"A la política cuesta ponerle punto y final; no fui capaz de decir me voy"

  • El ex concejal del PSOE ha dejado el Ayuntamiento "sin acritud" y con "agradecimiento" a los que le apoyaron durante años. Asegura que todo el mundo tendría que probar en política porque "enriquece"

Miguel Cabeza, "felizmente casado y con dos hijos, de 26 y 20 años", no se ha ido. Pero ya no está en el Ayuntamiento. Ha vuelto a su puesto en el depósito de la Sierra San Cristóbal sin hacer ruido, sin mirar atrás, salvo para mostrar su gratitud a los que siempre le han apoyado. Nadie le ha explicado por qué dejó de contar para el proyecto socialista tras 24 años en primera línea tanto en Estella como en el Ayuntamiento y tampoco él ha preguntado. Conoce el Partido Socialista y sus reglas como pocos y "deportivamente" acepta su suerte. A sus 51 años, puede presumir de una trayectoria intachable, aunque prefiere callar y estudiar en el campus universitario con la más ilusión que un joven de 18 años. Incluso le sobra tiempo para disfrutar de los suyos.

-A mucha gente le cuesta volver al trabajo tras el mes de vacaciones. ¿Cómo lo lleva usted, que ha vuelve a su plaza en el depósito del agua de la Sierra de San Cristóbal, 15 años después?

-Bien, porque salvo algunas cuestiones técnicas, pocas cosas han cambiado. Eso sí, sólo quedan dos de mis antiguos compañeros.

-Al mismo tiempo, se ha matriculado en Gestión y Administración Pública. ¿Cómo le dio por estudiar en la universidad?

-Porque tenía esa asignatura pendiente. La actividad política te ocupa mucho tiempo y hasta ahora no había tenido ocasión. Al principio, algunos me confundían con el profesor (risas), aunque no soy el único que inicia más tarde estos estudios. Precisamente he coincidido con dos trabajadores del Ayuntamiento.

-¿Usted diría, ahora que tiene otra perspectiva, que nos administran bien los políticos?

-Todo es mejorable, y en la administración no hay límites.

-¿Cómo se ven los toros desde la barrera?

-Con cierta tranquilidad, pero también con la inquietud lógica por ver cómo se abordan los problemas para estar mejor en el futuro. No es agradable, por ejemplo, ver en los periódicos que somos la ciudad que más crece en desempleo.

-Ha estado durante cuatro legislaturas en primera línea de la política, ¿le cuesta no mirar atrás?

-No siento ningún síndrome de abstinencia, pero uno no deja de mirar, como le digo, con el rabillo del ojo a ver qué pasa.

-¿Cuál era su meta en política?

-Lo que siempre perseguimos fue ganar y los jerezanos han sido extraordinariamente generosos con el PSOE dándole esa oportunidad en las últimas municipales.

-Usted fue uno de los primeros en apostar que ganaban por mayoría absoluta. ¿Por qué lo tenía tan claro?

-El partido tendría que hacer ahora una lectura lo más aproximada posible de por qué esa confianza que han depositado en nosotros. Veníamos de una legislatura basada en la confrontación y por vez primera los jerezanos vieron la posibilidad de desarrollar otras políticas, basadas en la colaboración. Esto lo tuvo la gente en la cabeza al votar. Y también fue determinante el hecho de que el producto Pacheco estaba agotado en sí mismo. Su tiempo se acabó, su vida política, porque de algún modo se visualizó que detrás de él no había proyecto, no había partido. Yo estaba convencido, tras ganar en 2003, que si lográbamos gobernar, como así fue finalmente, eso nos colocaría en una posición estratégica para lograr la absoluta, ya que la gente quería otra forma de gobernar. ¿Qué partido ofreció la mejor alternancia? ¿Cuál tenía una mayor implantación? El PSOE.

-¿Por qué tienen los políticos tan mala imagen?

-Hay gente que cuando llega a la política no piensa en política con mayúsculas, sino que piensa en cómo arreglar su futuro de la manera más burda. El caso Malaya le ha hecho mucho daño a la política.

-¿Qué balance hace de su paso por el Ayuntamiento?

-La política enriquece muchísimo a las personas. Todo el mundo tendría que tener la oportunidad de pasar por la política, donde se desarrollan muchos sentimientos, cuando ganas y cuando pierdes.

-En 1983, a los 27 años, le nombraron alcalde de Estella. ¿Fue la etapa que más le llenó?

-De las mejores experiencias que puedes tener es ser alcalde de tu pueblo. Te llena de satisfacción inaugurar, por ejemplo, un colegio, que no había. También recuerdo cuando 'peleamos' con Pacheco para que los autobuses urbanos llegasen allí y lo conseguimos. Aquello era lo máximo que te podía ocurrir.

-A los 8 años, en 1991, entró en el Ayuntamiento, con Pacheco en la cima de su carrera. ¿Cómo recuerda aquellos tiempos?

-Nosotros, en la oposición, teníamos que hacer mucha política de comunicación para llegar a todo el mundo y que se viera que, sin ir más lejos, se gastaba más de lo que ingresaba. Era la costumbre y el tiempo nos ha dado la razón pero como estábamos en la oposición no nos daban mucho crédito. Y no nos lo ponían fácil, porque Pacheco era muy cauteloso, por decirlo de manera suave, a la hora de darnos información a la oposición.

-En paralelo, estaban los pactos que el PSOE firmaba en Sevilla con los andalucistas, e incluso ustedes llegaron a acuerdos de legislatura con Pacheco.

-En política existen los vasos comunicantes. Si hubiésemos practicado una política agresiva de no gobernabilidad habríamos logrado dos cosas: que los ciudadanos nos viesen incapaces de gobernar y que muchos proyectos se quedaran por el camino.

-Hasta que en 2003, decidieron, por primera vez, ir a por todas. Y ya ni pactos, ni nada, aunque también es cierto que Pacheco ya había dejado de ser útil a su partido en Sevilla.

-Con la segunda ruptura interna, los andalucistas perdieron muchísimo poder, y a la vez Pacheco ya llevaba más de 20 años en el poder, lo que le desgastó mucho. No obstante, él fue quien rompió el acuerdo de legislatura, antes de pactar con IU. En la medida que nosotros ocupábamos más cuota de poder y ganábamos la calle él iba cayendo. Entonces él se dedicó a la confrontación permanentemente, incluso con insultos a Chaves. Aquello le vino peor para su suerte. Él pensaba que con el populismo estaba todo ello, pero fue al contrario.

-Ustedes ganaron las elecciones de 2003, pero tuvieron que esperar hasta 2005 para gobernar. ¿Qué objetivos se marcó?

-Cuando empezamos, tuve la oportunidad de trabajar por un territorio rural que conozco a la perfección. Antes sólo se trabajaba en el plano administrativo, yo me esforcé en desarrollar políticas desde el punto de vista económico.

-¿Cuál es la foto que le trae mejores recuerdos?

-La que nos hicimos cuando estuve en el Congreso de los Diputados durante una excursión que realicé con gente de mi pueblo.

-Al frente de Desarrollo Rural, ¿se llevó alguna vez las manos a la cabeza al comprobar que las cebollas se venden a un euro el kilo y la uva a dos, cuando el agricultor, en realidad, sólo percibe el 30% del total?

-Los comerciales son los que ganan en este juego, por ahora. Las organizaciones agrarias tendrían que desarrollar estrategias comerciales y de distribución para colocarse en un eslabón superior de la cadena.

-¿Le ha dado tiempo a sentir la erótica del poder?

-Se habla más en estos términos, pienso yo, por la profesionalización de la política. Hay gente que cuando sale de la política no tiene nada que hacer, y que se siente atrapada por la política.

-Y son muchos los que se mantienen en política durante más de 25 años y no porque no tengan plaza asegurada en otro campo. Algo tiene que provocar ese rechazo a volver a las aulas, el hospital, la empresa privada...

-No sé, incluso a mí me cuesta trabajo... No le he puesto punto y final, de hecho, a la política. No he sido capaz de decir me voy. No sé si es bueno o malo. La verdad es que cuesta. Cuando tú ves que las cosas cambian con tus acciones, cuesta ponerle punto y final. Es distinto que haya gente que lo único que le gusta es el poder o sentirse por encima de los demás.

-¿Ha conocido a gente dispuesta a hacer lo que haga falta por permanecer en el poder?

-La suficiente, sí. Gente a la que le tienes que decir, '¿pero cómo has cambiado tanto chiquillo, si llevas dos meses nada más?' Yo nunca permanecí a todo precio, en estos términos. Creo que son muchas las contradicciones en las que entramos cuando estás en política, aunque luego están los verdaderos artistas de la política.

-¿Que son...?

-No sé, gente como Felipe González, Alfonso Guerra... Y Suárez.

-Usted se queda con los políticos de otra época.

-Sí, quizá porque entonces se percibía con más claridad la gente de izquierda y la de derecha. Ahora cuesta mucho porque se entrecruzan las líneas permanentemente.

-¿Diría que el PSOE andaluz ha sabido regenerarse todos estos años?

-No tiene problemas en este sentido, puesto que es tan grande su implantación que da oportunidades constantes a la 'cantera'. Alguien se puede preguntar cuándo le pondrán punto y final a su carrera algunos personajes conocidos, pero a veces hay que dejar que sean los electores los que digan 'basta ya'. De momento, Manolo Chaves no acusa desgaste alguno, no hay ningún síntoma que transmita que está agotado su proyecto.

-Nos situamos en 2002. Usted está a punto de presentarse a unas primarias con posibilidades de ser el candidato en 2002. Pero el partido le pide que dé un paso al lado en favor de Pilar Sánchez. ¿Siempre fue tan disciplinado?

-Siempre he intentado llegar a acuerdos en lo interno y lo externo. La posición oficial era una clara apuesta por Pilar como candidata y no tuve problemas en aceptarlo.

-¿Cómo se piden esas cosas?

-Primero me lo comunicaron varios compañeros, y al final fue el propio Chaves el que me dijo que cediera porque veía en Pilar Sánchez una buena candidata, como así ha sido. Ha ganado dos veces y la segunda por mayoría absoluta. Yo creía que también estaba legitimado para ser candidato, pero al final adopté la decisión ya conocida.

-Sí luchó hasta el final por ir en la última candidatura. ¿Imaginó que no contaría con usted?

-Mantuve mi posición hasta el final porque entiendo que el partido no se jugaba nada sustancial. Era una cuestión de preferencias, nada más. Se planteó que fuesen las pedanías las que tuvieran la última palabra y mantuve mi candidatura también porque así me lo pidieron algunos compañeros.

-¿Le dolió la batalla que se desencadenó por ese puesto?

-Hombre, vera, lo encajé con bastante deportividad. Después de cuatro legislaturas, en algún momento hay que parar. A veces buscar las causas no conduce a nada. Todo tiene su periodo y el mío por una razón u otra culminó, sin acritud a los que tuve en contra y con agradecimiento a los que estuvieron a favor.

-¿Pilar Sánchez llegó a hablar con usted, le explicó las razones entonces?

-No, porque era una decisión del territorio rural, y nunca llegamos a hablar del asunto.

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