La oferta enoturística del jerez

  • Las bodegas del Marco fueron pioneras en el turismo enológico en los años 60, práctica extendida y con una renovada oferta que agrupa paseos y alojamientos en viñas, catas...

Descubrir la esencia de una región vitivinícola es una experiencia grata en casi todas las ocasiones. El enoturismo en el Marco de Jerez va más allá del conocimiento de sus vinos: significa impregnarse de su cultura en todos los sentidos.

Jerez es nombre de ciudad, de comarca y de sus vinos. Es en sí misma una cultura singular que envuelve cada instante de imágenes, olores, sabores, texturas y sonidos relacionados con los afamados caldos de su denominación de origen.

Visitar las famosas bodegas-catedrales, conocer de primera mano el peculiar método de elaboración del Jerez, alojarse en un caserío entre viñedos, iniciarse en el sutil arte de la cata, descubrir la combinación gastronómica perfecta para cada vino… El Marco de Jerez ofrece al enoturista un sinfín de formas de experimentar la rica cultura del vino de Jerez.

En los años 60 las bodegas del Marco de Jerez fueron pioneras en apostar por el turismo enológico, abriendo sus puertas a los visitantes y añadiendo a la tradicional hospitalidad de la zona un alto nivel de profesionalidad. Su afluencia se fue haciendo cada vez más numerosa y en la actualidad las bodegas del Marco de Jerez son las más visitadas de Europa.

Visitar estos santuarios del vino, cuya arquitectura, disposición y diseño son el resultado de la tradición y la sabiduría de incontables generaciones de bodegueros, es una experiencia que va más allá del disfrute del vino; conocer, desde la quietud de las bodegas, el exclusivo proceso de elaboración de los vinos del Marco de Jerez, el tradicional sistema de soleras y criaderas; descubrir, a través del trabajo de capataces, arrumbadores y toneleros, oficios que se han transmitido durante siglos de padres a hijos; aprender cómo todo este saber, puesto a merced de un esmerado culto al tiempo, da lugar a la elaboración unos vinos únicos y de una calidad excepcional; adentrarse en el recogimiento de una sacristía y saberse rodeado por los vinos más viejos del mundo, con edades que superan los 20 y 30 años…

El paisaje de la región está salpicado por el singular diseño de las bodegas, con sus tejados a dos aguas y sus cubiertas altas soportadas por esbeltos pilares, muchas de ellas verdaderas joyas arquitectónicas. Bodegas-catedrales cuyos pilares se elevan hasta 12 metros de altura, como La Arboledilla de Barbadillo, una de las bodegas más altas del mundo. Otras son el reflejo del legado cultural andaluz, como La Mezquita de Beam (antiguas Bodegas Domecq), llamada así por la semejanza de su increíble arquería con la de la Mezquita de Córdoba, una bodega de proporciones descomunales -para conocerla entera es preciso recorrer 6 km de pasillos-. El afán de originalidad dio lugar a edificaciones singulares, como La Concha de González Byass, diseñada por Eiffel con la forma que su nombre indica. También en González Byass encontramos la Bodega del Tío Pepe, bodega de tres plantas diseñada por Eduardo Torroja, recientemente reconocida como Patrimonio Histórico Andaluz al ser representativa del Movimiento Moderno 'Docomomo'.

No sólo son tesoros enológicos lo que encierran las bodegas. En su interior descubrimos auténticas obras de arte, pictóricas y escultóricas, así como objetos y piezas de decoración de incalculable valor. Joyas que las familias bodegueras han ido coleccionando a lo largo de los siglos y que hoy día representan un atractivo indiscutible para quienes visitan la región. Destaca la pinacoteca de Bodegas Tradición, con una selección de obras pertenecientes a la colección Joaquín Rivero, de autores como Velázquez, Goya, Zurbarán y Valdés Leal, entre otros. Otro lugar de interés para los amantes de la pintura es la 'Suite Volard' de Bodegas Estévez, en la que se exponen un gran número de grabados de Picasso y obras de artistas de la talla de Dalí, Botero y Miró.

También es habitual encontrar bodegas que aúnan la tradición jerezana de la cría de caballos con la del vino, albergando en su interior yeguadas de gran valor. O aquellas que rinden culto a su tradición bodeguera con interesantes colecciones de antiguos útiles vitivinícolas, museos de etiquetas… Entre estas exposiciones merece especial atención el Museo de la Mazanilla de Bodegas Barbadillo.

La belleza del paisaje que describen las viñas del Marco de Jerez también merece una pausa. Sus blancas tierras albarizas sobre las que se dibujan hileras de vides infinitas y sus sobrios caserones son el lugar ideal para sentir el vino en su origen. Algunas de ellas nos regalan vistas extraordinarias en las que se elevan castillos o en las que el mar señala el horizonte. Otra oportunidad única de complacer los sentidos en el Marco de Jerez son las catas. En ellas se puede descubrir y disfrutar las diversas variedades de vinos de Jerez y Manzanilla, conocer sus características organolépticas específicas, apreciar sus cualidades y saber con qué platos consumirlas. Además de las bodegas, son muchos los lugares que ofrecen catas dirigidas. Entre ellos destacan las enotecas que habitualmente cuentan con sala de catas. En ellas confluyen los más variados productos que conforman la oferta enológica del Marco.

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