Un trabajo para "ver sin ser vistos"

  • Diez personas componen el grupo de Estupefacientes de la Comisaría de Policía en la ciudad

"Hay que ver sin ser vistos". De esta manera define el inspector jefe del grupo de Estupefacientes de la Comisaría de Jerez, Javier Saco, la forma de trabajar de él mismo y la gente que tiene a su mando. Un total de diez personas son las que integran este grupo que se ha incautado en lo que va de año de veintitrés kilos de cocaína, así como veinticinco de hachís. Están a la cabeza de las ciudades de interior de la provincia en lo que a operaciones se refiere, con catorce 'grandes' en lo que va de año, ya que no se puede comparar con ciudades costeras como Algeciras. Son los que toman el pulso a la droga a diario y en las zonas 'calientes' de la ciudad a ese respecto: San Benito, Picadueña, el Mopu, Cerrofruto, aunque también se actúa en otras barriadas de creciente creación como La Marquesa, sin descuidar la zona rural.

Su trabajo tiene una doble vertiente ya que se centran bien en el tráfico minorista o a pequeña escala o el medio gran tráfico donde cada vez se ven más enlaces con personas de nacionalidad colombiana, cuna mundial de la 'coca'.

No hay horarios ni fines de semana. Su misión es la de convertirse en la sombra del traficante o del 'camello' e ir observando sus movimientos para luego actuar. "Trabajamos veinticuatro horas y cada día es distinto. Días de diligencias, de registros y sin dormir, pero queda la satisfacción del trabajo bien hecho", apunta el inspector jefe.

En esas vigilancias se agarran a lo objetivo para ir más allá, ya que sin droga no hay delito, o al menos es más difícil demostrar esa actividad ilícita. De ahí la importancia de los registros en los domicilios de quienes se dedican a la venta de droga que, como dice la Policía, cada vez cuentan con más infraestructuras y toman más medidas de seguridad para no ser detectados en el tráfico. La intuición no se puede quedar atrás, pero siempre debe haber algo más. La paciencia es otra de sus compañeras de vigilancias y seguimientos.

En el grupo de Estupefacientes se combina la veteranía y la juventud. Cada día se aprende algo nuevo, dicen. También han vivido algunos gajes del oficio como puñetazos, patadas, e incluso ser recibidos con armas blancas o perros peligrosos. De momento, como apuntan, todavía no les han preparado un 'comité de bienvenida' a tiros.

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