"Nunca ha existido el flamenco-fusión ni el flamenquito"

  • El cantautor gaditano ha vendido todas las entradas de su concierto en Jerez

José Luis Figuereo, que da nombre al El Barrio, no es sólo un intérprete de canciones, un compositor, un poeta o un cantautor a la vieja usanza. Destaca en cada una de esas facetas, pero se hace más grande el equilibrio con el que ha conseguido desarrollar todas ellas a la vez. Y ahora publica su octavo trabajo de su carrera musical, bajo el título 'La voz de mi silencio', un álbum con trece canciones de una rotundidad manifiesta de poesías que recuerdan a autores de la generación del 98 y del 27.

El amor es el eje y el motor de su vida; el desamor como sentimiento trágico, la muerte, el destino, la música, la cultura y las tradiciones de su tierra son los temas centrales de las canciones de El Barrio.

-Usted destaca por el desarrollo de varias facetas artísticas que ha ido aunando en su música. ¿Cuál cree que es la llave para ese equilibrio que ha conseguido con todas ellas?

-Hombre, el equilibrio se basa en construir una letra identificativa, tocar temas de la sociedad, escribirlas, hablarla y cantar, expresarla y venderla de una manera muy llana como corresponde al pueblo, y no llamarse a engaño. Tampoco se trata de hacer temas especialmente comerciales como puede pasar con otros autores. Yo no hago estribillos pegadizos ni nada de eso. No va conmigo ni con mi forma de entender la música.

-Las letras de su octavo disco 'La voz de mi silencio' recuerda a poetas de la Generación del 98 y también a la del 27. ¿Está de acuerdo con esta afirmación o cree que no va con su estilo de escribir las letras de sus canciones? ¿Le han influido mucho esos autores?

-Bueno, leer he leído a Lorca, he leído a Rafael Alberti, Machado, Miguel Hernández. He leído un poco de todo el mundo pero me han clasificado ahí y para mí es un honor, ¿no?, pero yo no pertenezco a ninguna de esas épocas y tampoco me he desvivido por ninguna generación en particular. No lo he pretendido, aunque te repito que para mí es un motivo de orgullo.

-A José Luis Figuereo, 'El Barrio', qué le molesta más, ¿qué le confundan con un cantaor flamenco o que confundan su nombre artístico con el de un grupo de música?

-Me molestan las dos cosas, si quieres que te diga la verdad. Yo soy un cantautor que recupera un poco el rock sinfónico con algún matiz flamenco y andaluz. El Barrio de nunca ha sido un grupo. Llevo ocho años saliendo solo en las portadas de los discos, firmando solo, para que me confundan con un grupo. Lo que sí es cierto que la palabra barrio puede confundir un poco. Te da ese punto.

-Le anuncian como apóstol del nuevo flamenco, pero me da la impresión de que no está usted especialmente de acuerdo con la definición que se hace de usted y de su músicaý

-No, eso me suena un poco extraño todavía. Los apóstoles están donde están (risas). Eso del nuevo flamenco es mentira. Nunca ha existido. Pasa lo mismo con el flamenco-fusión, con el flamenquito y todas esas cosas. El flamenco es flamenco, la fusión es fusión, y la música en general es música. Lo que yo hago es un estilo propio yý apóstol. No, eso me queda grande. Yo predico mi música y enseño mi palabra, el resto es un honor, pero nada más.

-¿Ha cambiado algo en José Luis Figuereo desde 'Yo sueno flamenco' de 1996, hasta ahora?

-Pues he cambiado porque soy más arreglista, más productor, más escritor, más músico. Y, hombre, lo que ha cambiado sobre todo es la palabra subsistencia, que es lo que se pretendía. Y más ahora con el tema de la piratería y lo que le hace daño a la música y al mercado que mueve.

-Eso pisa un poco mi última pregunta. Están agotadas las entradas para los conciertos, se ha ampliado, en el caso de Los Barrios, el aforo con mil metros cuadrados más y, además, vende muchísimos discos. Imagino que eso tiene que hacerle sentir muy bien.

-Estoy supersatisfecho. Todo esto se lo debo exclusivamente a mi público, a mi gente que me apoyan y que me compran mi originalidad. También es importantísimo el público que llena mis conciertos. Sin mi público está claro que yo no sería quien soy.

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