“No soy rico, ni constructor... ¡Soy veterinario!”

Luis, por llamarle de alguna manera, describió el pasado lunes ante una audiencia atónita y sorprendida los horrorosos momentos de pánico y angustia que vivió esa noche a comienzos de febrero junto a su mujer y sus dos hijos cuando tres encapuchados entraron en su casa por la fuerza. Los peores veinte minutos de su vida. “Aparqué dentro, giré la llave y, de pronto, tres personas me empujaron con violencia al interior”. Narró su diálogo con los asaltantes: “¿Qué es lo que tienes?”, preguntaron. Fueron a la caja fuerte. Se llevaron joyas y unos 10.000 euros. Luego preguntaron por una segunda caja fuerte. Fue cuando les repitió: “¡No soy ni rico ni constructor... Soy un veterinario!” No se lo decía sólo a sus secuestradores, se los decía este lunes a todos porque “no hace falta que tengas apellido ilustre ni dinero... A cualquiera de nosotros les puede tocar”.

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