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flamenco

Fragilidad y fiereza

  • Antonio Agujetas mantiene viva la llama cantaora de su familia con un sexto disco de estudio imprescindible

ésta es una obra sobrecogedora. La familia Agujetas, ya lo saben, representa el jondo más crudo, más radical, de las últimas décadas. Antonio Agujetas (Jerez de la Frontera, 1966) es un hombre joven pero devorado por el tiempo y la enfermedad. Por eso canta al límite, con las facultades muy mermadas pero con el máximo de expresión. Es una obra sombría, feroz, sin concesiones. Por momentos, insoportable por lo intensa. Carne cruda. Se abre con un martinete terminante y podríamos decir que terminal. Porque después de este cante nada puede suceder sino el silencio. Si acaso, la seguiriya, de la que este disco nos ofrece dos rotundos ejemplos. La primera de ellas, Doce galanes, es un cante moroso que parece que se va a evaporar de un momento a otro. En la soleá por bulería se acuerda del Chozas y fandangos, romeras, tientos y bulerías completan Por nuestro bien. Es una obra para las horas más oscuras, paño para nuestras lágrimas más gruesas. Desconsoladora y brutal. Viscosa. Agónica. Rabiosa, cercana a la dentellada o a la regurgitación por momentos.

Agujetas nos muestra sus cicatrices no sólo en las fotografías que ilustran la obra. Más sobrecogedoras son las que denuncia su voz. Antonio Agujetas nos asoma a lo otro, está en contacto continuo con algo misterioso que nos atrae y nos repele por igual. El arte de Antonio Agujetas nos da la vida porque con él morimos un poco. Éste es el sexto disco de Antonio Agujetas tras Niño de Agujetas (Zafiro, 1982, con la guitarra de David Serva), Antonio Agujetas (Jaleo, 1991, con Moraíto), Dos gritos de libertad (Big Bang, 1997, con José Serrano) y Como lo siento (Peña Los Cernícalos, 2001) y Jesucristo según Agujetas (Diputación de Cádiz, 2003), ambos producidos e interpretados por el guitarrista Alberto San Miguel. En esta nueva entrega la guitarra la pone Antonio Malena hijo, un toque sobrio y muy pulcro. Excelente noticia por tanto la de la vuelta al ruedo discográfico, después de 14 años, de Antonio Agujetas. Una obra imprescindible con un sonido excelente, muy fresco, registrada en directo en el estudio. El mejor y más maduro de los registros de este intérprete.

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