La primavera, la fe y un sortilegio pasional tomaron el Villamarta

  • Gran pregón de Zarzana que consiguió encantar al teatro con unas formas serenas pero contundentes · El apartado que dedicó al aborto levantó al público de sus asientos regalándole una prolongada ovación

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Un pregonazo en toda regla. Transmitió mensajes claros y contundentes, rompió moldes, fue atrevido, miró hacia sus adentros, fue valiente, poeta, cofrade y sobre todo él mismo. José Antonio Zarzana pregonó la Semana Santa jerezana desde una visión particular e íntima, mostrándose sincero, sin traicionar sus principios y su forma de entender el mundo cofrade y la consecuencia que tiene en los días de la Pasión. Porque en definitiva, para el pregonero, la Semana Santa es el resultado de la 'Ciudad Encantada' que nos presentó en su proclamación de ayer ante un Villamarta lleno y expectante ente las palabras y los mensajes que lanzó el pregonero: "en tan sólo una semana un Sortilegio Primaveral convertirá a Jerez en la Ciudad Encantada". Arrancó con un canto a esa primavera que hace posible el 'encantamiento' de la ciudad que se alía con la fe, para ofrecer sus primeros versos a la Estrella, "que es Reina y Señora de esta orgía de colores, esta lujuria de olores que a todos nos enamora". La primavera, el aire, el hidalgo español, Lutero, las piedras, el aborto, el pueblo, la luna, el hábito nazareno, el fuego, desde lejos, telegrama al cielo, la lluvia, una sensibilidad especial, la rotunda sencillez, el cielo, Jerezanías, el tiempo, y Amargura, fueron los epígrafes en los que Zarzana estructuró un pregón adornado con más de una veintena de poemas. Fueron los argumentos desgranados con parsimonia, sin alteraciones y con mesura. Fue un hermoso canto a la Semana Santa, con necesarios guiños al pasado histórico para entender donde viene la tradición cofrade; con huecos para la ironía y el sarcasmo, inherente al ser de Zarzana; y sobre todo pleno de sinceridad sin importarle si algunas de sus reflexiones podían llegar a ser políticamente correctas. El pregón era su oportunidad de expresar en voz alta, su sagrada confesión ante todos. Su padre le presentó justo 30 años y cinco días después de que José Luis Zarzana proclamara aquella Semana Santa de 1981. Introdujo el acto en el contexto de la cercanía de la Semana Santa y su paralelismo estacional con los signos de la primavera y con las sensaciones cofrades que se acrecientan conforme se acercan las fechas pasionales. Presentó a su hijo advirtiendo que el día de hoy es algo muy grande para un padre. Recordó que con tres años ya practicaba la versificación. Relató su formación y su actividad profesional. "Cofrade a carta cabal" dijo Zarzana y terminó con unos versos de su pregón de hace 30 años dedicados a La Merced, oración con la que dio paso a su hijo invitándole "a regalarnos el oro derretido de tu sentir jerezano". Y es que esa jerezanía se esparció por toda su obra, de principio a fin , haciendo valer el amor incondicional que tiene por esta tierra. Tuvo presente a todas las hermandades, dedicando mayor extensión a aquellas para las que guarda nostalgias, devociones, vivencias. E incluso le dio pie a reflexionar sobre la ciudad, el aborto, la realidad cofrade, los ausentes e incluso episodios pasados que compartió con la audiencia. El Aire "conoce cada rincón de la Ciudad encantada". José Antonio usó elementos vitales para hacernos ver que forman parte del 'sortilegio' que toma a la ciudad, a la que hace rehén de lo cofrade. Un Aire "que han respirado romanos, fenicios, cartagineses, toneleros escoceses y arrumbadores gitanos". Comparó al cofrade con el Hidalgo Español al que tomó como paradigma de la "galantería que aún habita entre nosotros. Es el sumum del afán quijotesco que nos caracteriza". Homenajeó a Lutero y su protestantismo del XVI por provocar la reacción que derivó en las manifestaciones religiosas que hoy conocemos en Semana Santa: "con tu fe sosa alemana, si vinieses a Jerez, se te quitaban las ganas, de protestar otra vez". El pregonero reclamó el Pendón: "menos mal que San Dionisio no cabe en un cajón del Ayuntamiento….", momento en el que usó a la historia local para relacionarla con las viejas piedras de calzadas e iglesias: "somos testigos mudos de la historia, de Asta Regia a Jerez fuimos rodando, y no se sabe ya ni desde cuando, llevamos primavera en la memoria". El Pueblo, con mayúsculas. A él pertenece la Semana Santa "a la gente buena y sincera… no de los dirigentes, ni de los cofrades, ni del clero", ejemplificándolo el pregonero en el Cristo, que lo hace el Pueblo: "que al Cristo ha nombrado, Señor de su Señorío, y en su sabio desvarío, San Telmo el velo a rasgado. Bendito sea el pecado, de esta fe tan verdadera, que el viernes Santo lo espera, con un nudo al corazón". Zarzana puso a la Luna como testigo real que aún perdura de lo que sucedió en Jerusalén: "ni las potencias de plata, ni las canastillas doradas, ni los faldones barrocamente bordados, presenciaron su angustia como lo hizo la luna", exaltando seguidamente al hábito nazareno como excusa para reivindicar la pureza del cofrade: "en los últimos tiempos tanto los poderosos como quienes aspiran a serlo nos visitan ese día con el fin de adquirir nuestra voluntad. Los poderosos tienen muchas formas de doblegar y apaniguar a quienes no somos nada", advirtió. Recordó a Antonio Merino, amigo del pregonero, que murió con su túnica puesta. Otro elemento consustancial con lo cofrade y usado en este pregón fue el fuego: "es la llama que ilumina, la fe de cada oración, y el sentir del corazón, que tras Cristo camina". Un especial cariño puso José Antonio Zarzana a la hora de hablar de los que están fuera en Semana Santa, usando su experiencia personal para componer esta parte grandes nostalgias. "A esta hora está saliendo, mi Virgen de rosas blancas. Quién iba a decirme a mí, que mientras miro su estampa, en una estación de metro, iba a escaparse mi alma, para marcharse a Jerez, sin querer llevarse nada. Señor, como echo de menos, todo lo que aquí me falta". Envió a Pepe Antonio un telegrama al cielo recordando y recordándole que "hoy tendrías que brindarnos tu voz y tu persona". En el relato no podía faltar la lluvia que para el pregonero mereció recuerdos de cofradías en 'casa' y la verdad que se descubre en esos momentos. Zarzana habló de los que tienen una sensibilidad especial, "nunca tuvieron que salir de ningún mueble en nuestras cofradías porque siempre se manifestaron tal y como eran", versificando un testimonio que rindió homenaje a esos cofrades, en un diálogo del vestidor con el Prendimiento: "Cómo quieres que te prenda, si debiera ser yo el preso. Cómo apretar esa cuerda, si tú sabes que no puedo". Criticó la "obstrucción mental" del capillita al que da como bálsamo a Amor y Sacrificio: "Ella irá solita, sin hilos de oro, ni plata bruñida, porque es tan humilde, como aquella joven por Dios escogida". La vida profesional de pregonero tuvo su reflejo en lo que dijo ayer, sobre todo por la obligación de viajar muy asiduamente, lo que le llevó a dirigirle una oración a la Virgen de Loreto, por cierto 'parida' en una terminal aeroportuaria: "de la T-4 a tu puerta no hay más que un Ave María". El aborto mereció profundas reflexiones y peticiones: "señores políticos si de verdad comparten mis palabras, y no aplauden cínicamente cuanto aquí se dice, actúen en consecuencia y paren este crimen", mirando también a la Iglesia diciendo que al drama de los no nacidos "hay que sumar el de miles de madres que fueron invitadas a tomar una decisión de la que se arrepienten toda su vida. Personas que no vieron otra salida a una situación crítica y creen que quedaron excluidas de la Iglesia, cuando ésta fue creada por apóstoles que se escondieron y dejaron morir otro inocente cuando las cosas se complicaron…, soy de los que piensan que no hay que esperar al Domingo de Ramos para ver al Perdón ni al Jueves Santo para que salga la Redención. Esas hermandades salen todo los días del año", apostillando este episodio una sonora ovación con el público puesto en pie. Los judíos y la calle Cabezas fue otro instante que el pregonero rescató de su memoria para recordar en unos hermosos versos dedicados a la bodega de Lorente en la que compartió semana Santa y Martes Santo. El tiempo y la nostalgia de lo que quedó atrás empezaron a vislumbrar el final del pregón que antes tuvo una obligada parada en la Amargura. Pero José Antonio Zarzana no hizo un canto al uso de otros pregoneros amarguristas. Contó en verso un capítulo de su vida cofrade que le enfrentó a su padre en un momento tormentoso en el devenir de su hermandad. Dijo que quería ser "honesto y compartir un poco de lo que sé de mi Amargura". Fue un sentido, emocionado, leal y filial 'ajuste' con su pasado, así como una confesión cofrade y devocional nacida de sus adentros: "Cómo puedo, padre, ahora, que no puedo ser ola en su bahía… Cómo negar tus versos y poesías, si tú la hiciste ser Reina y Señora, de mis años de mis días, de mis horas. Si ambos éramos olas en su mar, cómo esperas que yo pueda olvidar, aquello que de niño me explicabas, ante el altar de insignias que esperaba, a que fuésemos juntos a rezar. Ahora es tarde, lo siento. Soy de Ella". Sin gritar, ni exaltarse -"no es ese mi carácter"- el pregonero dijo adiós al Villamarta poniendo en valor la vocación cofrade y el don de nacer en el lugar "más maravilloso del mundo". Abogó por la defensa de "nuestro modo de vida", invitando a dar testimonio de ser católicos, olvidando "complejos que nos amordazan y mostrémonos tal y como somos. No seremos fieles a la tradición de nuestra gloriosa sangre si no enarbolamos la bandera de la autenticidad. Nuestra causa es justa. Defendámosla. Que cada cual cumpla como el mejor de todos ¡Viva España! y ¡Viva Jerez!".

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