La mano de obra femenina se va abriendo paso en la construcción

  • Varias iniciativas de la Junta de Andalucía en esta faceta han permitido a mujeres de la provincia poder trabajar en un mercado tradicionalmente masculino · Programas como Ceres o Sioca dan resultados

Durante el pasado año, sólo 1.500 mujeres de la provincia en activo realizaron su trabajo en el sector de la construcción. Así figura en los datos del Anuario Estadístico de Andalucía 2007, perspectivas de género, elaborado por la administración autonómica. Según este informe, durante todo 2006, fue el de la construcción el sector en el que menos mujeres trabajaron, mientras que fueron 68.200 los hombres que sí desempeñaron su labor en esta área.

En el resto de los sectores, la presencia de la mujer fue mucho mayor: desde 4.700 en agricultura, a las 5.900 en industria hasta llegar al sector más igualado con el hombre, el de servicios, donde 144.000 gaditanas desarrollaron algún trabajo durante 2006, por los 156.700 hombres.

Por ello, se entiende como colectivo en riesgo de exclusión social a aquellas personas con una posición social no dominante y que, al no ser preponderantes en la toma de decisiones, corren el peligro de no verse representadas. En este sentido, se hablaría de grupos como personas ex-toxicómanas, ex-reclusos, minorías étnicas, inmigrantes o enfermos mentales.

El empleo es uno de los instrumentos principales para la integración del ser humano en la sociedad. Es por ello que las políticas laborales que se impulsan desde la Junta de Andalucía tienen a las personas en riesgo de exclusión como uno de sus colectivos prioritarios. Lo que quiere decir que son preferentes a la hora de optar a una ayuda, y en el caso de que la subvención tenga una horquilla de cantidades, acceden a la máxima.

Esta semana se han celebrado en Jerez, organizadas por la Confederación de Empresarios de la provincia de Cádiz y financiadas conjuntamente por el Fondo Social Europeo y la Consejería de Empleo, unas jornadas tituladas "Incentivos a la contratación laboral de colectivos en riesgo de exclusión social". El encuentro ha contado con tres mesas redondas y distintos coloquios, y arrancó con la puesta en común de buenas prácticas dentro de la experiencia comunitaria Ceres: Creando Empleo para Resolver la Exclusión Social.

Se trata de un proyecto, dentro del programa comunitario Equal, que se ha desarrollado en Jerez durante los últimos tres años. Los socios ejecutores de esta iniciativa han sido el Ayuntamiento de la ciudad, la Confederación de Empresarios de Cádiz, Cámara de Comercio, UGT, CCOO y Junta de Andalucía, junto a otros socios colaboradores. Su actuación se ha centrado en mejorar la inserción laboral de posibles excluidos, con un 80 por ciento de mujeres destinatarias del programa. Para esto, ha contado con un presupuesto de más de dos millones de euros.

Los ejecutores del Ceres ponen el acento en que han validado una nueva metodología integral de inserción laboral para las mujeres desde el enfoque del género y la inclusión. A este respecto, las personas hacia las que van dirigidas estas políticas de empleo requieren un paso más por parte de las instituciones: medidas de apoyo o complementarias, aparentemente, pero que, en la práctica marcan una diferencia sustancial. Servicio de guardería; posibilidad de elegir contrato a tiempo parcial o completo, y jornada partida o continua; atención a personas dependientes; becas de transporte o ayudas para obtener el carné de conducir. Precisamente, hablaríamos de los primeros pasos que propone Dolmen para alcanzar uno de sus ejes corporativos: la inserción de la mujer en el masculinizado sector de la construcción.

Dolmen es una empresa andaluza que gestiona viviendas de protección oficial. Las dos terceras partes de su plantilla (casi el 70 por ciento) están compuestas por mujeres, un dato significativo si se tiene en cuenta que hablamos de un sector en manos de hombres.

Dentro de las múltiples actividades que realiza esta compañía, se encuentra el proyecto Mujer y Construcción, para integrar a la mujer en esta actividad. En palabras de Manuel Hernández, director de Formación de Dolmen, "el objetivo es formar a mujeres para el trabajo". Como sigue explicando Hernández, actualmente la construcción es uno de los sectores que más contratos genera en Andalucía, y la mujer continúa siendo el género más lastrado por el desempleo (en torno al 65 por ciento de los parados de Cádiz son mujeres). De ahí que se imponga, por lógica, su inserción laboral en esta actividad.

Dolmen cualifica sobradamente a mujeres para desempeñar trabajos de alicatadoras, gruístas, fontaneras, pintoras, colocadoras de placas solares, montadoras electricistas o colocadoras de paneles de cartón-yeso. De hecho, 12 mujeres participantes en el Ceres han recibido cursos de cartón-yeso, varias de las cuales ya se encuentran contratadas.

Dolmen inauguró la primera mesa redonda en las jornadas sobre exclusión social. Pero le siguieron la empresa jerezana Picosol, Dora Demy (de la Asociación de Familiares de Alzheimer), Fegadi, Ceaín, Mujeres Unidas contra la Violencia, Cáritas Diocesana, Fundosa.

Paqui Fernández. 31 años, separada y con un hijo de 13. Ahora tiene pareja y, lo más importante, un trabajo. Lleva seis meses en la plantilla de una empresa dedicada al pladur, en el sector de la construcción, y al quinto mes de estar vinculada a ese negocio le subieron el sueldo por primera vez en su vida.

Este periódico requiere de Paqui un consejo dirigido a otras mujeres que, como ella antes, estuviesen en una situación laboral y social complicada. "¿Un consejo? Que se integren en trabajos de hombre, es la única manera de ganar algo más".

No tiene dudas. Según su propia experiencia, después de muchos años desempeñando trabajos temporales como dependienta, limpiando en casas y otros empleos netamente femeninos, "lo que me queda claro es que así no se puede vivir; hay que estar en trabajos de hombre para poder ganar algo más". Hoy día, gracias a su trabajo en la construcción, ronda los 900 euros.

Recuerda que accedió a este empleo gracias al programa Ceres. "Un día recorría el centro de Jerez repartiendo publicidad, porque es lo que podía hacer para ganarme la vida, y una amiga me llamó para que me informara. Entré y decidí participar en ese programa".

Eso ocurrió a comienzos del pasado mes de marzo. Después de dos o tres meses de cursos teóricos, pasó a las prácticas. Mientras tanto, al no ganar nada, tenía que seguir repartiendo publicidad. De 12 mujeres que había en los cursos teóricos, sólo 9 llegaron a las prácticas. Finalmente, ya en la empresa Tecnitec Bahía, sólo llegaron dos compañeras más y Paqui. "Una no consiguió terminar el curso, con lo que sólo una compañera y yo lo logramos", recuerda.

Lo mejor, en su opinión, "es la integración con los compañeros en el trabajo, es una integración mutua de total respeto".

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