Tierradenadie

Una "real" vergüenza

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A ver cómo lo hago para poder expresar mi opinión con franqueza, sin buscarme un lío y sin dar opción razonable a que mi director, digamos, me "reconvenga".

La protagonista de mi artículo es doña Leticia -con "c"-, "reina", porque está casada con un rey -es decir: consorte, o sea: de rebote- de España. Esta buena señora; antipática donde las haya, estirada como pocas, en exceso "sobrada", un tanto repelente y, visto lo visto, muy desconsiderada y bastante maleducada; ha hecho gala de lo poco que merece el lugar que "okupa". Sus modos, muy alejados de las que debería observar cualquier persona con educación -no digamos la esposa de un Jefe de Estado-, han dejado al descubierto un carácter hosco, un abrumador egocentrismo, exceso de vanidad y, lo peor: desagradecimiento y falta de respeto a los mayores; un buen ejemplo para sus hijas...

No soy monárquico, respeto la Institución que tenemos porque el pueblo español así lo decidió mayoritariamente, pero creo que en los tiempos que vivimos no es de recibo que la Jefatura de un Estado libre, democrático e independiente la ostente "quien sea" por ser hijo del que fuera. La república -no implica "color" político en particular ni ideología concreta- es una institución mucho más acorde con la lógica democrática que debería imperar en el siglo XXI.

Hemos tenido, no obstante, la suerte de que fuese don Felipe el heredero, probablemente el mejor Jefe de Estado que ahora podríamos tener; pero piensen en que le hubiese tocado a doña Elena -"sin comentarios…", corramos un tupido velo-, o a su hermana, doña Cristina… de "Noos", palacete y Urdangarín, o que mañana le cupiese en suerte a Froilán… - corramos una maciza cortina- El "sistema" es, sencilla y obviamente, arriesgado, absurdo, impositivo y antidemocrático. Pero bueno, está don Felipe, y está bien.

Que el ahora Rey demostró entonces la sinceridad y fortaleza de sus sentimientos por la que hoy es su esposa, está fuera de toda duda: estuvo dispuesto a renunciar a la Corona por amor, ¡"chapeau"! Caso bien distinto es el de ella, de la que me caben todas las dudas posibles: respecto a la autenticidad e intensidad de sus sentimientos, a sus ocultas intenciones, a sus proyectos no confesados, a su coherencia con la decisión que libremente tomó y que cambiaría su vida, y también a su lealtad con el apabullante compromiso que aceptaba al unirse al que sería rey de España. En fin…

Tras la grotesca -por innecesaria- situación, y el "real" bochorno protagonizado días atrás en Palma de Mallorca por la "reina", muchísimos de sus estupefactos, desencantados, o cabreados "súbditos" nos preguntamos dónde tendrá escondida doña Leticia la "majestad" que se le supone -y a la que está obligada, dada la posición que ocupa, una mujer inteligente cómo ella es, o parecía ser…-. Lo incorrecto de su comportamiento supera la descortesía y se acerca, mucho, a la ruda tosquedad.

Faltar al respeto, en público, a la abuela de sus hijas -primero- y a la que fue reina ejemplar -después-, califica a quien la puso en evidencia. Doña Sofía ha tenido, y sabido, soportar todo tipo de desplantes, atrevimientos e insolencias a lo largo de su reinado, ahora lo ha vuelto a hacer, pero no merece en absoluto la humillación a la que su nuera la ha sometido. Y es que, aunque Doña Sofía no fuese la persona que es; la que es esposa de su hijo, madre de sus nietas y reina de España nunca hubiese debido hacer lo que hizo, cómo lo hizo, y dónde lo hizo: todo, ¡muy mal!

El problema -para nosotros- y la ventaja -para ella-, es que, si sigue metiendo la pata, no podremos pedir su dimisión. Para que ella se fuese, tendría que abdicar el Rey, cosa que no viene a cuento; mientras esto no suceda, ella seguirá, haga lo mal que, como está haciendo, lo haga.

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