patrimonio

Las nueve guindas del campanario

  • La Catedral recibe de nuevo sus campanas después de más de tres años de labores de restauración en Jaén y Alemania. El Obispado quiere que se toquen para el Corpus

Llegan como se fueron, en silencio. Tras más de tres años fuera, en proceso de restauración, las campanas de la torre de la Catedral regresaron ayer a su casa. Sobre las tres de la tarde, los operarios de Campanas Rosas, de Torredonjimeno, iniciaron la elevación de las piezas y su posado en los niveles correspondientes del campanario, que se divide en tres cuerpos. Hoy se repartirán por el interior de las plantas y se colocarán en su lugar definitivo. La primera de las nueve campanas en ‘subir’ fue la del campanario, a la que le siguió, entre otras, la popular matraca o campana de madera, única del país en su estilo. Se trata de una caja, en forma de campana, dotada de diversas asas metálicas que golpean al girar sobre sendas piezas de hierro clavadas en la madera. Está realizada por un artesano local entre 1850 y 1880, según se deduce de sus clavos.

Las otras piezas datan desde 1510 (Santa Águeda). Casi todas están dedicadas a un santo, tienen sus inscripciones en las que rezan el autor, la fecha de fundición o una leyenda u oración como “esta es la cruz del Señor, huid los enemigos. Venció el león de la tribu de Judá, de la estirpe de David. Aleluya” o “Salvador del mundo, sálvanos; Reina del Cielo intercede por nosotros”. Están Sagrado Corazón (1928), Salvadora (1885) y San José (1885), San Miguel menor (1752) y mayor (1797), Salvador (1682) y La Gorda (1566). “Si Dios quiere, tocarán incluso antes del Corpus porque habrá que probarlas para esa fecha”, dijo ayer el obispo de la Diócesis, José Mazuelos, que mostraba su deseo “ya de vivir este momento del izado de las campanas”. “Campanas que son valiosísimas, incluso dos de ellas han ido a Alemania para su recuperación. Nos dijeron que merecía mucho la pena por el gran valor de las piezas”. Mazuelos se refirió también a la matraca, que estaba muy deteriorada. “Se ha conservado el armazón, se ha hecho una nueva y la original pasará al Museo de la Catedral cuando se trate”.

La restauración de las campanas forma parte del programa de rehabilitación y apertura al público de la torre-campanario. Francisco Javier Jiménez, director de ejecución de la obra de restauración del campanario, apuntó que dichas obras “ya están básicamente acabadas, sólo a la espera de la instalación eléctrica. Lo que se ha hecho es limpiar la piedra, recuperar el volumen de la misma para elevar la resistencia de los muros y la restauración de la escalera interior de caracol hasta el primer cuerpo de campana. Todo lo que es cerrajería se ha eliminado el óxido y se ha recuperado. La última cúpula del último cuerpo, que era de azulejos, también se ha restaurado junto con la veleta. Todas las campanas irán electrificadas”. Obras que se iniciaron a finales del pasado mes de noviembre y que está previsto que concluyan a mediados de junio. “En realidad, la misión de la torre-campanario es que toquen las campanas y el Obispado tenía muchas ganas de que así fuera en el Corpus”, dijo Jiménez.

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