arizona" y que dio más que hablar por sus conscientes incorrecciones ortográficas que por las opiniones laudatorias de los lectores. Es más, creo que hoy pocos lectores, aparte de algún sesudo estudioso de la obra del gallego, sabría decir sobre qué versaba aquel "versus Arizona". En fin, que aquella novela pasó con mucha pena y poca gloria y puso un lunar negro, no fue el único, en la bibliografía de este escritor. En realidad, todo ello parece demostrar (dense un paseo por el historial de la mayoría de escritores y escritoras de prestigio) que muchos libros se escriben sin creer en ellos, simplemente son historias que poco más sirven para mantener o mejorar el nivel de vida del autor en cuestión, pero no para agrandar su gloria. Y no deberíamos extrañarnos, sucede en muchos otros ámbitos de la creación, como la música, las artes plásticas o, ahora que estamos bajo el influjo de los Oscar cinematográficos, el cine. Lo curioso es que la mayoría no sienten vergüenza de estos "productos", cuando sí lo hacen de muchas creaciones de juventud, que nunca se dieron a conocer al gran público. Sin embargo, en muchas de ellas, las que no se destruyeron y siguen en el anonimato, sí sería interesante detenerse, e incluso justificado dar a la imprenta. Sin duda disculparíamos sus imperfecciones de principiante, pero conoceríamos al escritor en su estado de mayor sinceridad y creatividad. Nada de esto último parece hallarse, por lo que me cuenta Atanasio, en las páginas de esa novela totalmente prescindible, escrita por autor excelso, que seguiré manteniendo en el anonimato. Afortunadamente aquel día también echó en la bolsa, luego me lo confesó, un libro con cadáver a cuestas. No sé si seria el de Frek Vargas, esto no me lo llegó a decir, pero seguramente, y si Michael Connelly tiene razón, esta vez llegará al final de la historia. Ramón Clavijo Provencio

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios