Tierra de nadie

Los que callan

Policías nacionales abandonan las inmediaciones de la sede de la CUP ante simpatizantes que querían impedir un registro. Policías nacionales abandonan las inmediaciones de la sede de la CUP ante simpatizantes que querían impedir un registro.

Policías nacionales abandonan las inmediaciones de la sede de la CUP ante simpatizantes que querían impedir un registro. / toni albir/EFE

Ellos: nacionalistas radicales, populistas, comunistas, y fascistas en general, siempre empiezan con lo mismo, continúan con los mismos 'argumentos' y actuando del mismo modo y, todos ellos, siempre acaban igual. Comienzan por aprovechar la libertad -que luego ellos van a negar a los demás- que les brinda una nación democrática, utilizando los derechos que les garantiza un Estado, valga la redundancia, de Derecho; después buscan un imaginario enemigo 'común', para agrupar los descontentos -inevitables-, alimentar las frustraciones -siempre las hay-, concentrar a los resentidos, congregar a envidiosos y amontonar mezquinos -que nunca faltan-. Al frente de esta 'troupe' calientan las calles, amenazan a los disidentes, 'asaltan' las instituciones, atropellan al que discrepa, insultan a quien no les da la razón y agreden a quien se les opone. La historia termina, como digo, siempre del mismo modo: o la sociedad, libre y democrática, reacciona a tiempo y con eficacia extirpando de raíz a los excluyentes y colocando a la barbarie en el único sitio en el que siempre debería estar: entre rejas; o la barbarie querrá pasar, situarse y quedarse, por encima de todos: tendremos una dictadura si lo consigue o una guerra si no se le pone fácil y se pelea para que no lo haga. Esto, y no otra cosa, es lo que está pasando, y lo que puede pasar, en Cataluña.

En medio de los listos de turno, que se han llenado los bolsillos a costa de los catalanes; de los manipuladores, profesionales y aficionados; de los mediocres, sin más opción que la villanía; y de impenitentes reventadores, que no viven si no es en el tumulto, la algarada y el caos; hay una incuestionable mayoría silenciosa. Una mayoría que, por desidia, por falta de convicción, por temor, o por llano y puro miedo, calla, y, al callar… desgraciadamente otorga.

Callar es firmar tu propia condena. En situaciones como la que ahora se vive en Cataluña, en la que se están vulnerando derechos fundamentales: se coarta la libertad, se señala al disidente, se amenaza al opositor, se agrede al que no aplaude, se infringe la Ley, se desobedece a los Tribunales y se lincha a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con el consentimiento, cuando no la instigación, de las propias instituciones catalanas que son las que deberían velar por el cumplimiento de la Ley y el mantenimiento del orden, por el respeto a todas las ideas y la seguridad de todos los ciudadanos, no sólo de los que son afines a sus postulados; cuando esto sucede, ¡no puedes callar!

El fascismo se apoya, siempre, en un descontento profundo de una parte de la sociedad, algo que no es muy difícil encontrar. Aprovechar y manipular esta circunstancia para decir a la gente lo que la gente quiere oír es muy fácil, alentar a la ciudadanía contra un supuesto 'enemigo común' en el que se personalizan todos los males que nos aquejan, también es sencillo; lo sorprendente es que, a estas alturas de la Historia, todavía queden pueblos enteros capaces de comulgar con semejantes ruedas de molino, tragarse el anzuelo hasta el sedal, y sentirse Aquiles ante las murallas de Troya…. Será por ignorancia, será por la inexperiencia de la juventud o por la alevosía de la edad, será por incultura o será estupidez supina, no sé… lo cierto es que es, y, como es obvio, también lo saben quienes lo van a utilizar para tratar de alcanzar sus fines abyectos y miserables.

No podéis quedaros en casa, mientras os quitan la voz; no podéis permanecer quietos, mientras se apropian de vuestras ideas; no podéis no reaccionar, cuando se apropian de vuestros sentimientos; no podéis seguir sin decir ni hacer, porque ellos dirán y harán por vosotros; no podéis dejar de ser vosotros, porque os robarán el futuro, el vuestro y el de quien os importa.

¡Salid a las calles!, con vuestras banderas, ¡salid a luchar por vuestros sentimientos!, ¡salid a defender vuestras ideas!, ¡que vuestra voz se oiga, alta y clara! No dejéis, ¡por Dios!, que os aplasten, no permitáis que os roben vuestra condición de personas libres, ¡no calléis!... no os lo perdonareis.A los catalanes de buena voluntad, que son muchos, la mayoría.

PD: ¿Cuántos muertos necesita Podemos para condenar a Maduro, el dictador asesino de Venezuela? ¡Ya son 151, un Parlamento secuestrado y la Constitución allanada!

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