A palo seco

La soleá de Jerez (VI)

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 FRANCISCO Antonio Vargas Fernández, conocido artísticamente por Antonio “Frijones” nace en Jerez en mayo de 1.846 en la calle Alegría. Era hijo de Vicente Vargas Valencia y María Dolores Fernández Acosta. Según el genealogista especializado en flamenco más relevante en la actualidad, José Manuel Martín-Barbadillo, cuando nació este niño sus padres no estaban aún casados y fue reconocido por otro matrimonio de los que eran parientes. Se desposaron en 1.861 y fue entonces cuando reconocieron al primogénito. Por esta razón, Frijones fue registrado al nacer como Antonio Vargas Salguero, recuperando su verdadera identidad en 1.861. De acuerdo con el crítico flamenco Manuel Bohórquez, que fue el que descubrió el certificado de defunción,  Frijones murió en el Hospital de Santa Isabel de Jerez el día 8 de agosto de 1.917 y no en Sevilla como tantas veces se ha indicado.

De nuevo hay que rebuscar en Manuel Ríos Ruiz para bucear en las características que fundamentan el cante de Frijones y vaya claro y por derecho que, en nuestra opinión, este estilo de musicalidad –con sus cuatro ligeras variantes dentro de un tronco común -, es el que, en esencia, representa más genuinamente el cante por soleá jerezano. Este es el estilo, por otra parte, más grabado por los grandes artistas nacidos hasta 1.920 y también en los relativamente recientes. Dicho lo cual, haremos un gran paréntesis sobre la soleá de Merced La Serneta, ya que aunque ella era jerezana, su estilo, sorprendentemente,  se adjudica a Utrera. De lo cual discrepamos totalmente y en próximo artículo daremos las razones que nos asisten.

Decía Ríos Ruiz que “Frijones fue un cantaor largo, pero que brilló especialmente en el cante por soleá. Su secreto estuvo en que renovó el estilo aligerando los compases e injertando cierto ímpetu en las “salías” y los arranques de los tercios, es decir, en la forma de decirlo, sin que por ello cambiara la concepción estética que fijara en su momento Paco La Luz, pues esencialmente la siguió y la hizo perdurable”. La versatilidad y personalidad artística de Frijones ha enriquecido el cante gitano de Santiago, luego ampliado a los grandes cantaores de San Miguel,  con un sello inconfundible entre lo dramático y lo tierno, entre la gracia y el quejío estremecedor.

Decía Antonio Mairena: “Están equivocados los que opinan que Tomás Pavón engrandeció el cante de Frijones. Nada más lejos de la realidad; el rastro verídico de las formas frijoneras son esas soleares cortas, acompasadísimas, peleadas y profundas que continúan diciéndonos los cantaores jerezanos, cuya ligazón de tercios sólo ellos son capaces de modular con enjundia y fiel originalidad, porque su estilística recreadora del viejo cante de su gente está viva y sonando siempre que un cantaor jerezano canta en corto y por derecho”.

Lo suscribo de la cruz a la raya. Pocas veces se ha definido con mayor precisión y rigurosidad la musicalidad de un estilo que, finalmente, fija para la eternidad una forma de ejecución específica y singular, una forma de decir el cante que representa de manera inequívoca a una zona cantaora, la de Jerez.

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