El profesorado debe adaptar su 'estrategia' en función de su alumnado

J. A. Portellanos ponía de manifiesto que entre un 30 y un 50 % de los casos de fracaso escolar se deben directa o indirectamente a factores afectivos o emocionales. Pueden ser problemas como la timidez, la depresión infantil, la ansiedad, la agresividad, los problemas de conducta o los trastornos de personalidad entre otros. Por mucho que insistamos en hacerles agradable el estudio, no vamos a conseguir que mejoren su rendimiento, ni siquiera con las mejores técnicas de estudio o estrategias de memorización. Los psicólogos dedicados a la educación tienen que tener la suficiente experiencia y formación en este tipo de trastornos para detectarlos y derivarlos hacia el tratamiento más adecuado. Existen cuestionarios que nos ayudan a valorar los estados afectivos y los principales rasgos de su personalidad o su nivel de adaptación familiar, podemos valorar su nivel de autoestima o la confianza en sí mismos, sus preferencias por mantener unas rutinas o por variar las actividades que realiza habitualmente, si es sensible o posee una estabilidad emocional muy alta. Alumnos más extrovertidos trabajarán mejor en grupo que alumnos que presenten una tendencia a la introversión, que manifestarán preferencias por los trabajos de tipo individual. El profesorado debe adaptar sus estrategias al grupo, logrando alumnos más eficaces, más satisfechos y con menos conductas problemáticas.

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