carmen linares. cantaora

"Hablara de amor o de política, a Miguel Hernández lo movía siempre la pasión"

  • La jiennense publica 'Verso a verso', emocionante aproximación al poeta alicantino en la que colaboran Arcángel y Silvia Pérez Cruz. "La poesía", dice, "es una gran verdad de la vida".

Carmen Linares asegura probar "un registro diferente" en su último disco, un nuevo acercamiento de la cantaora al patrimonio de la poesía. Carmen Linares asegura probar "un registro diferente" en su último disco, un nuevo acercamiento de la cantaora al patrimonio de la poesía.

Carmen Linares asegura probar "un registro diferente" en su último disco, un nuevo acercamiento de la cantaora al patrimonio de la poesía. / josé ángel garcía

"Era confiado y no guardaba daño. Creía en los hombres", dijo su amigo Vicente Aleixandre de Miguel Hernández. Escuchar a Carmen Linares interpretar, con su voz sabia y delicada, al poeta de Orihuela reconcilia al oyente con el mundo, transmite la misma esperanza que encerraban los versos y el carácter del autor. Ese pequeño milagro se llama Carmen Linares. Verso a verso (editado por el sello Salobre), y en él la cantaora que ha invocado a Juan Ramón Jiménez, a Jorge Luis Borges o a José Ángel Valente, entre otros, entona las líneas memorables de Para la libertad o Llegó con tres heridas.

-Ya cantó a Miguel Hernández en el espectáculo Oasis abierto y regresa ahora a él con este disco. En todos estos años de investigación de su figura, ¿qué ha descubierto?

-He entendido mejor sus poemas y he descubierto que era, ante todo, un hombre con mucha pasión. Da igual el tema que aborde, si se trata de su compromiso político o del amor -el amor en todas sus variantes, ya sea a una mujer o a un hijo-, porque todos sus poemas están impregnados de esa pasión. Es un autor que tiene mucha verdad. Tal vez porque en sus textos hay un hombre que ha vivido las cosas en primera persona, y por eso las cuenta de una manera irrepetible.

-Parte de la emoción que provoca su obra se debe a que, pese al dramatismo de sus circunstancias, Miguel Hernández intentaba aferrarse a la vida. Eso se aprecia en poemas como Todas las casas son ojos, donde en un universo hostil irrumpen verbos como besar o fecundar...

-Es un hombre muy vitalista, sí. Podría parecer un poeta triste, pero si te metes en sus versos comprendes que posee una luminosidad increíble, una gran alegría en sus textos.

-Muñoz Molina asegura que usted crea con este disco "una categoría inédita: cantaora de jazz".

-Es cierto que las músicas que han compuesto Luis Pastor y Pablo Suárez requerían otro tratamiento, otra forma de cantar, de expresarme. Aquí he probado un registro diferente, y es donde Antonio ha visto similitudes con el jazz y mi forma de cantar. Con el jazz ocurre como con el flamenco: que tiene unos códigos muy precisos, pero si los controlas puedes ser muy libre.

-El disco es, entre otras muchas cosas, un homenaje a Enrique Morente. Emociona que haya reclutado a Arcángel para Compañero, esa versión de la Elegía a Ramón Sijé.

-Arcángel ha sido nuestro niño mimado, el de Enrique y el mío. Lo descubrimos cuando era muy jovencito, pero ya intuimos que le esperaba un gran futuro, que tenía unas condiciones especiales, por la voz con la que cantaba, por el sentimiento que le ponía, por la afición. Es muy bonito que Arcángel y yo estemos recordando a Enrique con la Elegía a Ramón Sijé, que grabó él junto a Pepe Habichuela. Hizo algo asombroso, con mucha sobriedad, pero transmitiendo al mismo tiempo toda la musicalidad que tenía el poema. Ese acercamiento a Miguel Hernández de Enrique, para nosotros, fue como una ventana que se abría. Ninguno de los flamencos nos habíamos atrevido hasta entonces con la poesía.

-Usted parece estar muy pendiente de lo que se hace, interesada en los que vienen detrás, como demuestra que haya elegido a Silvia Pérez Cruz para otro fragmento.

-A mí conectar con los jóvenes me da la vida, siempre he pensado que nos tenemos que alimentar unos de otros. A Silvia la había escuchado cantar, había ido a verla y me transmitía muchísimo. Me parece que tiene una actitud ante el arte muy coherente, muy auténtica. Me apetecía que estuviese en esta Casida del sediento, en la que hay dos formas de entender el amor, una ya más madura que encarnaría yo y otra joven con esa calidez que tiene ella. Creo que esas dos voces se han entendido muy bien. En el estudio, Silvia se desbordó e hizo algo maravilloso. Sólo grabamos el tema tres veces, y por si acaso. Nunca habíamos actuado juntas, pero hay más días que piedras [ríe].

-El legado de Miguel Hernández ha acabado en Jaén, en Quesada. En cierto modo, era casi una obligación que usted cantara su repertorio.

-¡Es que le debemos mucho los de Jaén! Porque con ese pedazo de poema [Aceituneros, incluido en el libro Viento del pueblo, que contiene los famosos versos de Andaluces de Jaén] se ha universalizado nuestra tierra. Y es bonito que su legado haya acabado en Quesada. Tenemos que seguir trabajando por el legado del poeta, todo lo que hagamos es poco.

-Acaba de debutar como actriz de teatro con Séneca, de Antonio Gala. ¿Cómo ha sido la experiencia?

-Me han hecho un regalo maravilloso, aunque en realidad yo creía que iba a tener menos diálogo y me han engañado [ríe]. Este personaje de Helvia, la madre de Séneca, no estaba en el texto de Antonio Gala, lo ha incluido Emilio Hernández. A través de unas cartas que Séneca le escribió a su madre ha entresacado a esta mujer que tuvo mucha influencia en su hijo, con una ética muy marcada, una gran cultura. Mis intervenciones son breves, pero hay dos momentos muy emotivos: al principio, cuando él recuerda su Córdoba natal y su madre le cantaba, y otro en el que la madre ve el peligro inminente del suicidio de su hijo y le reprocha cosas. Estamos hasta el 14 de mayo en Madrid [en el Teatro Valle-Inclán] y en verano iremos al Festival de Mérida.

-Tras Miguel Hernández, ¿en qué poeta piensa detenerse ahora?

-Me quedan grandísimos poetas y desde luego que no podré abordarlos todos. Pero los que voy tratando en mi carrera los disfruto muchísimo. La poesía es necesaria. Para mí, es como una gran verdad de la vida.

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