La libertad se respira mejor aquí

  • El Centro de Inserción Social acoge en sus instalaciones a 95 internos en tercer grado que tan sólo acuden a dormir · Un puente a la aplicación del control telemático y una alternativa al régimen cerrado

Pablo prepara con destreza una bandeja de comida a Rafael. Coloca el pan en el espacio indicado para ello, los cubiertos, una ración de lentejas y una hamburguesa. Rafael, que pensaba que ya llegaba tarde a la hora del almuerzo, respira aliviado cuando ve que su compañero Pablo no le pone ningún problema. Todo lo contrario, le da a elegir del menú del día.

Es viernes y muchos de los internos están de permiso. No se escucha jaleo en las instalaciones del CIS, Centro de Inserción Social. Todo está tranquilo, aunque suele ser la tónica del resto de los días. Tan sólo el comedor y la pista de baloncesto reciben la visita de algunos de los usuarios que, por circunstancias, tienen que pasar el fin de semana allí.

La especulación inmobiliaria ha obligado que el CIS se encuentre en un polígono industrial de la ciudad, un terreno más barato, "aunque nuestro deseo hubiera sido estar integrado en la ciudad. El resto de los CIS del país también se hallan en el extrarradio", comenta el subdirector de las instalaciones, Carlos Garófano.

El CIS abrió sus puertas en la ciudad en el año 2004, heredero de la sección abierta del centro penitenciario de La Asunción. Tiene una capacidad para 67 plazas, "aunque la verdad es que nació pequeño, porque actualmente tenemos 95 internos, cifra en la que se incluye tan sólo una mujer. Estamos un poco comprimidos. Hemos tenido que meter más camas en las habitaciones y hay lista de espera, además", comenta Garófano. 54 de estos internos tienen trabajo en el exterior, salen por la mañana y regresan por la noche a dormir. 41 salen a trabajar, a hacer cursos o no tienen empleo en estos momentos. Además, el CIS controla a 80 personas con control telemático, a través de una pulsera o tobillera y un teléfono. 14 de ellos son mujeres. En instituciones extrapenitenciarias, como Proyecto Hombre o Brote de Vida, hay 34. Todas estas personas se controlan desde estas instalaciones, que pasan por el CIS dependiendo del estado que les haya otorgado el juez, pero en ningún caso duermen allí.

El CIS, que depende del centro penitenciario Puerto II, cuenta en sus instalaciones con pistas deportivas, gimnasio, comedor, salón, escuela de educación de adultos El Albero y cocina. La hora de la comida, que la proporciona un cátering, está coordinada por tres internos. "Las actividades están orientadas al exterior, es decir, lo ideal es que durante el día aquí no hubiera nadie", cuenta Carlos.

"El CIS no tiene nada que ver con una cárcel. Aquí todo está en disposición a la salida a trabajar y dormir y es un puente para aplicar el control telemático, para que no tengan que venir siquiera".

El CIS es como un cuarto grado, la libertad condicional. "Todos los internos que están aquí tienen el tercer grado en distintas modalidades: algunos no tienen trabajo o están en cursos del Inem, o tienen trabajos en el exterior. Cuando algunos de estos señores muestran buena conducta y buena disposición se les aplica el control telemático para que no vengan a dormir. Aunque tienen que estar en su casa en un horario determinado", cuenta Carlos.

El subdirector del CIS cree que la prisión se define como "un mal necesario, no hay otra alternativa para determinados delitos. Ahora bien, los CIS, que se están incrementando en la actualidad (hay 17 en España y en un par de año habrá 30 más), supondrán una alternativa al régimen cerrado. Somos una unidad más de Puerto II, aunque a 20 kilómetros de allí".

La mayoría de los internos que duermen en el CIS han cometido delitos contra la salud pública o tráfico de drogas y robos, pero todos conocen las normas, sencillas, peros suficientes para volver a la mínima a prisión si se incumplen. "Puede haber regresiones en las conductas de los internos, que regresan a prisión, aunque esto no significa que no puedan volver al CIS. Está prohibido el consumo de drogas, hay que mantener la higiene personal y la del centro y una buena conducta. En la calle, deben tener un comportamiento adecuado, pero normalmente no hay problemas. No es lo mismo estar aquí, que no hay recuentos ni controles como en una prisión. Un ejemplo de la libertad es que aquí no hay equipo médico, es decir, se les otorga un permiso para que vayan a su centro de salud", subraya Carlos. Los internos tienen fines de semana y una semana al mes de permiso, excepto en casos especiales.

Junto al CIS se encuentra un edificio dedicado al Servicio Social Penitenciario Externo de Jerez, que controla a 65 liberados condicionales, es decir, que están en su casa pero que tienen que presentarse cada cierto tiempo. También se controlan desde el Centro de Inserción Social las penas alternativas, es decir, aquellas que no son de prisión: el trabajo en beneficio de la comunidad, la suspensión de la pena a condición de que haga cursos o no vuelva a delinquir, la sustitución de la pena a cambio de la realización de cursos o programas y la localización permanente, que sustituye al arresto domiciliario.

Carlos reconoce que el trabajo en el CIS es mucho más agradecido que en una prisión. "La diferencia es abismal. Allí hay presos de todo tipo. Las instituciones han entendido que había que separar a los que iban a trabajar del resto de los internos, y ésta es una de las razones de ser del CIS". "Yo no estoy hecho de ninguna pasta especial para trabajar aquí, sólo hay que conocer el régimen penitenciario, hablar con los internos, gestionar con ellos, y mucho teléfono, hablando con el Inem (SAE), con la ayuda de los funcionarios".

Carlos analiza la situación de las prisiones en la actualidad, y dice que "se comenta que el negocio es ruinoso, con un incremento de internos de 300 al mes, es decir, casi una prisión nueva cada año. Un gasto para el erario público enorme. ¿Las causas de tanta delincuencia? No lo sé, quizás la falta de empleo". El subdirector del CIS nunca ha sido director de prisiones "y ya tengo una edad en la que no debo. Es un cargo muy difícil, supone mucha tensión y hay que llevar cosas muy variadas. La gente no se da cuenta de estas cosas. Aquí estoy tranquilo".

Un largo pasillo distribuye las habitaciones de los internos en la planta superior del edificio. Sus puertas azules dan un toque de color a este espacio, desde donde la libertad se respira cada vez más cerca.

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