El valor de la microeconomíaAlguien pagaráEl señor de Almería

Anda el personal cada vez más inquieto con las cuestiones económicas, y más que lo estará hasta que termine de votar. El bombardeo de cifras grises es constante y los frentes borrascosos, menos para los embalses, se suceden uno tras otro. El lector medio, que no tiene por qué consultar habitualmente el Ibex 35, el Dow Jones y mucho menos el Nasdaq, tiene una percepción confusa al ver, por ejemplo, los datos del desempleo junto con los ejercicios del sector bancario, que rondan el 20% de beneficios. Pero la prueba del nueve está en el día a día, ese ejercicio de esgrima que los consumidores entablan cada jornada con el pizarrín del precio clavado en las judías verdes, lo marcado en el cartón de leche o la bandeja de filetes. Los gobiernos no pueden imponer el precio de los tomates, pero sí tienen la capacidad de impulsar medidas como el doble etiquetado de los productos, donde el consumidor pueda comprobar el trayecto del precio desde su origen hasta que llega a sus manos. En esa intermediación no es que algunos se pongan las botas, es que se han comprado un traje de neopreno. Consumidores y productores lo agradecerán.

Pilar Sánchez ha dicho que ha salido triunfante en la solución de la crisis de los 17 despedidos de la GMU, tras haberse tenido que tragar un encierro como una catedral, varias sentencias condenatorias y la readmisión de los que puso en la calle. No sé si la población de Alcoy, con su célebre equipo, tiene alcaldesa, pero deberían cambiar impresiones. Todo esto coloca al Ayuntamiento en una situación surrealista, puesto que no puede aplicar su plan de saneamiento aligerando su abultado personal y por otra parte, la CGT, sindicato mayoritario en el Consistorio, que creció con el riego por goteo del 'antiguo régimen' en la Alcaldía y con prácticas ya conocidas, tiene el morro de reconocer ahora que en el Ayuntamiento hay entre 700 y 800 contratos en fraude de ley. Para colmo, el 'super martes' de Pilar Sánchez, iba acompañado de unas cifras del paro desastrosas, problemas serios en dos empresas constructoras y, por supuesto, la cercanía de las elecciones. Solución: si no se ahorra con el personal municipal, se recauda con el IBI.

Un señor de Almería le ha estado tomando el pelo al personal y, particularmente, faltándole el respeto a la afición del Xerez. Juan Morales, con aspecto de vender espárragos trigueros pero que dicen que tiene 'la de Ubrique' con doble costura, se ha tirado unas semanas poniéndose tibio en un gran bufé de medios de comunicación como supuesto salvador del balompié local. No sé no cómo escuchamos a semejantes personajes. La foto del aterrizaje fue reveladora: ¿Qué hacía este tío de Almería junto al concejal de las 'mareas negras' y unos promotores afines a la alcaldesa, al atardecer, en un chozo cerca de Trebujena? Por lo visto, las expectativas de colocar algún que otro ladrillo en la ciudad y trincar el último año de la subvención municipal de dos millones de euros -cuestión que ya tiene delito- no han sido suficiente estímulo para este supuesto mecenas del fútbol jerezano. El equipo tiene una deuda de unos 18 millones de euros, pero es inexplicable que un club con más de seis mil socios y una afluencia al campo superior a las siete mil personas se deje mangonear así.

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