"Los cafés cantantes fueron moda"

  • El flamencólogo Juan de la Plata publica un libro sobre este tipo de establecimientos que se dieron en España desde principios del siglo XIX hasta mediados del XX, en que desaparecieron por prohibición

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-¿Por qué un libro sobre los cafés cantantes de Jerez?

- Porque era un tema que no estaba tocado dentro del mundo flamenco. Iba a hacer un artículo para la revista de la Cátedra de Flamencología pero, como me dio para bastante más, hice el libro. Lo ha editado la Cátedra de Flamencología y el prólogo lo ha hecho el guitarrista Paco Cepero. La portada, cedida de la colección de pintura de la bodega Sandeman, es un tablao del siglo XIX obra de Septimus Scott y titulada 'In Sherryland'. Son 168 páginas, con fotos también e ilustraciones.

- ¿Cuántos eran?

- Yo hago un recorrido por cerca de cuarenta cafés cantantes desde principios del siglo XIX hasta mediados del XX. Incluso he llegado a conocer alguno de ellos como 'La Vega antigua', y en esas mismas fechas había otro en el Alcázar que se llamaba 'Alcázar Variedades'. Hay fotografías de los lugares donde estuvieron los dos.

- ¿Cómo comenzaron en Jerez los cafés cantantes?

- Los primeros los pusieron franceses cuando la invasión napoleónica para distraer a las tropas que ocupaban la ciudad. Eran tres y estaban en la calle Larga, Medina y por detrás de la capilla de la Puerta Real. No sabemos los espectáculos que daban. Suponemos que espectáculos mixtos con cosas traídas de Francia y artistas de Jerez. No sólo acudían los franceses, sino también gente del pueblo llano de Jerez.

- ¿Y después?

- Después de la guerra contra los franceses el primer café que se abrió fue 'El café de la paz', donde está hoy Medias Mario. En la esquina con la calle de la escalerilla estaba 'La Primera de Jerez'. Allí actuaban las grandes figuras como 'La Niña de los Peines' y Manuel Torre. Se llenaban totalmente e incluso algunos se quedaban fuera sentados en el bordillo de la acera escuchando. También tengo el testimonio del guitarrista Javier Molina, que murió hace más de veinte años y que debutó en el café de la Vera Cruz, que estaba donde hoy el Teatro Villamarta.

- ¿Por qué ese nombre?

- Se llamaba así porque allí estuvo el convento de la Vera-Cruz. Allí nació el negocio más antiguo de Jerez, Ramos-Catalina. Eso era propiedad de un cantaor muy famoso, Juan Junquera.

- ¿Había algún otro en aquella época?

- Había uno muy famoso en la esquina de la plaza del Arenal con la calle San Miguel que se llamaba 'Café del Conde'. Lo abrió el conde de Villacreces, un señorito de Jerez muy polifacético que vendría relojes de bolsillo a plazos y amaestraba perros.

- ¿Qué espectáculos podían verse en estos cafés concretamente?

- Había gente que cantaba arias de ópera, fragmentos de zarzuelas, había también conciertos de guitarra o violín, pero siempre había algo de flamenco. Antonio Chacón por ejemplo inauguró uno muy famoso en la calle Bodegas que se llamaba 'Salón de Variedades'. Había tambén representaciones de pequeñas obras de teatro de tipo cómico, sainetillos...El Café del Conde además tenía en la última planta una biblioteca y los periódicos del día para los clientes. Posteriormente este negocio derivó en restaurante y hotel. Otros cafés más modernos te ofrecían actuaciones de cuartetos musicales como el Fornos, que era el café de más categoría y lujo de Jerez. Era de Juan Luis Corrales y allí actuaba generalmente un cuarteto formado por los hermanos José Y Joaquín Martínez Carment, que tocaban el violín y el cello, y el pianista era Francisco Navarro. En otro café que había donde hoy está Casa Mena se hacían hasta bailes de máscaras en cualquier época del año. Se llamaba Gran Café Ideal Jerez. Allí también actuaron antonio Chacón, Juan Breva, Juan Junquera y otros cantaores y bailaores de la época.

- ¿Cómo desaparecieron estos cafés?

- En 1910 hubo una orden prohibiéndolos, porque hubo incidentes con muertes, pero algunos se hicieron los remolones. Nacieron porque se pusieron de moda en toda España. En el libro también hay un apéndice donde hablo de los tablaos flamencos que se han montado en Jerez en los últimos años y las peñas, que han recogido el testigo, pero este libro no es sólo recomendable para los afic ionados al flamenco, sino para aquellos amantes de curiosidades locales.

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