Jerez, tiempos pasados Historias, curiosidades, recuerdos y anécdotas

Cuando el estrecho de Gibraltar estaba en la plaza del Arenal

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Eran los difíciles años cuarenta y todavía nos acordamos los que vivimos aquella desgraciada época de la posguerra, cuando hasta el tabaco estaba racionado y los que eran fumadores empedernidos, carecían de dinero para comprarlo a los que se dedicaban al trapicheo del contrabando. Para poder fumar echaban mano de las mondas de patatas y, una vez secadas, las convertían en un "tabaco" de emergencia, que liaban en aquel fino papel de fumar que vendían en los estancos, en pequeños libritos, bajo distintas marcas, que aún hoy se venden para que los drogatas puedan liar, a escondidas, sus porros.

Pero el contrabando de tabaco estaba en la misma calle y, en algunos barrios, como el de Santiago, donde había quienes vendían los cuarterones de tabaco negro, y otros cigarros de picadura, ya liaíllos, metidos en pequeños sobres azules, o de color crema. Los cigarrillos egipcios, llamados "para señoritas", que eran los más caros, se vendían en pequeñas cajas metálicas, así como el rubio inglés, que ya venía empaquetado en origen. Pero éstos tenían sus puntos de venta clandestina en algunas casas del barrio de la Albarizuela que los fumadores conocían perfectamente y que no paraban de ser visitadas por los muchos adictos al cigarrillo perfumado.

Pero el verdadero negocio del contrabando del tabaco, negro o rubio, estaba en lo que los jerezanos de la época dieron en llamar con sarcasmo "El Estrecho de Gibraltar", que era exactamente una pequeña zona de la plaza del Arenal, donde hoy está situado el edificio de la Caja y en cuya estrecha travesía, que desembocaba en el antiguo Patio de San Francisco, donde vendían tolda clase de mercancía barata, pululaban los vendedores que le hacían la más descarada competencia al estanco allí situado, en el mismo "estrecho", con el estanquero más serio del mundo, que el hombre las tendría que pasar realmente canutas, con los competidores a la misma puerta de su modesto negocio, el cual años más tarde, al construirse la inmensa mole de la Caja, sería trasladado al lado opuesto de la plaza, donde la grata estanquera Crista, atendió al público, durante muchos años.

Esto nos trae al recuerdo, así de pasada, otros viejos estancos que ejercían un poco de casinillos, en aquellos tiempos. Como los que existieron frente a la iglesia de la Victoria, en la esquina de la Porvera con calle Ancha, y en el Consistorio, frente a la Puerta Real. Y, ocasionalmente, también en el de la calle Larga, junto al Gallo Azul. Pero de eso hace muchísimos años.

El contrabando de tabaco nació en Jerez, al mismo tiempo que el estraperlo de los artículos alimenticios, con los años de la carestía de la posguerra, los llamados "años de la jambre"; que hasta faltaba el papel moneda y los sellos de correos se utilizaban como si fueran billetes. Años terribles, en los que lo de menos era el tabaco que, al fin y al cabo, no era un artículo de primera necesidad. Sino el mismísimo pan, que se vendía a escondidas, tras las puertas de algunas casas, mientras que los que no podían comprarlo de estraperlo tenían que conformarse con aquellos horribles "chuscos" del racionamiento, hechos con harina de maíz o de otra clase, menos con harina de trigo.

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