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Jerez, tiempos pasadosHistorias, curiosidades, recuerdos y anécdotas

La gran asonada del siglo XIX

  • Los braceros, autoproclamados "voluntarios de la libertad", iban a las viñas con la azada en un hombro y un fusil en el otro · Durante dos días de abril de 1869 los jerezanos levantaron barricadas, desde la Victoria al Cerro-Fuerte En un siglo XIX, revuelto en toda Europa, los jerezanos quisieron también sumarse a las luchas callejeras por la libertad, gritando "¡A las barricadas!" Como en la Francia de Delacroix, donde éste pintaría, casi cuarenta años antes de los tumultos jerezanos, su famoso cuadro "La Libertad guiando al Pueblo", que ilustra este trabajo de nuestro colaborador.

EL siglo XIX fue especialmente tormentoso, en nuestra ciudad, al igual que en casi toda España, debido principalmente a las nuevas corrientes políticas que empezaban a imperar en toda Europa. Consecuencia de ello, fueron muchas las asonadas y disturbios que se produjeron en Jerez, en distintas ocasiones y, muchas veces, con derramamiento de sangre.

Conscientes de que en el espacio de la pagina de que disponemos no cabría hacer referencia de todos y cada uno de los tumultos callejeros, siempre de inspiración política, que ocurrieron a lo largo de todo el XIX, en Jerez, intentaremos citar tan solo algunos de ellos, entre los más destacados, como por ejemplo la conspiración descubierta en abril de 1838, que acabó con la detención de cuatro reos, que fueron hecho presos y conducidos a Sevilla, para su ingreso en prisión, el 25 de octubre del mismo año.

Pero los muchos sucesos que afligieron a Jerez, en el ochocientos, como los del asalto campesino y los de la llamada Mano Negra, tantas veces reseñados en libros y artículos de prensa, parecen haber dejado en el olvido y en la sombra de los tiempos, la gran asonada ocurrida en los azarosos días 17 y 18 de marzo de 1869, en que el levantamiento popular de gran parte de la población hizo que los jerezanos pasaran más miedo que nunca.

Por lo visto, hubo un levantamiento popular por diferencias políticas, apoyado por ciertos funcionarios municipales, algunos de los cuales fueron castigados y otros separados de su empleo. La insurrección parece que se inició en dos lugares muy concretos, La Victoria y la Plaza de Toros, donde se registraron los primeros tumultos, extendiéndose luego éstos a otros puntos de la población, en los que los insurrectos llegaron a levantar el pavimento de algunas calles, armándose una gran batalla campal, a consecuencia de la cual resultaron varios heridos que tuvieron que ser atendidos en el antiguo Hospital de San Isabel.

Especialmente, según la prensa de la época, el tumulto más grave fue el de La Victoria, considerado como el precursor de la sublevación popular de los días 17 y 18 de marzo de 1869, al parecer fundamentado en las que la prensa calificaba de "perniciosas doctrinas, que se vienen desde hace tiempo inculcando en las masas ignorantes" y que, anteriormente, habían ocasionado otros graves tumultos y casi diarias riñas, en las viñas del término, a donde los braceros acudían a titulo de "voluntarios de la libertad", llevando la azada en un hombro y el fusil en el otro, para imponerse a los capataces y dueños. El desarme de los obreros lo liderarían los reconocidos políticos jerezanos Ramón de Cala y José Paúl y Angulo, diputados parlamentarios.

A consecuencia de estos lamentables sucesos - calificados por la prensa local como de "deplorables escenas de que ha sido teatro esta población" -, en los que llegaron a enfrentarse cientos de ciudadanos a la fuerza pública, incluso a parte de la tropa aquí acuartelada, murió de un disparo el sereno Pedro Díaz Borrego que iba acompañando de guía a una de las compañías que fueron a batir a los insurrectos y desbaratar las barricadas levantadas en la calle Cerro-Fuerte y sus inmediaciones. Otro guardia, llamado Juan Macías Izquierdo, resultó gravemente herido de bala en un antebrazo, cuando participaba en la acción contra los insurrectos que se dio la tarde del día diez y siete, en la calle de la Porvera. Este agente sería ascendido a cabo por su valiente intervención en tales sucesos, mientras que un maestro de párvulos pobres del colegio San Juan Bautista de la calle de las Armas, cuyo nombre respondía a las iniciales M. M., fue hecho prisionero por la fuerza pública, en la sedicción del día diez y ocho de marzo por tomar parte en la misma.

Reunido en gabinete de crisis el gobierno local, y ante los fuertes indicios de colaboración con la levantisca ciudadanía, los ediles facultaron por unanimidad al alcalde-presidente de la Corporación Municipal, para que pudiera "separar de sus destinos a los empleados del municipio que no inspiren la más completa confianza".; siendo separado de su empleo de escribiente uno de los funcionarios, B. R., por la conducta observada con motivo del pronunciamiento.

La Corporación jerezana destacaría el gran comportamiento de la guardia municipal y de su comandante José Gómez Puchal, recompensándose con ascensos y otros reconocimientos a algunos miembros de dicho cuerpo; mientras que algunos guardias que son se presentaron para reprimir la asonada fueron expulsaos o castigados.

El eco de estos graves sucesos ocurridos en Jerez no tardaría en llegar al Parlamento de la nación, siendo apoyada la versión de los mismos que dio el Ayuntamiento por los ministros de la Gobernación y de la Guerra; mientras que los diputados jerezanos Ramón de Cala y José Paúl y Angulo, manifestaban públicamente su desacuerdo, dando otra versión muy distinta de cómo y por qué ocurrieron tales hechos que sumieron a esta población en un tremendo desastre.

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