Una celebración que marcará un antes y un después en su configuración

  • El balance de lo vivido en la Semana Mayor ofrece un escenario positivo en las formas pero que debe de mejorar en el fondo

Tiempo de hacer un balance somero sobre la Semana Santa que acaba de finalizar. Una Semana Mayor en la que ha habido buenas formas y un fondo a mejorar. Un balance que pasa con la vista puesta en un curso nuevo en el que posiblemente se entre de lleno en una reforma de lo que hasta hoy hemos conocido. Es por ello por lo que este año será la del cierre de una época para dar paso a otra más evolucionada. Sin ir más lejos, el protagonismo de los días previos se lo llevaron las cofradías de la zona sur de la ciudad. La Sed y la Salud de San Rafael pasarán por la carrera oficial para hacer estación de penitencia en la Catedral. Dos nuevas cofradías que irán a engrosar la nómina de las que ya están situadas en los días del Lunes y Martes.

A la pregunta de cuál será el orden, nada se sabe. Queda tiempo por delante para que las juntas de las nuevas cofradías pidan día y el consejo finalmente reparta cartas.

Es muy posible que se acometa una reforma que lleve la Semana Santa a otro nivel

Las dos jornadas se verán incrementadas con seis cofradías para igualar con el Domingo de Ramos y el Miércoles Santo.

El Domingo de Ramos abrió la Semana Santa con una hora de retraso. Pasión pedía su tiempo de espera ante una jornada que se despertó con lluvias. Se retrasó todo. Posiblemente la nueva cofradía pudo haber recortado esa hora de más para llegar a su hora al palquillo. Hubiera sido posible casi con total seguridad. Por tanto, la Domingo fue una jornada tardía. Con recogidas en la madrugada, todo lo contrario a lo que las nuevas juntas de gobierno vienen apostando. Salir antes para estar en casa más temprano. Pero el cofrade propone, Dios dispone y después vienen los partes de AEMET y lo descomponen todo. En líneas generales todo se desarrolló con orden en este día de apertura de los días grandes.

Lunes y Martes fueron de gran climatología. Nadie miraba al cielo y las cofradías se lucieron con gran altura. La Viga es una delicia verla por Barranco cuando llega el atardecer. La Cena volvió a encandilar a todos. Esta vez con un capataz para la cofradía que supo y pudo darle el realce al paso de palio de Virgen de la Paz. Lo de Martín Gómez es punto y aparte. La vanguardia, la solvencia y el buen oficio. Tendrá su capítulo aparte en próximos balances porque es uno de los grandes hacedores de la Semana Mayor.

El Martes salió esa gran cofradía que son los Judíos de San Mateo. Este año con un detalle que fue muy comentado: el encuentro mercedario de esta cofradía elegante siempre y con ese sabor tan jerezano.

Estreno

El Miércoles llegó el gran estreno. Los cofrades de las Tres Caídas nos ofrecieron el regalo de un crucificado de grandísimo calado. Su macilenta policromía era verdaderamente hermosa. El paso, un delicia. El exorno floral quizá chirrió con unas piñas cónicas en los costeros con yedra y espinos. Sin embargo, el esfuerzo de los cofrades de San Lucas por acometer un deseo que era histórico les hace valedores de uno de los grandes momentos de la Semana Santa.

El Prendimiento siempre es el Prendimiento. Su andar solemne de vuelta a Santiago era majestuoso; para el paladares de altos vuelos. La imagen de Jesús, una maravilla una vez más.

Llegó el Jueves Santo y todas las cofradías completaron sus estaciones de penitencia. También llegó el frío que fue una constante en la recta final. Día grande que se desarrolló con total normalidad.

La madrugada fue la jornada más tocada por el tiempo. Las previsiones daban lluvias a las seis de la mañana, hora en la que todas estaban en lugares complicados. Sólo salió Jesús Nazareno que logró hacer su estación de penitencia llegando con llovizna a Cristina. Pero las ideas las tuvieron claras saliendo antes para completar su estación sin apenas mojarse.

Finalmente, el Viernes Santo comenzó con gran altura. Las previsiones eran de ciertas probabilidades de lloviznas llegada la medianoche. Esto propició que las cofradías salieran porque los porcentajes eran bajos. Deslució todo cuando, a las once de la noche, cayó una tromba que sólo duro tres minutos. Los suficientes para descomponer la jornada. Se refugiaron la Piedad en la Catedral y las Viñas en Santo Domingo hasta la jornada de ayer.

En cualquiera de los casos, habrá tiempo de hacer un balance más detenido. Ahora toca el desmontaje de palcos y palios. Y cuando todo vuelva a su orden, se volverá a hacer repaso de lo vivido. Con más luces que sombras, por supuesto. Pero con ciertos puntos que deben de mejorar en el fondo de lo que se celebra y en una organización más segura.

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